Sinopsis: Enamorada del hermano de mi novio
Todo comienza cuando Gabriel Montes presenta a su novia, Kerly Sánchez, a su familia, sin imaginar que su propio hermano, Elian Montes, terminará enamorándose perdidamente de ella. Lo que empieza como una simple atracción se convierte en un amor prohibido que ninguno de los dos puede controlar. A escondidas de Gabriel, Elian y Kerly comienzan una relación clandestina, arriesgándose a destruir los lazos familiares por un sentimiento que crece cada día más. Pero cuando Gabriel descubre la traición, tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a llegar contra su propia sangre por la mujer que ama.
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Capítulo 11: Apagué el celular
### Capítulo 11: Apagué el celular
POV: Kerly Sánchez
Ve, yo no sé qué me estaba pasando, pero desde que había conocido a Elian no dejaba de pensar en él. Ese man tenía una energía diferente, ¿sí me entendés? Era divertido, coqueto, espontáneo y siempre encontraba la manera de hacerme reír.
Con Gabriel todo era distinto. Que el trabajo, que las responsabilidades, que había que organizar el futuro, que debía comportarme de cierta manera… ¡Ay, no, qué pereza, ome!
Yo quería salir, bailar, conocer lugares y disfrutar mi juventud. No pasarme la vida escuchando conversaciones sobre cuentas y obligaciones.
Y lo peor era que Gabriel no era un mal novio. Al contrario, me trataba bien y decía que me amaba. Pero últimamente sentía que nuestra relación se había vuelto demasiado predecible.
Esa tarde, cuando miré la hora, eran las dos y media.
Me encontraba en mi habitación, frente al espejo, decidiendo qué ponerme para salir con Elian al cine. Me probé una blusa negra, después una rosada y finalmente elegí una blanca con unos jeans que me quedaban bonitos. Me arreglé el cabello, me puse un poquito de perfume y me hice un maquillaje suave.
—¡Ay, Kerly, mija! ¿Y vos por qué tanta arregladera para ir al cine? —me pregunté mirándome al espejo—. No te hagás la loca, que vos sabés muy bien por quién es.
Me reí sola.
Elian me había escrito varias veces durante la mañana y, cada vez que veía su nombre en la pantalla, me daba una emoción que no podía explicar.
A las tres y cuarenta salí de la casa y me dirigí al centro comercial donde habíamos quedado de encontrarnos.
Cuando llegué, lo vi parado cerca de la entrada, con una camiseta negra, unos jeans y el cabello un poquito despeinado. Apenas me reconoció, sonrió y caminó hacia mí.
—¡Ave María, pues! —exclamó—. ¿Y esta belleza? ¿Vos sí querés que a uno le dé algo o qué, mami?
—¡Ay, dejá el drama, Elian! —respondí riéndome—. Ni que estuviera tan bonita.
—¿Cómo que no? Ve, no me dañés el momento. Estás preciosa, pues.
—Bueno, gracias, guapo.
—¿Guapo? Repetí eso, que me gustó cómo sonó.
—¡Qué bobo sos, ome!
Los dos soltamos la carcajada.
Compramos las entradas para una película de comedia y después entramos a buscar algo para comer. Elian empezó a contarme historias de sus amigos y de las locuras que hacían cuando salían.
Yo no podía parar de reírme.
—No, no, no. Vos estás mintiendo —le dije, agarrándome el estómago de la risa.
—Te lo juro por mi mamá, Kerly. Ese man terminó metido en tremendo problema por hacerse el lindo.
—¡JAJAJA! No, vos y tus amigos están como mal de la cabeza.
—Por eso te caigo bien, ¿o no?
Lo miré de reojo.
—Puede ser.
—¿Puede ser? Ah, bueno, listo. Ya entendí. Me voy a sentar allá solo.
—¡Ay, vení acá, ridículo! —le dije, agarrándolo del brazo.
Elian me miró con una sonrisa traviesa.
—Así me gusta, mami.
Durante la película compartimos las palomitas, nos molestamos y hasta terminamos discutiendo en broma sobre cuál de los personajes era más tonto. Cuando salimos, caminamos un rato por el centro comercial y nos compramos un helado.
La verdad, la estaba pasando demasiado bueno.
Con Elian todo fluía. No tenía que estar pensando qué decir para evitar una discusión ni escuchando un sermón. Podía reírme, hablar de cualquier bobada y ser yo misma.
Pero entonces recordé algo.
Gabriel.
Saqué el celular del bolso y vi varias llamadas perdidas y mensajes suyos.
Gabriel ❤️: Amor, ¿qué hacés?
Gabriel ❤️: ¿Ya comiste?
Gabriel ❤️: Kerly, te estoy escribiendo.
Gabriel ❤️: ¿Por qué no me contestás, mi vida?
Sentí un pequeño nudo en el estómago.
Elian estaba a mi lado, contándome que quería llevarme a conocer uno de sus restaurantes favoritos.
—¿Todo bien, pues? —me preguntó al verme seria.
—Sí, tranquilo. Es una amiga que está molestando.
Mentí sin pensarlo demasiado.
Miré otra vez la pantalla. Gabriel me había llamado de nuevo.
Y, en vez de contestarle, apagué el teléfono.
Así, de una.
—¿No vas a contestar? —preguntó Elian.
—No. Hoy quiero desconectarme un rato de todo.
Él se encogió de hombros.
—Bueno, pues. Entonces disfrutemos. Todavía nos queda tarde.
Y yo volví a sonreír.
Seguimos caminando, hablando y riéndonos como si no existiera nada más. Por un momento olvidé que tenía novio, olvidé las llamadas y olvidé que Elian era su hermano.
Pero en algún lugar de Cali, Gabriel seguía intentando comunicarse conmigo, sin imaginar que yo estaba pasando una tarde maravillosa con el mismo hombre al que consideraba parte de su familia.
Y lo que más me asustaba era que, cuando estaba con Elian, cada vez me costaba más recordar por qué había elegido estar con Gabriel.
Continuará…