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Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Un Amor De Dos Dioses Y Una Mortal

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Romance / Fantasía LGBT
Popularitas:561
Nilai: 5
nombre de autor: Damian Benitez

una mujer llamada Sara, trabaja todos los días para que el dios Zeus no destruya la tierra, Ares y Afrodita se enamoran de ella (LGBTQI+)

NovelToon tiene autorización de Damian Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: La verdad sale a la luz

Un viento violento recorrió la plaza.

Los faroles se apagaron uno tras otro y la música cesó por completo. Los habitantes del pueblo retrocedieron aterrados mientras observaban a la misteriosa mujer de cabellos oscuros que permanecía sobre el campanario.

Solo Sara dio un paso al frente.

Aunque sus piernas temblaban, se colocó delante de Daniel y de los niños del pueblo.

—No se acerquen —les dijo en voz baja.

La desconocida sonrió.

—Incluso con miedo... sigues protegiendo a los demás.

Sara levantó la vista.

—¿Quién eres?

La mujer hizo una elegante reverencia.

—Soy Eris, la diosa de la discordia.

Un murmullo de terror recorrió la plaza.

—¿Una... diosa?

Algunos comenzaron a arrodillarse.

Otros echaron a correr.

Sara permaneció inmóvil.

Si los dioses existían...

Entonces el ultimátum de Zeus era real.

Ocultos entre la multitud, Ares y Afrodita intercambiaron una mirada.

—Esto salió mal... —susurró Afrodita.

Ares apretó los puños.

—Eris está rompiendo las reglas.

—Si usamos nuestros poderes, Zeus nos castigará.

—Y si no hacemos nada, ella podría lastimar a Sara.

El dios de la guerra dio un paso al frente.

Afrodita lo sujetó del brazo.

—Espera.

Eris descendió lentamente hasta la plaza.

Cada paso hacía que el suelo vibrara.

Sonrió al observar el miedo de los mortales.

—Qué fácil es sembrar el caos...

Su mirada se detuvo en Sara.

—Y tú debes ser la famosa muchacha de la que todos hablan.

Sara respiró hondo.

—Si has venido a hacer daño, tendrás que pasar por mí.

Eris soltó una carcajada.

—¿Tú?

Con un simple movimiento de su mano, una poderosa ráfaga de viento empujó a Sara varios metros hacia atrás.

Ares dio un paso instintivo.

Pero Sara volvió a levantarse.

Tenía las rodillas raspadas y las manos llenas de polvo.

Aun así...

Seguía de pie.

—No pienso huir.

Eris levantó una ceja.

—Interesante.

Desde el Olimpo, Zeus observaba todo a través del Espejo del Mundo.

—Eris...

Hermes habló con preocupación.

—¿Vas a detenerla?

Zeus respondió con calma.

—Quiero ver qué hace Sara.

Atenea lo miró sorprendida.

—¡Es una mortal!

—Precisamente.

En la plaza, Eris creó una esfera de energía oscura sobre la palma de su mano.

—Dime, Sara...

¿Qué harás contra una diosa?

Los vecinos comenzaron a gritar.

Daniel quiso correr hacia su hermana.

Pero don Ernesto lo sujetó.

—¡No!

Sara tragó saliva.

Sabía que no tenía ninguna posibilidad de vencer.

Sin embargo...

No podía permitir que atacara a los demás.

Abrió los brazos para proteger a los niños.

—Si quieres hacer daño...

Hazlo conmigo.

El silencio se apoderó de la plaza.

Incluso Eris pareció sorprendida.

—¿Estás ofreciendo tu vida?

Sara cerró los ojos.

—Si eso salva a los demás...

Sí.

Aquellas palabras fueron la gota que colmó el vaso para Ares.

—¡Basta!

Una explosión de energía roja sacudió toda la plaza.

El disfraz mortal desapareció.

Una brillante armadura de bronce cubrió su cuerpo.

Una capa escarlata ondeó detrás de él.

En su mano apareció una enorme lanza.

Los habitantes del pueblo quedaron paralizados.

—¿Ario...?

Sara abrió los ojos lentamente.

No podía creer lo que veía.

El joven amable que apenas estaba aprendiendo a bailar...

Era un dios.

Ares levantó la lanza y se colocó delante de Sara.

—No volverás a tocarla.

Eris sonrió.

—Sabía que caerías en la trampa.

Afrodita suspiró.

—Supongo que ya no tiene sentido ocultarlo.

Una luz rosada envolvió su cuerpo.

Su vestido mortal desapareció, transformándose en un elegante atuendo divino adornado con oro y perlas.

Su presencia iluminó toda la plaza.

Las flores marchitas comenzaron a florecer nuevamente a su alrededor.

Sara dio un paso atrás.

—¿Afro...?

Afrodita la miró con ternura.

—Perdón por haberte mentido.

Los habitantes del pueblo cayeron de rodillas.

Algunos comenzaron a rezar.

Otros lloraban.

Daniel observaba fascinado.

—¡Mi hermana estuvo bailando con dos dioses!

A pesar de la tensión, aquella frase hizo que varios vecinos soltaran una risa nerviosa.

Sara, sin embargo, permanecía inmóvil.

Sentía que el mundo entero acababa de ponerse de cabeza.

Recordó todas las conversaciones.

Las sonrisas.

Los bailes.

Y comprendió la verdad.

—Ustedes...

Ares bajó la mirada.

—Sí.

—Somos dioses del Olimpo.

Antes de que Sara pudiera responder, un rayo cayó desde el cielo con una fuerza ensordecedora.

La tierra tembló.

Las nubes se abrieron.

Y una voz poderosa hizo que todos se arrodillaran por instinto.

—¡ARES! ¡AFRODITA!

Era Zeus.

Su voz resonaba desde los cielos.

—HAN DESOBEDECIDO MI ORDEN UNA VEZ MÁS.

Ares dio un paso al frente, sosteniendo su lanza.

—Padre...

—REGRESEN AL OLIMPO.

Afrodita miró a Sara por última vez.

En sus ojos había preocupación... y tristeza.

Sara no entendía qué estaba ocurriendo.

Solo sabía una cosa.

Las dos personas que había empezado a considerar amigas...

No eran humanas.

Y ahora el mismísimo rey de los dioses las estaba llamando.

Mientras el cielo rugía con más fuerza, Eris sonrió satisfecha.

Su plan había funcionado.

El secreto se había revelado.

Y a partir de ese momento, la vida de Sara jamás volvería a ser la misma.

Fin del Capítulo 13.

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