sin espoiler
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DEMASIADO TARDE
La mañana había comenzado con una actividad poco habitual en la mansión.
Varios hombres de Christopher entraban y salían del recibidor.
Maletas.
Documentos.
Teléfonos.
Trajes perfectamente preparados.
Christopher tenía que viajar por negocios.
Una reunión importante lo esperaba fuera de España y, aunque no le agradaba ausentarse después de descubrir que alguien estaba intentando apoderarse de sus rutas, no podía posponerla.
Mirelith estaba junto a él mientras revisaba por última vez su equipaje.
—¿Cuántos días estarás fuera?
—Tres.
—¿Solo tres?
Christopher sonrió.
—Intentaré que sean menos.
Mirelith lo miró con cierta preocupación.
—Después de lo que ocurrió con la alianza...
—Mis hombres estarán pendientes de todo.
Christopher cerró su maleta.
—Además, no estarás sola.
Mirelith levantó una ceja.
—¿Quién se supone que me cuidará?
Christopher señaló hacia la puerta.
Kalel estaba allí.
—Mi hijo.
Kalel cruzó los brazos.
—No necesito que me recuerdes mis responsabilidades.
Christopher lo miró seriamente.
—No es una responsabilidad. Es una petición.
Después volvió su atención hacia Mirelith.
—Si necesitas cualquier cosa, me llamas.
—Lo haré.
Christopher se acercó a ella y le dio un abrazo breve y afectuoso antes de tomar su maleta.
—Cuídate, mi niña.
—Tú también.
Kalel observó la escena en silencio.
Aquella despedida volvió a despertar sus celos.
Christopher se marchó finalmente acompañado por sus hombres.
El automóvil desapareció por el camino principal.
Mirelith permaneció unos segundos mirando la entrada.
Después regresó al interior.
Kalel seguía allí.
—Bueno —dijo él—. Parece que somos los únicos que quedamos.
Mirelith lo miró.
—Sí.
—Podríamos hacer algo.
—¿Como qué?
Kalel sonrió.
—Salir.
Mirelith negó con la cabeza.
—No creo que sea buena idea.
—¿Por qué?
—Porque Christopher acaba de irse a trabajar y yo prefiero quedarme tranquila.
Kalel intentó disimular su frustración.
—Solo sería una salida.
—No, Kalel.
La respuesta fue tranquila, pero firme.
Él suspiró.
—Sigues siendo igual.
Mirelith lo miró con cierta sorpresa.
—¿Igual a qué?
—A como eras antes.
Ella negó lentamente.
—No, Kalel.
—¿No?
—Ya no soy la misma persona que conociste cuando éramos novios.
Kalel guardó silencio.
Aquello era precisamente lo que no quería escuchar.
Durante los siguientes minutos, ambos permanecieron en el salón.
Hasta que Kalel finalmente decidió intentarlo.
—Mirelith.
—¿Sí?
—He estado pensando.
Ella dejó su teléfono sobre la mesa.
—¿En qué?
Kalel respiró profundamente.
—En nosotros.
Mirelith comprendió inmediatamente hacia dónde iba aquella conversación.
—Kalel...
—Espera.
Él levantó una mano.
—Déjame hablar.
Ella asintió.
—Sé que fui yo quien terminó contigo.
Mirelith bajó la mirada.
—Sí.
—Y sé que después pasó mucho tiempo.
Hizo una pausa.
—Pero creo que cometí un error.
Mirelith permaneció callada.
Kalel continuó.
—Quiero que volvamos.
Ella lo miró directamente.
—No.
La respuesta fue tan inmediata que Kalel se quedó paralizado.
—¿Ni siquiera lo vas a pensar?
—Ya lo pensé.
—Pero...
—Kalel, pasó un año.
Él se levantó.
—Las personas pueden cambiar.
—Lo sé.
—Entonces dame una oportunidad.
Mirelith negó con la cabeza.
—No puedo.
Kalel sintió una mezcla de frustración y tristeza.
—¿Es por mi padre?
—No.
Aquella respuesta lo sorprendió.
—Entonces, ¿por qué?
Mirelith respiró profundamente.
—Porque ya no te amo.
Silencio.
Kalel no esperaba escuchar esas palabras de una manera tan directa.
Mirelith continuó:
—No te odio.
—Entonces...
—Y tampoco quiero que pienses que estoy contigo para hacerte daño.
Kalel bajó la mirada.
—Pero amas a mi padre.
Mirelith respondió con sinceridad.
—Sí.
Aquello dolió.
Mucho más de lo que Kalel quería admitir.
—¿Desde cuándo?
—No sé exactamente.
Ella sonrió ligeramente.
—Solo sé que cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde para fingir que no sentía nada.
Kalel se quedó mirando el suelo.
—¿Y conmigo?
Mirelith tardó unos segundos en responder.
—Lo que sentía por ti fue real.
—Entonces podríamos recuperar eso.
—No.
—¿Por qué?
—Porque el amor no funciona así.
Kalel levantó la mirada.
Mirelith continuó:
—No puedes terminar una relación, pasar un año lejos y después esperar que los sentimientos estén exactamente donde los dejaste.
Él no respondió.
Ella se levantó.
—Cuando terminaste conmigo, respeté tu decisión.
—Lo sé.
—No intenté obligarte a volver.
Kalel asintió lentamente.
—Lo sé.
—Entonces ahora necesito que tú respetes la mía.
Kalel cerró los ojos durante un instante.
Aquello era exactamente lo que más le dolía.
No podía discutir con ella.
No podía reclamarle.
Había sido él quien había abierto aquella puerta un año atrás.
Y ahora Mirelith había decidido no regresar.
—¿De verdad no queda nada?
Mirelith negó suavemente.
—Solo cariño por lo que vivimos.
Kalel soltó una pequeña risa triste.
—Supongo que eso es peor.
—No tiene por qué serlo.
—Para mí sí.
Mirelith permaneció en silencio.
Kalel caminó hacia una ventana.
Durante unos segundos no dijo nada.
Después habló:
—Cuando terminé contigo, pensé que algún día regresarías.
—Yo también pensé que quizá intentarías volver.
Kalel la miró.
—¿Y qué pasó?
Mirelith sonrió débilmente.
—Seguí adelante.
Él comprendió entonces que había perdido aquella oportunidad mucho antes de conocer a Christopher.
No había sido Christopher quien había destruido su relación.
No había sido Mirelith quien había elegido abandonarlo.
Había sido su propia decisión.
Kalel respiró profundamente.
—No sé cómo dejar de sentir celos.
Mirelith lo miró con comprensión.
—No tienes que resolverlo hoy.
—Pero no quiero seguir odiando a mi padre por esto.
—Entonces no lo hagas.
Kalel permaneció callado.
Mirelith tomó nuevamente su teléfono.
—Christopher te quiere mucho.
—Lo sé.
—Y tú también lo quieres.
Kalel soltó una pequeña sonrisa.
—Aunque a veces me vuelva loco.
Ella rio suavemente.
—Eso es más normal de lo que parece.
Por primera vez desde que Christopher se había marchado, la tensión disminuyó un poco.
Kalel seguía sintiendo celos.
Seguía doliéndole.
Pero comenzaba a entender que no podía obligar a Mirelith a sentir algo que ya no estaba allí.
Y, mientras ambos permanecían en el salón, muy lejos de aquella mansión, Christopher viajaba hacia su reunión.
Sin saber que, durante su ausencia, su hijo había intentado recuperar a la mujer que una vez había dejado ir.
Y que había recibido una respuesta definitiva.
Mirelith ya no lo amaba.
Su corazón estaba en otro lugar.
Con Christopher.