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Las Consecuencias De Una Noche...

Las Consecuencias De Una Noche...

Status: Terminada
Genre:CEO / Aventura de una noche / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:3
Nilai: 5
nombre de autor: Quel Santos

Evelyn Moore creía en el amor hasta que sorprendió a su novio en los brazos de la madrina de boda. Destrozada, huye hacia el caos de Manhattan, buscando anestesiar su dolor en una discoteca lujosa. Allí, su camino se cruza con el de Alexander Carter, un poderoso multimillonario que, después de ser drogado en una trampa, pierde el control de su fría realidad. Entre luces y sombras, dos almas en ruinas chocan. Lo que debió ser solo una huida impulsiva y anónima sella sus destinos para siempre, demostrando que las cenizas de una traición pueden alimentar un amor indomable.

NovelToon tiene autorización de Quel Santos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Alexander Carter cumplió treinta años rodeado de lo que la mayoría de los hombres llamarían paraíso, pero que él reconocía solo como una jaula dorada. La oficina en la cima de Carter Investments era su reino, un monumento de vidrio y acero que ofrecía una visión panorámica de Manhattan, pero nada de lo que veía allá afuera lograba llenar el silencio que se había instalado en su pecho desde aquella noche en Vanguard.

Tres años habían pasado. Mil noventa y cinco días desde que despertó en aquella suite de hotel con el cuerpo marcado por uñas y el alma marcada por un perfume que se rehusaba a evaporar. Alex se sentaba en su sillón de cuero, girando una pluma de oro entre los dedos, los ojos fijos en un punto cualquiera del horizonte. La fusión de las gigantes de tecnología, el proyecto que había consumido cada gramo de su energía e intelecto, había sido finalmente consolidada. Él debería estar celebrando; él era el arquitecto del mayor negocio de la década, pero la victoria parecía gris.

—Lo estás haciendo de nuevo —la voz de Mark cortó el silencio de la sala, acompañada por el sonido de la puerta cerrándose.

Mark, su mejor amigo y la única persona que osaba atravesar sus barreras, arrojó una carpeta sobre la mesa. Él conocía aquella mirada de Alexander. Era la mirada de quien estaba cazando un fantasma.

—¿Haciendo qué? —preguntó Alex, sin moverse.

—Buscándola en medio de la nada. Alex, ya pasaron tres años. Has movido cielo y tierra, contratado investigadores, revisado cámaras, confrontado al Dr. Moore hasta dejarlo incómodo... y nada. La mujer desapareció porque quiso desaparecer. O tal vez, como te vengo diciendo hace milenios, ella fue solo un delirio causado por aquella droga experimental.

—No fue un delirio, Mark —replicó Alex, su voz descendiendo un octavo, cargada de una intensidad peligrosa—. Siento sus gemidos en mi oído cada vez que la oficina se queda demasiado silenciosa. Siento el olor de flor de naranjo cuando el viento sopla de cierta manera. Aquel beso... aquel beso no fue químico. Fue la cosa más real que me ha sucedido.

Se levantó y caminó hasta la ventana. El traje perfectamente cortado escondía las cicatrices emocionales, pero el peso en sus hombros era visible. Durante estos años, la presión para que se casara se había convertido en un ruido constante de fondo. Su madre organizaba cenas con herederas impecables; el consejo de la empresa sugería que una "figura familiar" traería más estabilidad a las acciones. Él había intentado, por puro cansancio, seguir el libreto. Había salido con mujeres deslumbrantes, pero la experiencia era siempre un fracaso. Tan pronto como los labios de otra mujer tocaban los suyos, él sentía una repulsión instintiva. El gusto era errado. La textura era errada. Nadie conseguía replicar la electricidad de aquella desconocida.

—El Dr. Moore me dijo nuevamente que Evelyn no tiene previsión de vuelta —comentó Alex, casi para sí mismo—. Él parece genuinamente triste cuando habla de ella. Llegué a pensar que ella podría ser la mujer de aquella noche, pero la idea parece absurda hasta para mí. ¿Cómo una novia traicionada acabaría en mis brazos en un hotel pocas horas antes de cancelar una boda?

—¡Exactamente! —exclamó Mark, gesticulando—. Es un absurdo. Evelyn Moore está probablemente en algún retiro espiritual en Europa o escondiéndose en una hacienda. Estás obsesionado por una silueta salmón que viste en una cámara de seguridad granulada. Necesitas seguir adelante.

Pero Alex no conseguía. A veces, en momentos aleatorios del día —en medio de una reunión de directorio o mientras firmaba un contrato de millones—, su pecho apretaba. Era una sensación súbita de alegría, seguida por una falta de aire, como si una parte de él estuviera viviendo una vida que él no conocía en otro lugar. Él no entendía de conexiones metafísicas, él creía en datos y resultados, pero aquella conexión lo estaba enloqueciendo.

Él se había convertido en un hombre aún más gélido. El "Iceberg de Manhattan" era como los tabloides lo llamaban ahora. A él no le importaba. Si no podía tener a la mujer que habitaba sus recuerdos, no tendría ninguna. Él estaba a la espera de que el destino, el mismo que lo drogó y lo arrojó en aquel laberinto de sensaciones, decidiera traerla de vuelta.

Lo que Alexander Carter no sabía, mientras observaba el movimiento de las luces allá abajo, era que el tiempo de espera estaba llegando al fin. Del otro lado de la ciudad, el silencio que envolvía el nombre de Evelyn Moore había sido finalmente quebrado. Ella estaba de vuelta al suelo neoyorquino, trayendo consigo secretos que harían la fusión de empresas de Alex parecer un detalle insignificante.

Aquella noche, antes de salir de la oficina, Alex tomó el periódico que Mark había dejado sobre la mesa. El titular hablaba sobre los nuevos consultores jurídicos que llegarían para la fase final de la fusión. Él no le dio importancia. Guardó el periódico en la gaveta, apagó las luces y salió. Él no sabía que la pieza que faltaba en su rompecabezas acababa de aterrizar en el JFK, y que el olor de flor de naranjo estaba a punto de tornarse mucho más que un recuerdo persistente.

Alexander Carter estaba listo para la guerra, pero no estaba preparado para lo que el destino había guardado para su trigésimo año de vida. La cacería al fantasma estaba a punto de tornarse un confrontamiento real, y el precio de la verdad sería más alto que cualquier fortuna que él ya hubiese acumulado.

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