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Las Concubinas De Su Majestad

Las Concubinas De Su Majestad

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Época
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Dos príncipes gemelos unidos por el trono, pero separados por sus propias sombras. Entre secretos de palacio, guerras inminentes y mujeres invencibles que se niegan a ser dominadas, el amor se convertirá en su mayor fortaleza... o en su ruina. Una historia de lealtad, pasión y un destino escrito con sangre que ni el tiempo podrá borrar. Traiciones de corte, pasiones prohibidas y un imperio que renace del caos. Sigue la historia de dos hermanos y las mujeres que conquistaron sus corazones, sin imaginar que la profecía que los unió dejaría una huella imborrable que trascenderá a través de los siglos.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: El primer ataque enemigo.

El Salón de las Camelias permaneció en un silencio tenso durante el resto de la velada. Ninguna de las nobles se atrevió a pronunciar una sola palabra más; la lección había sido aprendida y el pánico a que Lyra revelara un nuevo secreto o que Daría cobrase una deuda pendiente ahogó cualquier intento de provocación.

Sin embargo, en el Gran Salón Principal, la verdadera batalla estaba lejos de terminar.

Las pesadas puertas de roble se abrieron y las cuatro mujeres regresaron a la recepción, ocupando sus lugares de honor junto al trono. El rey las observó de reojo. Con un leve asentimiento imperceptible para la corte, les confirmó que sus informantes ya le habían reportado cómo habían destrozado la soberbia de las damas en el salón de té.

Fue en ese preciso instante cuando el Primer Ministro, acompañado por el Ministro de Guerra y dos miembros ancianos del Consejo Real, se acercó al estrado sosteniendo una bandeja de plata con dos copas de cristal labrado.

—Majestad —dijo el Primer Ministro, realizando una inclinación teatralmente profunda que no lograba ocultar la falsa humildad en su mirada—. La coronación de un nuevo soberano exige un brindis de lealtad absoluta entre la corona y el Consejo. Permitidnos ofreceros el vino sagrado de las provincias del Sur.

La temperatura en el lugar pareció descender varios grados.

El rey fijó sus ojos oscuros en la copa que le ofrecían. Como el hombre que había crecido en las mazmorras y forjado su resistencia entre venenos y cadenas, no necesitó más que un ligero aroma en el aire para reconocer lo que había en aquel líquido: la misma sustancia dulzona que los ministros habían usado durante años para nublar el juicio de su padre hasta dejarlo adicto e impotente.

Querían convertirlo en su marioneta desde la primera noche.

A pocos pasos, Lyra apretó la tela de su vestido al notar el sutil cambio en la postura del ministro. Alessia tensó la mandíbula, lista para intervenir si el monarca daba la señal. Pero el rey no mostró debilidad alguna.

Con una serenidad aterradora, extendió la mano y tomó la copa.

—Un brindis por la lealtad, ministro —repuso el rey con una voz profunda que hizo eco en el salón—. Sin embargo, un verdadero soberano no bebe solo mientras sus ministros permanecen con las manos vacías.

Antes de que el Primer Ministro pudiera reaccionar, el rey intercambió con una agilidad milimétrica las dos copas de la bandeja de plata y le tendió la que originalmente estaba destinada al trono.

—Beba conmigo, ministro. Demuéstrenos a todos en este salón la pureza de esa lealtad de la que tanto alardea.

El rostro del Primer Ministro perdió todo el color. La copa tembló entre sus dedos viejos, y el vino estuvo a punto de derramarse sobre la túnica bordada. Sabía perfectamente lo que contenía ese recipiente.

Rehúsar beber frente a toda la nobleza equivalía a confesar una traición inmediata; beberlo significaba caer en su propia trampa.

—Majestad... yo... no me atrevería a compartir la misma cosecha que vuestra excelencia —balbuceó el ministro, buscando desesperadamente el auxilio visual del Ministro de Guerra.

—Insisto —sentenció el rey, dando un paso abajo del estrado e imponiendo su figura sobre el anciano—. A menos que haya algo en esta copa que el Primer Ministro prefiera no probar.

La tensión en el Gran Salón se podía cortar con la hoja de una daga. Los nobles contenían el aliento, comprendiendo que el nuevo rey no era el príncipe sumiso que esperaban, sino un cazador implacable.

Amira dio un paso al frente, interviniendo con una elegancia afilada para rematar la jugada:

—El ministro parece indispuesto, majestad —dijo la Reina Consorte, mirando al anciano con frialdad—. Quizá la culpa le pesa más que los años. Si no puede beber por la salud del rey, tal vez la guardia de la corte deba examinar el contenido de esa copa para asegurarnos de que ningún mal augurio manche esta noche de coronación.

Acorralado por el rey y la reina, el Primer Ministro no tuvo más opción que dejar caer la copa "accidentalmente" contra el suelo de piedra. El cristal se hizo pedazos y el vino purpúreo se derramó, dejando un rastro denso y sospechoso al contacto con el mármol.

—Mil disculpas, majestad... mi torpeza me supera —dijo el ministro con la voz temblorosa y el sudor frío cubriéndole la frente.

El rey sonrió; una sonrisa sin calidez alguna que heló la sangre de todos los presentes.

—Una lástima —dijo el monarca, dando media vuelta para regresar al trono—. Recojan el estropicio. La fiesta ha terminado.

Con un gesto de su mano, el rey dio por concluido el banquete. Los nobles se apresuraron a abandonar el salón en silencio, sabiendo que el equilibrio de poder en el imperio había cambiado para siempre.

Horas más tarde, en el interior de los aposentos privados del rey —un recinto protegido por la guardia de élite y aislado de los espías del consejo—, las puertas se cerraron con un pesado cerrojo de hierro.

Allí, alejados de los ojos de la corte, la fachada de la nobleza cayó.

El rey se quitó la pesada capa bordada y la arrojó sobre un sillón, mientras Amira, Alessia, Lyra y Daría se acomodaban alrededor de la gran mesa de madera donde descansaba el mapa táctico del imperio.

—Trataron de envenenarte en la primera noche —dijo Alessia, apoyando los brazos sobre la mesa con la mirada encendida por la rabia—. El Ministro de Guerra casi ordena a sus hombres avanzar cuando la copa se rompió. Dame la orden y le cortaré la cabeza antes del amanecer.

—No tan rápido, Alessia —intervino Lyra con una sonrisa astuta, sirviéndose una copa de agua limpia—. Si lo matas ahora, nombrarán a otro peón en su lugar. Debemos arrancarle la red de suministros primero. El Primer Ministro quedó expuesto hoy; mañana la alta sociedad sabrá que el rey no es manipulable. La semilla de la paranoia ya está sembrada.

Daría sacó un pequeño pergamino oculto entre sus mangas y lo extendió sobre la mesa.

—Mientras ellos jugaban con vino envenenado, mis agentes confirmaron la compra de los almacenes del Sur. Mañana por la mañana, la Casa del Primer Ministro descubrirá que no tiene fondos para pagar la nómina del ejército privado que mantiene en la capital. Les corté los víveres sin disparar una sola flecha.

Amira miró al monarca, quien permanecía en silencio observándolas a las cuatro.

—El Consejo Real atacará de nuevo —declaró Amira con voz firme—. Intentarán usar a los clanes del Norte para desestabilizar las fronteras y culpar a mi familia muerta. Pero no se los permitiré. Estamos listas para el siguiente movimiento, majestad.

El rey caminó lentamente hacia la mesa, apoyando las manos sobre el mapa. Por un segundo, su mirada se cruzó con la de la mujer a la que protegía en silencio desde que era un esclavo herido en la penumbra, antes de volver a endurecer sus facciones.

—El Primer Ministro y el Consejo creen que este harén es su punto débil para destruirme —dijo el rey con voz baja y grave—. No saben que he puesto a las cuatro mentes más peligrosas del imperio en el corazón de su palacio. A partir de mañana, comenzaremos a desmantelar sus clanes uno por uno.

El rey las miró a todas, sosteniendo la determinación en sus ojos:

—Ellos querían un tirano. Les daremos la ruina.

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Betty Saavedra Alvarado
Amira está dispuesta a todo por proteger a su rey
Betty Saavedra Alvarado
Será Alessia y Alistar
Betty Saavedra Alvarado
,Amira despertó el rey la cuida no quiere que nada malo le pase
Betty Saavedra Alvarado
Eso es a demostrar que puedes cuidar un reino
Betty Saavedra Alvarado
Amira es toda una mujer valiente
Betty Saavedra Alvarado
Amira está sufriendo como el rey que se culpa de no protegerla de ahora en adelante bla cuidara
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Lectora con visión 🥰
Mira tú, prometiste cuidar de ella y no lo cumpliste... por cierto esos nombres bien raros 😅

lo siento, me quedo con el rey y el príncipe 😅😅
Kiary Valverde: estan lindos 😭
total 1 replies
Lectora con visión 🥰
Que triste 😭

yo creo que el rey ama a la reina, y que ella es su amada. por eso la reina sueña con ese enmascarado
Lectora con visión 🥰
ay noooo, la reina 😭😭😭😭
Lectora con visión 🥰
Le tengo miedo a la reina 🥺
Lectora con visión 🥰
Ahh el rey si se preocupa por su reina
Lectora con visión 🥰
Yo preocupada por la reina y ella toda una fiera 😂😅
Lectora con visión 🥰
Muy bueno, me gusta 🤩
Lectora con visión 🥰
son ideas mías, o el rey no ha demostrado interés en su reina, ya metieron a otra concubina y la reina que... 😭
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Princesa Sora pisaste el palito y caiste en la trampa
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Porque no puede enamorarse quien será la elegida
Betty Saavedra Alvarado
Este cuarteto está dando mucho que hablar
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