Sinopsis: Un amor prohibido
Todo comenzó cuando empecé a ir a la casa de Juan Alcázar, mi mejor amigo. Al principio, todo era normal, hasta que comencé a mirar a su mamá con otros ojos. Ella era una mujer hermosa, madura y completamente diferente a todas las que había conocido. Sin darme cuenta, empecé a sentir algo que jamás imaginé sentir por la madre de mi mejor amigo. Intenté luchar contra aquellos sentimientos, pero el corazón no entiende de reglas ni de prohibiciones. Hasta que una mirada se convirtió en deseo y comenzamos a vivir un amor a escondidas, capaz de destruir nuestra amistad y cambiarlo todo.
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Capítulo 16: ¿Nos vamos para Miami, muñeca?
POV: Joaquín Zapata
Estaba en el descanso de la universidad, sentado en una de las mesas de la cafetería con Juan y Sebastián. Los dos estaban hablando de un partido de fútbol y de los planes que tenían para el fin de semana, mientras yo me comía una empanada y revisaba el celular de vez en cuando.
La verdad, parce, yo estaba esperando un mensaje de mi muñeca.
Desde que Gabriela y yo nos habíamos vuelto novios, me había acostumbrado a recibir sus mensajitos durante el día. A veces me mandaba una foto de su café, otras veces me contaba alguna cosa de la empresa y, cuando estaba muy ocupada, al menos me dejaba un corazón para que supiera que se acordaba de mí.
Y justo cuando estaba pensando en ella, me vibró el celular.
Era mi reina.
Gabriela ❤️: Amor, ¿estás ocupado?
Sonreí inmediatamente.
Yo: Para vos nunca, muñeca. Estoy en el descanso de la universidad. ¿Qué pasó, mi vida?
Gabriela ❤️: Te cuento que me salió un viaje de negocios. ¿Me querés acompañar?
Me quedé mirando la pantalla, sorprendido.
¿Un viaje con Gabriela? ¡Ave María, pues! Eso era música para mis oídos.
Yo: ¿A dónde, mi amor?
Gabriela ❤️: Miami, corazón. Tengo unas reuniones con unos proveedores y debo quedarme unos días. Estaba pensando que podrías acompañarme, si tenés disponibilidad.
Parce, casi se me cae la empanada de la emoción.
Yo: ¡¿Miami?! ¿Vos y yo, muñeca?
Gabriela ❤️: Sí, amor. ¿Te gustaría?
Yo: ¿Que si me gustaría? ¡Claro que sí, mi reina! Yo me voy con vos hasta donde me digás.
Gabriela me mandó un corazón y después escribió:
Gabriela ❤️: Jajajaja, tampoco es que nos vamos a mudar, Joaquín. Es un viaje de trabajo y voy a tener reuniones.
Yo: No importa, muñeca. Vos hacés tus vueltas y yo te acompaño. Podemos salir a cenar cuando terminés, conocer un poquito y pasar tiempo juntos.
Gabriela ❤️: Eso me gustaría, mi vida. Pero primero tenés que revisar tus clases y tus trabajos. No quiero que después perdás una evaluación por irte conmigo.
Ahí estaba mi novia, pendiente hasta de mis responsabilidades universitarias.
Yo: Tranquila, amor. Voy a revisar todo hoy mismo. ¿Cuándo nos vamos?
Gabriela ❤️: La próxima semana, si todo sale como está previsto.
Me emocioné todavía más. Ya me imaginaba caminando con ella por Miami, saliendo a comer y disfrutando de unos días juntos. No necesitábamos hacer nada extraordinario; con estar a su lado me bastaba.
—¡Quiubo, ome! ¿Y esa sonrisa? —preguntó Sebastián, interrumpiendo mis pensamientos.
Bloqueé el celular rápidamente.
—¿Cuál sonrisa, pues?
Juan se inclinó hacia mí.
—Parce, usted está muy raro últimamente. Se la pasa mirando el teléfono y sonriendo como un enamorado.
—¡Ustedes dos sí son cansones! —respondí, soltando una carcajada—. ¿No tienen nada más que hacer?
Sebastián se rio.
—Yo solamente digo que por ahí hay una vieja que lo tiene llevado del putas.
—Pues siga diciendo, hermano.
Juan me dio una palmada en el hombro.
—Cuando tenga novia, me presenta a la afortunada. Quiero conocer a la mujer que logró ponerlo así de bobo.
Tragué saliva, disimulando los nervios.
—De una, parce. Cuando llegue el momento, se la presento.
No podía decirle nada todavía. Primero tenía que hablar con Gabriela sobre cómo íbamos a manejar el asunto de nuestra relación y, sobre todo, sobre la manera de contarle la verdad a Juan.
El timbre anunció que el descanso se había terminado.
—Bueno, muchachos, vamos para clase —dije, guardando el celular.
Pero antes de levantarme, le escribí a mi muñeca.
Yo ❤️: Amor, voy a revisar mis horarios y te confirmo. Pero desde ya te digo que me hace demasiada ilusión viajar con vos. ❤️
Gabriela ❤️: A mí también, mi vida. Me gustaría compartir esos días contigo.
Yo ❤️: Entonces queda pendiente, muñeca. Te amo.
Gabriela ❤️: Yo también te amo, mi amor. Ahora estudie, que después me toca regañarlo otra vez.
Me reí mientras guardaba el teléfono.
—¿Ahora de qué se ríe, pues? —preguntó Juan.
—De nada, hermano. Me acordé de una bobada.
—Usted sí está perdido, Joaquín.
—¡Camine, ome, que nos dejan por fuera!
Entramos al salón y traté de concentrarme en la clase, aunque mi cabeza estaba en otro lado.
Miami. Un hotel bonito. Cenas con Gabriela. Despertar a su lado y acompañarla durante sus reuniones.
Era un plan que me tenía feliz.
Sin embargo, había algo que no podía ignorar: si me iba varios días con ella, tendría que encontrar una explicación para Juan.
Y no quería seguir mintiéndole para siempre.
Porque viajar con la mujer que amaba era un sueño, pero regresar de ese viaje sin haber resuelto nuestro secreto podía convertirse en una pesadilla.