Valentina Buenavista está a punto de casarse con el amor de su vida cuando un hombre de su pasado lo destruye todo. Adrián Altamira —heredero de un imperio empresarial y su enemigo jurado desde la preparatoria— manda a destrozar la boda entera.
Pero eso es solo el principio.
Cuando la empresa de su padre queda al borde de la ruina, Valentina descubre que Adrián fue quien orquestó la caída. Y ahora le ofrece un trato imposible: casarse con él a cambio de salvar el Grupo Buenavista.
Atrapada entre la rabia y la desesperación, Valentina acepta. Lo que no esperaba era que vivir bajo el mismo techo que su peor enemigo despertara algo que no puede —ni quiere— controlar.
Adrián es arrogante, posesivo y exasperante. También es el único que la defiende cuando nadie más lo hace. A medida que las provocaciones se convierten en roces y los roces en besos que la dejan sin aliento, Valentina empieza a preguntarse si realmente lo odia... o si siempre lo ha sentido de otra manera.
Pero hay secretos mucho más oscuros detrás de este matrimonio. Emiliano, el hombre al que Valentina amó durante años, esconde un pasado manchado de sangre. Y la verdad, cuando salga a la luz, lo cambiará todo.
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Capítulo 20
[Tu papá ya me contó sobre el plan que tienen, que en algún momento te vas a separar de Adrián. Yo te voy a ayudar a que te liberes de él lo antes posible. Por eso quiero verte ahora, Val.]
Valentina se quedó inmóvil al leer el mensaje de Emiliano. Claro que deseaba, con todas sus fuerzas, liberarse algún día de Adrián. Pero conocía bien a Adrián, sabía de lo que era capaz, y no quería que Emiliano terminara metido en un problema grave por su culpa.
Se debatía entre la duda: ¿debía reunirse con su exnovio o no?
...
Mientras tanto, en la habitación de un hotel, Jimena abrazaba a Emiliano por la espalda. Ambos estaban desnudos, cubiertos apenas por la sábana.
—¿A quién le estás escribiendo? —preguntó Jimena con voz melosa, hundiendo el rostro en la espalda de Emiliano.
Él respondió sin rodeos.
—Le mandé un mensaje a Valentina. Tengo que mantener el contacto con ella si no queremos que todo nuestro esfuerzo se vaya a la basura. Resulta que conozco a varios empresarios; necesito buscar un nuevo inversionista para que Adrián deje de ser el que sostiene al Grupo Buenavista.
Jimena sonrió, complacida.
—Ojalá lo consigas pronto. Uno que nos favorezca a nosotros.
—Por supuesto. Ya lo tengo pensado —respondió él.
Jimena adoptó un tono grave.
—Cuando tengamos al nuevo inversionista y Valentina se divorcie de Adrián, tienes que casarte con ella de inmediato. Después trazamos el plan para deshacernos de Valentina y así nos apoderamos del Grupo Buenavista lo antes posible.
Emiliano esbozó una sonrisa apenas perceptible, sin volverse a mirarla. Al parecer tenía planes distintos. Tal vez porque ya se había enamorado de Valentina y no era capaz de matarla. Una vez que se apoderara del Grupo Buenavista, se encargaría de que Valentina viviera sometida a él, obediente y dócil.
—Pero ¿y si Adrián no la deja ir? —insistió Jimena.
La respuesta de Emiliano fue glacial.
—Lo elimino.
Jimena palideció al escucharlo.
—¿Crees que sea tan fácil eliminarlo?
Emiliano curvó los labios en una sonrisa ladina.
—¿Ya se te olvidó lo que le hice a Fernanda?
Jimena se puso lívida de golpe.
—Shhh... no vuelvas a hablar de eso.
Emiliano sonrió, rebosante de orgullo.
—En aquella época me deshice de alguien sin ningún problema y borré todas las pruebas. Quedé limpio ante la policía. Haré lo mismo con Adrián. Él se atrevió a meterse en mi camino.
La verdad era que Emiliano vivía en un estado de agitación constante. Lo carcomía la inquietud, la idea intolerable de que Adrián pudiera tocar a Valentina. No lo iba a permitir jamás. Valentina era suya y de nadie más.
Por eso necesitaba verla esa noche. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera con tal de poseerla por completo.
Bip... bip... bip...
El celular vibró. Había recibido una respuesta de Valentina.
[Está bien, veámonos.]
Emiliano dejó escapar una sonrisa retorcida.
—Sé que ya eres la esposa de otro, Valentina. Pero no importa cuánto tiempo pase: siempre vas a ser mía.
...
Esa noche, Emiliano esperaba la llegada de Valentina en un reservado VVIP. Antes de que ella apareciera, vertió con cuidado un afrodisíaco en la copa que le había preparado.
—Valentina será tu esposa, Adrián. Pero su corazón y su cuerpo me pertenecen a mí —murmuró con una mueca afilada.
Poco después se oyó el sonido de la puerta al abrirse.
Clic...
Emiliano se puso de pie con una sonrisa, listo para recibirla.
—Val...
Pero se quedó a medio camino. La sonrisa se le borró del rostro en cuanto vio quién había entrado.