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El Heredero Del Imperio Eterno

El Heredero Del Imperio Eterno

Status: En proceso
Genre:Héroes / CEO / Fantasía épica
Popularitas:275
Nilai: 5
nombre de autor: Manuel Saucedo

Durante ocho años, Shen Yuchen vivió bajo un nombre que no era el suyo.

Sin familia, sin poder, sin pasado y con una sola orden: no regresar hasta que terminara el plazo.

Pero la noche en que los ocho años llegan a su fin, alguien escribe su verdadero nombre en una calle olvidada de Lóngchéng.

Desde ese momento, todo comienza a derrumbarse.

Un falso heredero ocupa su lugar.

Un hombre con su mismo rostro asegura ser el verdadero Adrián Valerius.

Antiguas familias empiezan a perseguirlo.

Sus recuerdos esconden secretos que alguien borró deliberadamente.

Y dentro de su cuerpo despierta una fuerza relacionada con las misteriosas Nueve Puertas, un poder que incluso las familias más antiguas temen.

Mientras descubre la verdad sobre su origen, Shen Yuchen deberá construir su propio poder, enfrentarse a clanes, cultivadores, imperios empresariales y enemigos ocultos durante siglos.

Pero existe un problema todavía mayor:

Su identidad no fue simplemente robada.

Fue dividida.

NovelToon tiene autorización de Manuel Saucedo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Segundo Niño

Adrián no apartó la mirada de la fotografía.

Dos niños.

Misma edad.

Mismo rostro.

No parecido.

Idéntico.

Uno estaba de pie.

El otro sentado.

Vestían diferente.

El de la izquierda llevaba ropa tradicional oscura.

El de la derecha una camisa blanca.

Adrián señaló.

—¿Cuál soy yo?

Luo Ming respondió:

—Eso es lo que nunca pude demostrar.

La frase golpeó más que cualquier otra.

—No puede ser.

—La fotografía apareció en los archivos del incendio.

—¿Fecha?

—Tres meses antes.

—¿Lugar?

—Residencia Valerius.

Adrián levantó la cabeza.

—Entonces yo estuve allí.

—Uno de ustedes.

—¿Gemelos?

—No hay registro de gemelos.

—¿Clon?

Luo soltó una risa seca.

—No conviertas esto en ciencia ficción.

—Entonces explique dos niños idénticos.

—No puedo.

Adrián miró los detalles.

Detrás había una mujer.

Lin Yue.

Su madre.

O la mujer que él creía su madre.

Puso una mano sobre el hombro de uno de los niños.

—Ella está conmigo.

—¿Estás seguro?

Adrián estudió.

El niño parecía más serio.

¿Era él?

No lo recordaba.

—No.

Luo asintió.

—Ese es el problema.

Adrián sintió rabia.

—¿Quién tomó la foto?

—Han Qiren.

Silencio.

El hombre muerto otra vez.

—¿Cómo lo sabe?

—Firma del negativo.

—¿Por qué estaba investigando?

—Han no era médico solamente.

—Custodio del Umbral.

Luo lo miró.

—Ya sabes ese nombre.

—Sí.

—Entonces vas más rápido de lo que esperaba.

Adrián tomó la foto.

—Necesito esto.

—No.

—Es mi vida.

—Es evidencia.

—De un caso cerrado hace dieciocho años.

—Precisamente.

Luo hizo una copia.

—Llévate esta.

Adrián la guardó.

—¿Cómo encuentro al otro?

—Si robó la caja, él te encontrará.

—No quiero esperar.

—Eso te matará.

—Todos dicen eso.

—Quizá deberías empezar a escuchar.

En la capital, Shen Zhaoling caminaba por un salón lleno de periodistas.

Lo llamaban Shen Yuchen.

El nombre salía de cada pantalla.

Herencia.

Negocios.

Nueva generación.

Grupo Shen.

No sonreía demasiado.

Había entrenado durante años para ese día.

Su padre le había enseñado una regla:

Una sonrisa excesiva revela necesidad.

Zhaoling no necesitaba aprobación.

Necesitaba reconocimiento.

Detrás de cámaras, un anciano lo esperaba.

Shen Guangdao.

Miembro del consejo familiar.

—Buen trabajo.

—Gracias, abuelo.

No era su abuelo biológico.

Pero así debía llamarlo.

—La verificación fue solicitada.

Zhaoling se detuvo.

—¿Por quién?

—Casa Wei.

—Wei Kuan.

—Probablemente.

Zhaoling endureció la mandíbula.

—¿Por qué?

El anciano lo miró.

—Porque apareció otro candidato.

Silencio.

—¿Quién?

Shen Guangdao tardó.

—Un hombre que utiliza el nombre Adrián Valerius.

Zhaoling no reaccionó.

Pero su mano se cerró.

—Ese nombre no significa nada.

—Bien.

—¿Por qué dice bien?

—Porque si hubiera significado algo, tendría que preguntarme quién te lo contó.

Zhaoling bajó la mirada.

—¿Es Shen?

—Aún no sabemos.

—Mátenlo.

Guangdao lo abofeteó.

Una sola vez.

Fuerte.

—Nunca vuelvas a decir algo tan estúpido.

Zhaoling respiró.

—Lo siento.

—Si el hombre tiene sangre legítima y lo matamos antes de la verificación, la Casa Shen perderá derecho de sucesión durante una generación.

—Entonces compruébenlo.

—Lo haremos.

El anciano se acercó.

—Y si es quien algunos creen...

—¿Quién?

Guangdao susurró:

—El hijo de Shen Jianhong.

Zhaoling palideció.

—Está muerto.

—Eso creíamos.

—Mi padre dijo...

Se detuvo.

El anciano lo notó.

—¿Qué dijo Tianyu?

Zhaoling respondió demasiado rápido.

—Nada.

Guangdao lo observó.

No insistió.

Eso fue peor.

—La verificación será en siete días.

—¿Dónde?

—Lóngchéng.

—¿Por qué allí?

—Porque las Puertas respondieron.

Zhaoling sintió miedo.

—¿Cuál?

—No sabemos.

—¿Él abrió una?

—No.

El anciano miró por la ventana.

—Pero una lo reconoció.

Adrián salió de la comisaría.

Jian Mo lo esperaba.

—Tardaste.

—Luo tenía una fotografía.

—¿De qué?

Adrián se la mostró.

Jian Mo quedó pálido.

—¿La conocías?

—No.

—Mientes.

—No.

Adrián acercó la foto.

—¿Cuál soy yo?

Jian Mo miró ambos niños.

—No sé.

—Todos saben fragmentos. Nadie sabe nada completo.

—Porque alguien trabajó muy bien.

—¿Quién?

Jian Mo miró alrededor.

—No aquí.

Caminaron.

Adrián habló:

—La mujer que recuerdo como mi madre era Lin Yue.

Jian Mo se detuvo.

—¿Estás seguro?

—Luo tiene fotos.

—Eso...

Por primera vez, Jian Mo parecía genuinamente desorientado.

—¿Qué?

—Tu madre se llamaba Shen Lihua.

Adrián quedó inmóvil.

—No.

—Sí.

—Yo recuerdo a Lin Yue.

—Entonces tus recuerdos fueron alterados.

Adrián sintió náusea.

—¿Por quién?

—Han Qiren tenía esa capacidad.

—¿Alterar memoria?

—Bloquear. Redirigir. No fabricar vidas enteras.

—¿Quién era Shen Lihua?

—Tu madre.

—¿Murió?

Jian Mo no respondió.

—¿Murió?

—Sí.

—¿Cuándo?

—Cuando tenías cinco.

Adrián sintió que su realidad se quebraba.

—Yo recuerdo a mi madre hasta los dieciocho.

—No era ella.

—¿Lin Yue?

—Probablemente.

Adrián se apoyó contra una pared.

No lloró.

No podía.

Todo aquello todavía era demasiado abstracto.

Su infancia podía ser una construcción.

Su madre.

Su identidad.

Su nombre.

—Necesito encontrarla.

—Lin Yue desapareció.

—No significa muerta.

—No.

—¿Y el otro niño?

—No sé.

Adrián mostró la foto.

—Entonces vamos a averiguarlo.

El resto del día lo utilizaron para buscar una dirección.

El registro del incendio indicaba una antigua clínica.

Clínica Lin.

Cerrada.

En las afueras.

Llegaron al atardecer.

Edificio abandonado.

Jian Mo abrió la puerta.

Polvo.

Habitaciones.

Camillas.

Adrián caminó.

Algo allí le resultaba familiar.

No como recuerdo visual.

Como sensación.

Subió al segundo piso.

Una puerta.

Habitación 9.

La abrió.

Vacía.

Excepto una pared cubierta de marcas.

Alturas de niños.

Fechas.

Adrián acercó la linterna.

Dos columnas.

Y.

A.

Yuchen.

Adrián.

Dos niños medidos durante años.

Mismas alturas.

Mismo peso.

Adrián sintió frío.

—Jian.

Él entró.

Vio.

—Dios.

Adrián encontró una última fecha.

Hace dieciocho años.

Un comentario.

Compatibilidad 99.82%.

Debajo:

Transferencia viable.

—¿Transferencia de qué? —preguntó.

Jian Mo no respondió.

Adrián encontró un cajón.

Dentro, cintas antiguas.

Etiquetas.

Proyecto Doble Umbral.

Tomó una.

—Necesitamos reproducir esto.

Una voz apareció desde la puerta.

—No deberían.

Adrián giró.

Gu Meilin.

Paraguas blanco.

Cabello oscuro.

Rostro sereno.

La había visto de lejos.

Ahora estaba frente a él.

No parecía sorprendida.

—¿Tú eres Gu Meilin?

La mujer observó a Jian Mo.

—Sigues vivo.

Jian sonrió.

—También tú.

Adrián levantó la cinta.

—¿Qué es Doble Umbral?

Meilin lo miró.

—La razón por la que existen dos hombres con tu cara.

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