Ella reencarna en un mundo mágico. Una familia militar, pero ella solo quiere verse linda y leer.. y sobre todo ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Ellie Viceroy 1
Ellie Viceroy descubrió que bajar a desayunar podía ser una experiencia bastante intimidante.
No por la comida, por supuesto.
La comida tenía un aspecto magnífico.
El problema era su familia.
Cuando entró en el comedor, encontró a su padre sentado en la cabecera de la mesa, vestido con una camisa impecablemente planchada. A su derecha estaba Eric, su hermano mayor, que parecía estar examinando unos documentos incluso antes de terminar su primera taza de té. Emma, su hermana mayor, ocupaba el asiento de enfrente y escuchaba atentamente lo que ambos decían.
Los tres tenían expresiones serias.
Muy serias.
Tan serias que Ellie se preguntó si acababa de entrar en una reunión militar en lugar de un desayuno familiar.
[¡Dios mío! ¿Esta gente nunca sonríe? ¡Parece que están planeando conquistar un continente!].
Se detuvo junto a la puerta, respiró profundamente y recordó que ahora era una noble.
Una joven elegante.
Una señorita que debía comportarse con dignidad.
No una mujer que quería correr a la biblioteca, abrazar todos los libros y llorar de felicidad.
Así que enderezó la espalda, suavizó su expresión y entró con una sonrisa.
—Buenos días, padre. Buenos días, Eric. Buenos días, Emma.
Los tres levantaron la mirada.
Y, para su sorpresa, las expresiones severas se suavizaron casi inmediatamente.
—Buenos días, pequeña
Lord Viceroy dejó los documentos a un lado y la observó con afecto.
—¿Has descansado bien?
Ellie sintió una extraña emoción en el pecho.
No era un recuerdo suyo, no exactamente. Era como si los sentimientos de la verdadera Ellie hubieran quedado impresos en su cuerpo, permitiéndole comprender cuánto amaba aquella familia a la hija menor.
Su padre podía parecer un hombre aterrador ante sus subordinados, pero cuando la miraba, sus ojos tenían una calidez que no mostraba a casi nadie.
[¡Qué injusticia! ¿Por qué un hombre tan serio puede ser tan cariñoso con su hija? ¡Me encanta!].
—Sí, padre. He dormido muy bien.
Emma se levantó para acercarse a ella.
—Ven, siéntate conmigo.
Le acomodó suavemente un mechón de cabello detrás de la oreja antes de besarla en la frente.
—Te ves bien esta mañana.
Ellie tuvo que contenerse para no sonreír demasiado.
[¡Me ha besado en la frente! ¡Mi hermana es preciosa y cariñosa! ¡¿Cómo voy a sobrevivir a tanta felicidad?!].
—Gracias, Emma.
Eric también le dedicó una mirada afectuosa.
—¿Quieres que te traiga algo de la cocina? Todavía hay pan recién hecho.
—No, gracias. Estoy bien.
[¡Quiero probarlo todo, pero debo comportarme con normalidad!].
Se sentó en su lugar habitual y una doncella le sirvió el desayuno.
Había pan recién horneado, mantequilla, frutas, huevos, pequeños pasteles y una tetera de la que salía un aroma delicioso.
Ellie contempló la mesa.
Después contempló a su familia.
Finalmente, volvió a mirar la comida.
[¿Así que esto significa ser rica? ¿Poder desayunar sin calcular cuánto dinero me queda para el resto del mes? ¡Qué maravilla!].
Tomó un pequeño pastel y lo probó.
Sus ojos se iluminaron.
[¡Está delicioso!].
Tuvo que hacer un esfuerzo considerable para no pedir inmediatamente otros tres.
Apenas había terminado el primer bocado cuando su padre retomó la conversación.
—Como decía, no podemos permitir que el Imperio de Oriente interprete nuestra prudencia como una señal de debilidad.
Eric asintió.
—Sus representantes han vuelto a cuestionar los acuerdos comerciales en la frontera. Si continúan presionando, tendremos que reforzar la vigilancia.
Emma tomó su taza.
—El problema no es solamente militar. Si el imperio decide restringir el paso de las caravanas, varias regiones del reino sufrirán las consecuencias.
Lord Viceroy frunció el ceño.
—Por eso debemos actuar con cautela.
Ellie masticó lentamente.
[¿El Imperio de Oriente?].
Tomó un sorbo de té.
[¿Acuerdos comerciales?].
Dejó la taza sobre el plato.
[¿Caravanas?].
Miró a su hermano.
[Querido Eric, eres muy guapo, pero no tengo la menor idea de lo que estás hablando].
Eric continuó explicando algunos detalles sobre los movimientos militares y las posibles consecuencias de una disputa diplomática.
Ellie asentía de vez en cuando.
—Comprendo.
En realidad, no comprendía absolutamente nada.
—Es una situación delicada
Aquello parecía bastante apropiado para cualquier problema que involucrara un imperio.
Su padre asintió, satisfecho.
—Exactamente.
Ellie sonrió.
[¡Excelente! ¡He sobrevivido a una conversación sobre política internacional sin decir ninguna tontería!].
Volvió a comer.
Durante los siguientes minutos, escuchó palabras como frontera, estrategia, negociación, soldados y refuerzos.
Su cerebro comenzó a desconectarse lentamente.
[¿Por qué no pueden hablar de algo interesante? ¿Qué tal de libros? ¿De vestidos? ¿De alguna fiesta? ¡Incluso aceptaría una conversación sobre el clima!].
Sin embargo, se mantuvo educada.
Asintió cuando correspondía, sonrió cuando alguien la miraba y se concentró en disfrutar de su desayuno.
Al fin y al cabo, su familia la amaba y estaba acostumbrada a tenerla sentada a la mesa mientras hablaban de sus asuntos.
No tenía necesidad de fingir que era una experta militar.
Solo debía evitar que alguien le hiciera una pregunta demasiado complicada.
Por desgracia, el destino decidió que aquel era el momento perfecto para hacerlo.
—Ellie
Ella levantó inmediatamente la cabeza.
—¿Sí, padre?
Lord Viceroy la observó con una expresión tranquila.
—¿Necesitas algo? Tu celebración de mayoría de edad será dentro de una semana. Si deseas algún vestido, un regalo especial o cualquier otra cosa, puedes decírmelo.
Ellie sintió que su corazón daba un salto.
[¡Dinero! ¡Una oportunidad para pedir cosas! ¡Padre, eres un hombre maravilloso!].
Abrió la boca.
Estuvo a punto de solicitar una cantidad generosa para comprar libros, maquillaje, productos para el cuidado de la piel y quizá un tocador digno de una princesa.
Pero se detuvo.
Había algo que necesitaba resolver primero.
Recordaba que, en aquella sociedad, los magos podían preparar pociones para diversos propósitos. Algunas se utilizaban para curar heridas, otras para tratar enfermedades y otras para cuestiones más específicas.
Si quería mejorar su apariencia, debía averiguar qué recursos existían en aquel mundo.
Además, una poción podía ser una solución práctica.
¡Una solución mucho más sencilla que pasar horas buscando productos cosméticos en un reino cuya industria de belleza desconocía por completo!
Ellie dejó su taza y miró a su padre.
—En realidad, sí quería pedirte algo.
Los tres Viceroy la observaron.
Ellie sintió de inmediato que toda la atención del comedor se concentraba en ella.
[¿Por qué me miran como si fuera a anunciar que quiero alistarme en el ejército? ¡Solo quiero una poción!].
Se aclaró la garganta.
—Quería saber si podría buscar a un mago que prepare una poción.
El silencio fue inmediato.
Eric dejó de revisar sus documentos.
Emma bajó la taza.
Lord Viceroy frunció ligeramente el ceño.
—¿Una poción?
—Sí.
Su padre se inclinó un poco hacia delante.
—¿Te encuentras mal?
—¿Te ha sucedido algo?
Eric ya parecía dispuesto a levantarse.
—¿Has sentido algún dolor? ¿Te has mareado? ¿Necesitas que llame a un médico?
Ellie parpadeó.
[¡¿Qué?! ¡¿Por qué se han puesto así?!].
Miró a su padre.
Después a Eric.
Finalmente, a Emma.
Los tres la observaban con una preocupación genuina que la hizo sentirse culpable.
La verdadera Ellie probablemente no había pedido una poción de aquella manera antes.
O quizá su familia estaba acostumbrada a protegerla tanto que cualquier petición relacionada con la magia les parecía sospechosa.
—¡No, no! Estoy bien No me ocurre nada. Solo quería consultar con un mago por precaución.
Su padre no pareció completamente convencido.
—¿Por precaución?
Ellie asintió con energía.
—Exactamente. Por precaución.
[¡Por favor, no me pregunten más! ¡No puedo decirles que quiero mejorar mi rostro porque me parece un desperdicio tener una belleza natural tan extraordinaria y no cuidarla adecuadamente!].
Se imaginó intentando explicarle a un general que necesitaba una poción para mantener su piel hidratada.
No.
Era demasiado vergonzoso.
Prefería enfrentarse al ejército del Imperio de Oriente.
Bueno, quizá no tanto.
—No es nada importante. Solo quiero informarme sobre las pociones que existen y saber si hay alguna que pueda resultarme útil.
Lord Viceroy permaneció pensativo durante unos segundos.
Luego, al comprobar que su hija no parecía enferma ni especialmente angustiada, relajó los hombros.
—Está bien. Puedes buscar un mago. Si necesitas dinero para pagar sus servicios, no tienes más que pedirlo.
Ellie casi se levantó para abrazarlo.
[¡Padre, te amo!].
Se contuvo por educación y se limitó a sonreír.
—Muchas gracias, padre.
Menos mal que no saben lo que pasó entre ellos, aunque mientras más restringidos se pongan su padre y Erick, siempre buscarán la manera de encontrarse a solas🤣