Valeria Salcedo se fue de México sin explicar la verdad: estaba enferma, sola y convencida de que dejar a Alejandro Alcázar era la única forma de no arruinarle la vida.
Tres años después, vuelve decidida a empezar de cero con su papá y un nuevo trabajo. Pero el primer proyecto que recibe la pone frente a Camila Rivas, la nueva novia de Alejandro. Una mujer dulce frente a todos, venenosa cuando nadie mira.
Alejandro ya no es el hombre que la amaba. Ahora la humilla, la duda, la acusa y protege a otra con la misma ternura que antes era solo para ella.
Valeria intenta mantenerse lejos, pero cada encuentro abre una herida vieja. Entre mentiras, escándalos, accidentes y nuevas oportunidades, tendrá que decidir si sigue atada al amor que la destruyó o si por fin se elige a sí misma.
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Capítulo 17
Capítulo 17
Al día siguiente fui al restaurante.
Santiago me esperaba en la entrada. Se veía cansado, distinto. Ya no tenía esa ligereza que antes usaba como escudo.
En el reservado había una mesa llena de mis platillos favoritos.
—Valeria, sé que tienes dudas —dijo—. Hoy te voy a contar.
Me senté frente a él.
—¿Por qué no contestabas? ¿Por qué en casa de Emiliano actuaste como si no me conocieras? ¿Qué somos, Santiago? ¿Amigos o ya ni eso?
Él guardó silencio.
Me levanté.
—Si me llamaste para tratarme como extraña, mejor lo dejamos.
Su voz me alcanzó.
—Me voy a comprometer con Renata.
Me detuve.
—Eso es bueno. Ella te quiere, es bonita, directa. ¿Por qué esa cara?
Santiago soltó una risa seca.
—El Grupo Robles se está hundiendo. La esposa de mi padre filtró información a un amante. Yo hice que la trampa se cerrara.
Lo miré.
Me contó que Julián Robles levantó su empresa con la familia de la madre de Santiago y después los sacó del consejo. Su madre, destrozada por la traición y por la secretaria que luego se volvió esposa, murió deprimida. Su abuela sospechaba que esa muerte no fue tan simple, por eso lo mandó a estudiar lejos y le pidió no meterse en la empresa.
—Volví para juntar pruebas. Encontré la oportunidad y usé las relaciones de mi abuelo para tirar a Julián. El Grupo Robles cayó por mí.
Se recargó en la silla.
—Tengo las acciones de mi madre. Para recuperar lo que era de ella necesito un aliado fuerte.
—La familia Fuentes.
Asintió.
—¿Entonces te comprometes con Renata por eso?
No lo negó.
—Ella te quiere de verdad —dije—. Si decides casarte con ella, no la lastimes.
Santiago miró su vaso.
—No lo haré. No voy a repetir la historia de mi madre.
Sacó una caja.
Reconocí el Patek Philippe.
—Acéptalo. Es el último regalo que te doy. Después de comprometerme, ya no voy a...
No terminó.
Entendí.
Tomé la caja.
Por primera vez, él sonrió de verdad.
—Valeria, tienes que ser feliz. Si Emiliano te trata mal, dímelo. No lo voy a perdonar.
—Será tu cuñado. ¿Te atreves?
—A ti nadie te toca.
Tres días después fue el compromiso de Santiago y Renata en el Hotel Casa.
La decoración era sencilla y elegante, estilo occidental. Renata llevaba vestido rojo, escote profundo y el cabello en ondas. Santiago, traje gris claro y moño vino. Juntos se veían como portada de revista.
Él dio un discurso impecable. Agradeció a los invitados y prometió cuidar a Renata toda la vida.
Ella lloró.
Yo aplaudí con los demás.
Más tarde llegaron a nuestra mesa con copas.
—Felicidades —dije—. Están guapísimos. Parecen hechos para estar juntos.
Renata sonrió como una niña feliz.
Santiago sonrió menos. Le lancé una mirada para que no arruinara el momento. Él entendió y levantó un poco más la boca.
Vi el anillo en la mano de Renata. Oro trabajado, pequeños diamantes y una piedra roja en el centro.
—Es de la mamá de Santi —dijo ella, orgullosa—. Una joya de familia. ¿Verdad que está hermoso?
—Muchísimo.
—Cuando tú y mi hermano se comprometan, seguro mamá también te dará algo importante.
Sonreí sin saber qué decir.
Emiliano recibió una llamada de trabajo.
—Tardaré un poco. Si te aburres, camina.
Fui por bocadillos. Vi a Alejandro y Camila juntos. Él conversaba con otros, pero su mirada era fría. Camila me vigilaba.
Bebí dos cocteles dulces. Al principio no sentí nada. Luego la cabeza empezó a flotar.
Busqué el baño y bajé por el pasillo equivocado.
Vi el letrero WC y entré sin pensar.
Choqué con alguien.
—Perdón.
Levanté la vista.
Alejandro.
Mi corazón se detuvo un segundo.
El alcohol me hizo recordar una reunión universitaria de años atrás, cuando bebí de más y él me cargó para limpiarme aunque odiaba ensuciarse.
Lo miré demasiado.
Mis dedos rozaron su cara.
Él se tensó.
—¿Qué juego estás jugando ahora?
Desperté.
—Perdón. Te confundí.
Su mirada se volvió más oscura.
—¿Con Santiago o con Emiliano? ¿Así pescas hombres?
Me jaló de la muñeca.
Forcejeé.
Entonces afuera se oyeron voces masculinas.
Alejandro me metió a un cubículo y cerró.
—Es el baño de hombres. Cállate si no quieres hacer el ridículo.
Dos hombres entraron. Hablaban de mí.
—Esa es la ex de Alejandro y ahora novia de Emiliano. Qué talento.
—Con esos ojos de santa, seguro en la cama es otra cosa.
Me ardió la cara. Quise salir a reclamar.
Alejandro me jaló.
El cubículo era pequeño. Caí contra su pecho.
Antes de reaccionar, me besó.
a y como midiera emiliano que como hombre acepta este tipo de cosas y aun asi sigue detrás de ella
esta esceitora pone a la mujer peor que una botella vacía de agua en l alcalde pateada hasta por el perro callejero