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El Castigo Del Heredero

El Castigo Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Venganza / Amor prohibido
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yinet Leonor

Ella lo obligó a casarse. Él hará que se arrepienta de haberlo conseguido.
Alexander Ríos tenía poder, fortuna y un solo amor: Andrés. Pero una conspiración lo llevó al altar con Ángela Casamayor, la mujer que más odiaba. Ella creyó haber conquistado al heredero. Sin embargo, Alexander tiene sus propias reglas para aquel matrimonio: convertir la vida de su esposa en una guerra donde el amor no tendrá cabida y la venganza será apenas el comienzo.
¿Qué sucede cuando la mujer que consiguió todo lo que quería descubre que su mayor victoria será también su peor castigo?

NovelToon tiene autorización de Yinet Leonor para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Fuera del tablero

Ángela estaba preocupada por su hermano. No era una preocupación que pudiera resolverse con dinero, contactos o una llamada telefónica a la persona adecuada. Tampoco era una de esas dificultades que desaparecían cuando ella decidía que habían dejado de ser convenientes. Era algo mucho más desagradable. Owen se estaba enamorando de su propia obsesión. Varias semanas atrás, ella había puesto fin al plan de seducción que debía conducir a Alexander a un escándalo sexual lo suficientemente devastador como para obligarlo a firmar el divorcio.

En teoría, la estrategia era sencilla: Owen se acercaría a Alexander bajo la identidad de Daniel, conseguiría su confianza, provocaría una situación comprometedora y reuniría pruebas que Ángela utilizaría para poner fin al matrimonio. Un plan cuestionable, sin duda, pero efectivo. O al menos debió serlo. En cambio,, asistió como una espectadora alarmada ante el rumbo que las cosas tomaban. Por eso lo detuvo. No hubo discusión que pudiera cambiar su decisión. Owen se enfadó, protestó e incluso la acusó de no confiar en él.

- Yo puedo hacer esto.

-No.

-Entonces ¿Puedo abandonar el planeta?

-Puedes abandonar mi casa si vuelves a discutir conmigo.

-¿Y si me quedo, pero abandono emocionalmente la conversación?

-Owen.

-Entendido jefa. Retiro mi solicitud de asilo interplanetario. -ella no río esa vez y nada de aquello alteró la decisión. El plan estaba cancelado.

Lo que no podía cancelar era su necesidad de divorciarse. Tenía el tiempo en contra. Por eso reunió durante toda una semana documentos, testimonios, registros financieros y correspondencia privada. Revisó cada cifra y comprobó cada firma hasta que la posibilidad de un error se redujo a algo insignificante. No iba a dejarle a Alexander un solo argumento con el que pudiera cuestionar sus conclusiones. Lo único que le molestaba era tener que explicarse. Sin embargo, aquella noche tendría que hacer una excepción.

Porque si todo salía como lo había planeado, antes del amanecer sería una mujer libre y francamente, empezaba a impacientarse.

La cena se preparó en el comedor privado de la residencia. Ordenó servir más platos de lo habitual, con candelabros y un discreto arreglo floral. No pretendía convertir la ocasión en una celebración romántica. Aquello habría sido ridículo.

Se trataba de una despedida. Alexander llegó dos horas después vestido como un millonario patrocinado exclusivamente por el color negro, preguntándose qué demonios tramaba su esposa ahora. Ella llevaba un tiempo comportándose de forma extrañamente silenciosa. No discutía, ni buscaba provocarlo y lo que resultaba todavía más sospechoso, parecía perfectamente capaz de vivir sin prestarle atención. Aquello era inquietante. La encontró sentada a la mesa, impecable, con una expresión serena que le inspiró muy poca confianza.

-Qué sorpresa. Empiezo a pensar que mi esposa quiere disfrutar de mi compañía.

-No te emociones. Las conclusiones precipitadas suelen producir decepciones innecesarias.

-Entonces, ¿debo interpretar esta invitación como una reunión de negocios?

-Si te ayuda a comer tranquilo, puedes interpretarla como una reunión diplomática entre dos países que se detestan.

-¿Y quién sería el país invasor?

-El que sigue hablando cuando nadie le ha preguntado nada. Siéntate. Te prometo que solo morderé la comida y ya deja de mirarme como si estuvieras resolviendo un enigma cósmico.

-Estoy siendo precavido. -detuvo a una empleada y le preguntó medio en broma, medio en serio.

-¿Es seguro comer esto? Digo. ¿No la vio poner veneno o algo parecido? -la mujer lo miró como si su cerebro hubiera dejado de entender cualquier idioma reconocible.

-Venga. Déjalo ya. -la pobre mujer salió casi corriendo de allí como si escapara de un incendio. -Ves. La has asustado 😱. Hoy estoy en modo conejo débil activado.

-Eso suena aterrador.

-¿En serio? Pues activo el modo conejo inocente máximo.

-Ahora se siente un nivel de peligro: catastrófico. -ella enarcó una ceja. Con gesto vago indicó la silla próxima.

-Lo que sea.

-¿Alguien te ha dicho que esa es la respuesta más molesta del mundo? -Ángela ni respondió. Miró al resto del personal. Casi se rió, pero no lo hizo. Los pobres estaban tratando de ser invisibles al final del salón como buenos personajes de relleno responsables.

-Deja de ser pesado. Primero comes y luego te desmoronas. -la conversación, contra todo pronóstico, transcurrió con una tranquilidad casi sospechosa. Durante tres minutos exactos. Fueron los tres minutos que necesitaron los empleados para servir la cena, comprobar que todo estuviera en orden y retirarse discretamente del comedor. Cuando la puerta se cerró, Alexander dejó los cubiertos sobre la mesa.

-Bien. ¿Qué quieres? Además de provocarme una indigestión. -Ángela continuó cortando su comida.

-¿Perdón?

-Vamos, Ángela. No me hagas perder el tiempo. Una invitación repentina, una cena privada y esa expresión tuya de mujer que acaba de enterrar a alguien en el jardín. ¿Qué estás tramando? -ella respiró despacio. Había previsto aquella reacción. De hecho, habría empezado a preocuparse si Alexander hubiera mostrado una confianza absoluta en sus intenciones.

-¿Siempre tienes que convertirlo todo en una provocación?

-Solo cuando mi esposa me invita a cenar sin amenazarme previamente con arruinarme la vida.

—No recuerdo haberte amenazado hoy. -él jadeó incrédulo como si ella le hubiera insultado a todos sus ancestros. Por eso añadió. -Todavía. -dejó los cubiertos suavemente. Podía responderle. Tenía a su disposición al menos seis comentarios capaces de hacerlo arrepentirse de haber abierto la boca. Sin embargo, aquella noche no podía permitirse el lujo de disfrutar de sus discusiones. Tenía un objetivo y estaba demasiado cerca de conseguirlo. -¿Siempre eres así de encantador o hoy has decidido hacer un esfuerzo especial?

-No me has invitado para hablar de mis encantos.

-No. Si ese fuera el caso, habría pedido que te sirvieran un espejo.

-Ahí está. Empezaba a preocuparme que las cataratas te hubieran convertido en una persona amable.

-Y yo empezaba a creer que la convivencia conmigo te había enseñado a distinguir una conversación civilizada de una provocación infantil.

-¿Ves? Ya estamos conversando.

Ángela respiró lentamente. Podía soportarlo. Había soportado desprecios públicos, humillaciones privadas y meses de convivencia con un hombre que la miraba como si su mera presencia fuera una ofensa personal. Podía tolerar cinco minutos más de sarcasmo. Sobre todo porque, si todo salía como lo había planeado, aquella sería la última vez que tendría que hacerlo.

-Toma.

-¿Qué es esto?

-Un regalo. -Alexander la miró con desconfianza.

-Si contiene una bomba, prefiero que me lo adviertas antes de abrirla.

-Deja de ser ridículo. Si quisiera matarte, Alexander, no necesitaría una carpeta.

-Cierto. Habría sido falta de imaginación de tu parte.

Aun así, la abrió. La primera página contenía un resumen financiero. La segunda, una serie de registros contables. Después aparecieron transferencias, informes de auditoría, correspondencia entre departamentos y documentos que llevaban firmas que reconoció inmediatamente. Alexander dejó de sonreír. Al principio, leyó con rapidez, como si esperara encontrar una explicación sencilla que le permitiera devolverle la carpeta a su esposa y continuar con aquella incómoda cena, pero las cifras no cambiaban por mucho que deseara que lo hicieran. La empresa Ríos había estado al borde de la bancarrota. No por una mala inversión aislada ni por una crisis pasajera.

Había sido un proceso deliberado, metódico y sostenido durante años por dos hombres que deberían haber protegido los intereses de su familia: el gerente comercial más antiguo de la compañía y el responsable de su departamento económico. Ambos habían actuado en complicidad.

Desviaron recursos, falsearon operaciones y manipularon informes hasta convertir una empresa viable en una estructura que apenas podía mantenerse en pie. Alexander pasó una página. Después otra. Su expresión cambió tantas veces que, de haber estado presente alguno de sus conocidos, habría pensado que acababa de presenciar una demostración extraordinaria de las emociones humanas. Incredulidad. Enojo. Perplejidad. Amargura y finalmente, algo parecido al horror.

-Esto no puede ser correcto. -murmuró. Ángela no respondió. Él regresó a una página anterior y comprobó una fecha. Después revisó una firma, comparándola con otra que aparecía en un informe posterior. Todo coincidía. -¿Cuándo ocurrió esto?

-Durante los años en que todavía estudiabas en la universidad.

Alexander sintió que algo se le cerraba en el pecho. Recordaba aquella época, las preocupaciones de su madre, las conversaciones interrumpidas cuando él entraba en una habitación, las visitas de abogados y los días en que su padre se encerraba en el despacho hasta altas horas de la madrugada. Sabía que había problemas. Por supuesto que lo sabía, pero era joven, estaba enamorado y creía que las dificultades económicas de su familia eran temporales. Había preferido concentrarse en sus estudios, en su posible relación y en la vida que imaginaba construir cuando terminara la universidad. Nunca había comprendido la magnitud de la catástrofe. Hasta aquella noche.

Una hoja doblada cayó sobre la mesa cuando pasó otra página. Alexander la recogió. La letra le resultó familiar antes incluso de leer el encabezamiento. Era una carta de su madre. Sus dedos se tensaron alrededor del papel. "-Señorita Casamayor, por favor. No sé a quién más acudir". No necesitó leer más para reconocer el tono desesperado, sin embargo, continuó. Su madre le había suplicado a Ángela que salvara la empresa. Le había hablado de las deudas, de las amenazas de los acreedores y de la posibilidad de perderlo todo. No le ofrecía una alianza comercial ni intentaba negociar desde una posición de fuerza. Le estaba pidiendo ayuda. A la mujer que, según Alexander había creído durante tanto tiempo, pretendía destruir a los Ríos para obligarlo a casarse con ella. Dejó de leer. El silencio del comedor se volvió insoportable.

-¿Por qué nunca me dijeron nada?

-Probablemente porque tus padres no querían preocuparte y porque tú tenías otras prioridades. -la respuesta fue tan directa que le dolió. Ella no parecía disfrutar de su desconcierto. Tampoco mostraba la satisfacción de quien acaba de demostrar que tenía razón en una discusión. Solo estaba allí, observándolo con aquella calma suya que a veces parecía indiferencia y otras veces resultaba mucho más difícil de soportar.

-¿Y tú? -preguntó él. -¿Qué hiciste?

-Me casé contigo. Reuní pruebas, neutralicé a los responsables y negocié con los acreedores. Después he conseguido que la empresa tenga una oportunidad de recuperarse.

-¿Por qué? ¿Qué ganabas con ayudarnos?

-Un marido.

Alexander se pasó la mano por la frente. Había convertido a su salvadora en su enemiga. Había despreciado sus decisiones, interpretado cada gesto como una maniobra de manipulación y alimentado un resentimiento que ahora se le antojaba vergonzoso. Dios. ¿Qué había hecho? No encontró una respuesta ingeniosa que pudiera rescatarlo de esta situación incómoda. No había ironía capaz de convertir aquello en una anécdota graciosa. Ni en una provocación que le permitiera recuperar el control. Solo quedaba una verdad que no quería aceptar. Ángela había protegido a los Ríos cuando él ni siquiera comprendía que estaban a punto de perderlo todo.

-¿Por qué? ¿Por qué insististe en casarte conmigo? No me digas que fue por amor. No te creo capaz de tomar una decisión semejante por un sentimiento tan inconveniente.

-Ya te dije por qué.

-Dijiste que necesitabas un marido.

-No. Te necesitaba específicamente a ti.

-No estoy jugando, Ángela.

-Yo tampoco. Alexander, si pretendes hacerme perder la paciencia, al menos procura utilizar una estrategia original.

-Estoy intentando entender por qué tú, que puedes conseguir prácticamente cualquier cosa me escogiste a mí y me has tratado como una molestia administrativa.

-A veces has sido bastante más que eso. -él apretó la mandíbula. -Mira para que entiendas. No quería un marido. Necesitaba uno. Hay una diferencia.

-¿Para qué?

-Eso es asunto mío. No te incumbe.

-Magnífico. Me enseñas las pruebas de que salvaste a mi familia, destruyes casi todas las razones por las que te he odiado y luego esperas que acepte que no tengo derecho a saber por qué me elegiste.

-Necesitaba un hombre joven con una posición social adecuada, atractivo y que no tuviera ningún interés en compartir mi cama. Alguien que pudiera cumplir con las apariencias sin interferir demasiado en mi vida privada y que necesitará dinero que era lo único que estaba dispuesta a ofrecer. -Alexander se quedó inmóvil.

-¿Y pensaste en mí?

-Conoces nuestro círculo. ¿Se te ocurre alguien que reuniera esas condiciones mejor que tú? -él abrió la boca. La cerró. Volvió a abrirla.

-No sé si sentirme halagado u ofendido. ¿Acabas de decirme que me elegiste porque soy atractivo, socialmente conveniente y porque no querías acostarte conmigo?

-Me alegra comprobar que sigues siendo capaz de escuchar. -la miró como si acabara de descubrir una especie nueva. Peligrosa por supuesto. Ella utilizaba la lógica como arma y la sinceridad como un método especialmente cruel de tortura.

-Tienes una forma extraordinaria de hacer que un hombre se sienta deseado.

-Nunca te he deseado.

-Yo estaba enamorado.

-¿Y qué? Él no. Despierta Alexander Andrés vino a Canadá por Lían. Esa siempre fue su elección. Yo y mi padre solo les ayudamos a decidirse.

-¿Los drogaron?

-Sí. Les ayudamos con sus felices para siempre.

-¿Y yo?

-Me tenías a mí. -Alexander soltó una carcajada amarga. Aquello debería haberle parecido divertido.

En cualquier otra circunstancia, probablemente habría encontrado la manera de devolverle el golpe, pero ahora estaba demasiado ocupado intentando comprender a la mujer que tenía delante. La Ángela que él conocía era orgullosa, implacable y capaz de utilizar cualquier ventaja para conseguir sus objetivos. No se detenía a justificar decisiones, permisos. Ni explicaba más de lo estrictamente necesario.

-Nunca tuviste la intención de prolongar este matrimonio.

-No. -la respuesta fue inmediata. -Mis razones originales han desaparecido. No hay ninguna necesidad de continuar con esto. -le alcanzó una segunda carpeta. -Toma.

-¿Otro regalo?

-Este sí que te va a gustar.

-Empiezo a sospechar que tienes una definición muy peculiar de la generosidad.

-Ábrelo.

Dentro había un nuevo acuerdo de divorcio. Alexander reconoció inmediatamente la estructura del documento, pero tuvo que leerlo dos veces para comprender las condiciones. No había reclamaciones sobre los bienes personales de ninguno de los dos. No existían exigencias económicas destinadas a prolongar la disputa. Las obligaciones compartidas estaban delimitadas con precisión y cada parte conservaría aquello que le correspondía. No había trampas evidentes, ni cláusulas destinadas a humillarlo. Tampoco maniobras para dejarlo en una posición vulnerable. Era una separación limpia. Definitiva. Cada uno por su lado.

-¿Esto es todo? ¿No vas a reclamar nada?

-¿Para qué? No necesito que el mundo certifique algo que ya tengo. -Alexander contempló el espacio destinado a su firma. Había maldecido el matrimonio, la influencia de los Casamayor y las circunstancias que lo habían empujado a una unión que jamás había querido. Ahora tenía la salida delante de sus ojos. Solo debía firmar. Sin embargo, su mano no se movió. Era absurdo.

-Firma.

-Un momento. Podrías estar ocultando alguna condición.

-Podría estar escondiendo un cadáver debajo de la mesa. La diferencia es que no tengo ninguno de los dos.

-Tienes un sentido del humor preocupante.

-Y tú tienes la costumbre de convertir las decisiones sencillas en problemas interminables.

Alexander volvió a mirar el documento. Podía negarse a firmar por orgullo. Utilizar aquella oportunidad para prolongar el matrimonio unas semanas más, solo para averiguar qué secretos seguía guardando, pero ¿con qué derecho? Tomó la pluma. Durante un instante, la sostuvo entre los dedos sin escribir. Después firmó. Ángela recogió las hojas y suspiró.

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Warriorgame
Le resultaría más fácil encontrar a otro que le guste igualmente.
Yinet Leonor: Puede, pero este chico es un demente.🤦
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Warriorgame
Alejarse de todo es un buen plan. Ojalá le funcione.
Warriorgame: De que debe alejarse si. Que lo logre pues ya se verá.
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Aurora
Querida Yinet, cuídate mucho, haz bebiditas de limón, miel y una pizca de jengibre , te ayuda con las defensas, rico en vitamina c y prestarle atención, mi mamá y mi abuela decían que las vías respiratorias, cuando se dedican , son tristezas guardadas y no expresadas, espero te mejores pronto .
Yinet Leonor: Gracias. Lo haré.
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Aurora
Querida escritora, de pura curiosidad, será que Alex mato un cura en esta o su anterior vida? porque no sale de Guatemala para caer en Guatepeor y el es bueno , Owen esta más loco que Ángela y el abuelo Leadros juntos, muy díficil conseguirle un bizcocho, normal, ubicado, feliz🤯🤯🤯🤯🤯
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣🤣Puede ser.☺️🤷
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Aurora
Y todo eso cuando paso, me faltan capítulos, como así que el primo orquestó la muerte de la hermana de Dimitri, si yo mal no recuerdo las investigaciones que Owen le dio a Ángela , sobre el suceso, decían que el novio lo que hacía era que la ofrecía como carne de cañón en sus negocios turbios, pero cuando se habló de un primo , me super perdí 😄😄😄😄
Yinet Leonor: Varias cosas que te des colocarán y después En retrospectiva te voy aclarando.🤷
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Aurora
los enseminaremos y eso con que se come y cuando paso que yo no lo leí 😲
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣Se deja a su brillante imaginación. Es obvio que la discusión ya había concluido. Los personajes solo estaban reafirmando lo que debió suceder ante la negativa de Ángela y Dimitri de contraer matrimonio y menos de tener un hijo.☺️
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Elisa Patico
ya me puse al día 🫡 necesitaba unos días para que mis sentimientos y emociones respecto a Ángela se disiparan, al personaje le tengo un amor odio, entiendo lo que vivió, entiendo el ambiente en el que creció, me encanta su gran inteligencia y astucia, pero ha hecho tantas cosas cuestionables que me genera sentimientos muy contradictorios
Yinet Leonor: Y las va a seguir haciendo, porque ella es una auténtica villana, pero vas a odiarla y amarla indistintamente. Es el personaje más complejo que he creado hasta el momento. Hacer que el lector sienta esa ambivalencia es todo un reto.🫩
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Elisa Patico
Estos jóvenes 🤣 aún no han aprendido que el diablo sabe más por viejo que por diablo, cuando ellos ya están yendo, Leandros ya ha ido y vuelto como tres veces. No creo que puedan escapar... pero será interesante ver cómo lo intentan
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣Oh sí. Va a ser interesante no cabe dudas.🤷
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Elisa Patico
esa misma pregunta me la hacía yo jaja pero en la siguiente frase tiene sentido
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣El pobre las coge todas sin pedirlo.🤦
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Elisa Patico
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Yinet Leonor: Excelente relación tienen estos hermanos 🤣🤣🤣🤣🤣
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Elisa Patico
ichhhh que condición?? y no me digas que matrimonio 💀
Yinet Leonor: Ella cree que puede evitarlo. Ya veremos 🤷
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Elisa Patico
eso no fue una reunión 🤣 eso fue cachetada tras cachetada jajajaja
Yinet Leonor: Así mismo. Todo al estilo Ángela 🤣🤣🤣🤣🤣
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Elisa Patico
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 es que esa gente si da papaya, no se pueden quedar callados, escuchar y luego opinar
Yinet Leonor: Se sienten agraviados.
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Marita Peña
ESTA DESQUICIADA SE HARA PASAR POR MUERTA PARA NO CASARSE CON DIMITRY, POR ESO PUSO AL HERMANO AL FRENTE DE LA EMPRESA
Yinet Leonor: Quién sabe tal vez.
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Marita Peña
SE VA A CASAR CON DIMITRY 🤣🤣🤣ESTA BIEN LOCA
Yinet Leonor: No por elección 🤦
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Marita Peña
QUE QUEDRA HACER ESTA ANGELA PONIENDO AL HERMANO DE PRESIDENTE QUE TRAMARA
Yinet Leonor: Desea vivir una vida cómoda y simple. Sin intrigas, ni sobresaltos ☺️
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Warriorgame
Renunciar a la herencia.
Yinet Leonor: No va a hacer eso.
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Warriorgame
Pensaba lo mismo. Él no tiene ningún problema allí. Simplemente debe irse y seguir con su vida.
Yinet Leonor: Exactamente 🤷
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Warriorgame
Osea, se casa por el dinero de la herencia.
Yinet Leonor: No por capricho del señor Blackwood. Es su forma de castigar a Ángela por haber despedido a su hijo.🤦
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Aniramairos
No cabe duda que los hermanos son unos desquiciados y a estas alturas todo es un enredo 🤭.
Yinet Leonor: Pues sí, pero han dado con un hueso duro de roer. Leandros es despiadado.🤔
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NovelToon
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