Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Escuelas 3
Pasaron apenas unos días antes de que Caroline descubriera una verdad bastante importante.
Tener una buena idea era sencillo.
Hacerla realidad...
Era otra historia.
La primera semana comenzó buscando un lugar adecuado.
Caroline recorrió varias propiedades del ducado junto con algunos administradores.
—Demasiado pequeño.
—Demasiado alejado.
—Aquí no cabrían suficientes estudiantes.
—Este edificio necesitaría demasiadas reparaciones.
Cada vez que encontraba un lugar que parecía perfecto, aparecía algún problema.
Y cuando finalmente encontraron un terreno apropiado, comenzó el verdadero trabajo.
Caroline tuvo reuniones con constructores.
Muchas reuniones.
Demasiadas reuniones.
La primera vez que se sentó frente a ellos llevaba una carpeta llena de dibujos.
—Quiero varias salas.
Uno de los constructores miró los planos.
—¿Cuántas?
Caroline pensó.
—Las suficientes.
El hombre la miró.
—Eso no es una cantidad, mi lady.
Caroline se quedó callada.
[Primer error.]
Así comenzaron los cálculos.
¿Cuántos niños asistirían?
¿Cuántas clases habría?
¿Cuántos profesores necesitarían?
¿Cuántas mesas?
¿Cuántas sillas?
¿Cuántos baños?
¿Cuánto espacio necesitarían los niños para moverse?
Y, por supuesto...
Una biblioteca.
Caroline insistió muchísimo con eso.
—La biblioteca tiene que ser grande.
El arquitecto la miró.
—¿Qué considera usted grande?
Caroline extendió los brazos.
—Así.
—Mi lady, eso es prácticamente toda la sala.
—Exactamente.
El arquitecto suspiró.
Las doncellas tuvieron que esconder sus sonrisas.
Caroline estaba completamente decidida.
Los niños necesitarían libros.
Muchos libros.
No solamente libros escolares.
Cuentos.
Historias.
Enciclopedias.
Libros de ciencias.
Geografía.
Literatura.
Todo lo que pudiera despertar su curiosidad.
También pensó en los espacios de recreo.
—Los niños necesitan jugar.
—Por supuesto.
—No quiero un patio pequeño.
—Entiendo.
—Quiero que puedan correr.
—Sí.
—Y jugar.
—Sí, mi lady.
—Y trepar.
El constructor levantó una ceja.
Caroline se corrigió.
—Bueno... quizá no demasiado alto.
La construcción comenzó.
Y entonces Caroline descubrió otra cosa.
Ser responsable de un proyecto era agotador.
Había días en los que pasaba horas revisando documentos.
Otros en los que debía decidir entre diferentes materiales.
Había que elegir puertas.
Ventanas.
Pizarras.
Mesas.
Sillas.
Estanterías.
Libros.
Materiales educativos.
Incluso pequeños detalles que jamás había imaginado que serían importantes.
Durante las primeras semanas, Caroline llegó a sentirse completamente abrumada.
Una tarde regresó a la mansión y se dejó caer sobre un sofá.
—No voy a conseguirlo.
Una doncella la miró preocupada.
—Mi lady...
Caroline se cubrió el rostro.
—Es demasiado.
Había tantos problemas.
Tantas decisiones.
Tantas cosas que podían salir mal.
[¿En qué estaba pensando?]
Ella había sido maestra.
No arquitecta.
No constructora.
No administradora.
No especialista en finanzas.
[¡Ni siquiera sabía cómo construir una escuela!]
Por un instante sintió miedo.
Quizá había sido demasiado ambiciosa.
Quizá había pensado que bastaba con tener dinero.
Pero una escuela era mucho más que un edificio.
Era un proyecto enorme.
Una responsabilidad enorme.
Y entonces recordó a los niños.
Los niños de su antigua vida.
Recordó sus pequeños rostros.
Sus risas.
Sus preguntas.
Sus dibujos.
Recordó por qué había comenzado todo.
[Quería darles una oportunidad.]
Se levantó lentamente.
[Así que no voy a rendirme.]
Al día siguiente volvió a trabajar.
Y poco a poco...
Aprendió.
Preguntó.
Escuchó.
Corrigió.
Se equivocó.
Volvió a intentarlo.
Los constructores comenzaron a entender sus ideas.
Los administradores comenzaron a ayudarla.
Los profesores comenzaron a colaborar con ella.
Y Caroline comenzó a confiar en sí misma.
No tenía que saber hacerlo todo.
Solamente tenía que encontrar personas que supieran hacerlo y aprender junto a ellas.
Los meses pasaron.
Y finalmente...
El edificio comenzó a tomar forma.
Primero aparecieron las paredes.
Después los techos.
Las ventanas.
Las salas.
El patio.
La biblioteca.
Caroline visitaba las obras constantemente.
A veces con documentos.
A veces con libros.
A veces simplemente para comprobar que todo seguía avanzando.
Una mañana llegó y se quedó completamente quieta.
Frente a ella estaba el edificio terminado.
Era hermoso.
No era un palacio.
No necesitaba serlo.
Era una escuela.
Una escuela grande, luminosa y pensada para los niños.
Había varias salas de clases.
Un amplio espacio de recreo.
Un patio donde podían jugar.
Y una biblioteca que Caroline consideraba la joya del establecimiento.
Entró en ella.
Miró las estanterías.
Todavía faltaban algunos libros por llegar.
Pero ya había suficientes para llenar varias de ellas.
Caroline pasó los dedos por uno de los estantes.
Sonrió.
[Lo conseguimos.]
Por un instante recordó a la mujer que había sido el día de su muerte.
Una maestra que había dado su vida por sus alumnos.
Y ahora estaba allí.
Viva.
En otro mundo.
Construyendo una escuela.
Una segunda oportunidad.
Una nueva vida.
Y quizá aquello era exactamente lo que necesitaba hacer con ella.
Finalmente llegó el gran día.
La primera Escuela Ashford abrió sus puertas.
Caroline observó desde un lado mientras los primeros estudiantes llegaban acompañados por sus familias.
Algunos niños estaban emocionados.
Otros nerviosos.
Algunos miraban el enorme edificio con los ojos abiertos.
Caroline sonrió.
[Espero que les guste.]
Una pequeña niña entró corriendo.
Otro niño se quedó mirando las ventanas.
Un pequeño observó el patio.
Y Caroline sintió una emoción difícil de describir.
No había imaginado que ver aquello la haría sentirse así.
Había trabajado durante meses.
Había dudado.
Había llorado.
Había cometido errores.
Había pensado varias veces que no podría.
Pero lo había conseguido.
La escuela existía.
Y ahora los niños comenzarían a aprender allí.
Caroline respiró profundamente.
[Lo hicimos.]
No estaba sola.
Su madre había confiado en ella.
Los trabajadores habían convertido sus ideas en realidad.
Los profesores habían aceptado participar.
Y las familias habían confiado en la Escuela Ashford.
Caroline sonrió.
Era solamente el comienzo.
Pero era un comienzo maravilloso.
Más tarde, después de toda la organización y las celebraciones de la inauguración, la duquesa Ashford se encargaría de preparar un banquete.
Caroline todavía no sabía exactamente cómo sería.
Y, por ahora... No tenía ninguna intención de pensar en ello.
Tenía algo mucho más importante que hacer.
Entrar a la escuela.
Caminar por sus pasillos.
Y disfrutar del hecho de que, finalmente.. La primera Escuela Ashford estaba abierta.