Camila y Luciano son grandes amigos desde pequeños, ambos se quieren como hermanos, pero las trampas y envidia de una mujer perversa hacen que dos amigos, unan sus vidas por el bienestar de una inocente.
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Dos rostros, un mismo latido
La puerta del departamento se abrió y Emiliano entró arrastrando un peso que no era físico, una confusión que le apretaba el pecho desde el instante en que sus ojos se cruzaron con los de Daniela.
Camina despacio por la estancia, sin quitarse el abrigo, sin siquiera notar la luz cálida que llenaba la sala, su mente se encontraba dándole vueltas una y otra vez a aquel rostro, a aquellos ojos que eran idénticos a los de Camila, como si la muerte no hubiera logrado borrar ni un solo rasgo suyo.
En la sala, sentada junto al ventanal, se encontraba Elena, con la pequeña Milagros acurrucada en sus brazos, la bebé dormía plácidamente, sus manitas cerradas apretando la tela del vestido de Elena, su respiración suave y tranquila, ajena a todo el dolor y los secretos que la rodeaban.
Elena levantó la mirada al oírlo entrar y se quedó inmóvil observándolo, ve la confusión en su rostro, la mirada perdida, las manos apretadas en puños a los costados, y una expresión de profunda inquietud se dibujó en su semblante.
Quiso preguntarle qué le pasaba, qué había visto, qué lo había dejado asi, pero mordió sus labios y guardó silencio, sabiendo que si él quería hablar, lo haría a su debido momento, solo acarició suavemente la cabecita de la niña, esperando.
Emiliano se detuvo frente a ella, la mirada fija en la pequeña, pero el pensamiento aún atrapado en aquel pasillo de la clínica, en la muchacha de ojos azules y cabellos rubios como el sol, por fin con voz baja y cargada de incertidumbre, rompió el silencio:
—Elena ¿Tú crees que sea posible ver a dos personas tan similares, tan idénticas, que no tengan absolutamente ningún parentesco entre sí? _ Pregunta Emiliano.
— Elena lo observa con serenidad, pensativa, y ajustó con ternura la mantita que envolvía a Milagros para que no pasara frío.— Luego levanta la mirada hacia él, sus ojos claros y sinceros.
—Mi madre solía decirme: “Dicen que en el mundo existen dos personas semejantes, que pueden confundirse a primera vista, pero que llevan un corazón distinto, una sangre distinta”. —Hace una pausa, mordiéndose suavemente el labio antes de continuar con firmeza— Pero yo, yo siempre pienso algo distinto, Mi punto de vista es, que si hay alguien que se te parezca de forma idéntica, tanto que hasta el alma parezca igualarse, es porque por algún lado, por alguna línea de sangre oculta, siempre tienen parentesco, la sangre no se puede ocultar para siempre.
* Emiliano, se abre paso, se refleja en los ojos, en el porte, hasta en la forma de callar.
Las palabras de ella cayeron sobre él como un trueno, confirmando aquella sospecha que empezaba a tomar forma en su mente, dándole peso y razón a lo que hasta entonces parecía solo una coincidencia inquietante.
Se deja caer en el sillón frente a ella, pasándose las manos por el cabello, sintiendo cómo la incertidumbre empezaba a mezclarse con una determinación feroz.
—Eso temía —murmura con voz tensa— Hoy vi a una muchacha, Elena, es idéntica a Camila, tan idéntica que cuando la vi, sentí que el mundo se me venía encima, no solo el rostro, es la mirada, los gestos, solo el color de cabello es diferente Camila era pelinegra,.en cambio aquella muchacha es rubia, algo dentro de mí me grita que no es casualidad, que hay algo que nadie nos ha dicho.
Elena apretó suavemente a la bebé contra su pecho, y una sombra de comprensión profunda cruzó su rostro. —Si se parece tanto y Camila ya no está, entonces esa joven debe ser la clave de todo lo que nos falta por saber.
Debes averiguar quién es realmente, de dónde viene, quiénes son sus padres, no dejes que nada te detenga, Emiliano, las verdades ocultas pesan demasiado, y tarde o temprano exigen salir a la luz.
Emiliano levantó la mirada hacia ella, con los ojos brillantes de resolución. —Lo haré, descubriré quién es, de dónde vino y si hay algún lazo que la una con Camila, lo encontraré, cueste lo que cueste.
* Mientras tanto, la pequeña Milagros se mueve entre los brazos de Elena, soltando un suspiro suave en su sueño, como si también ella, desde su inocencia, supiera que pronto las piezas de aquel enorme rompecabezas empezarían a encajarse por fin.
*** Nota del autor
Estimados lectores solicito su apoyo, si está historia les está gustando, con un link en cada capítulo leído, me ayuda mucho.