En el escenario de la alta tecnología, la ambición no tiene escrúpulos y el amor es la moneda más peligrosa.
Linda Lennox es la heredera indiscutible de un imperio multimillonario, pero también la víctima de una coreografía de expectativas ajenas. Mientras ella se pregunta si su destino le pertenece, su hermana adoptiva, Thais, ejecuta en la sombra una fría venganza para arrebatarle su lugar y a su prometido.
Un exclusivo baile de máscaras será el punto de no retorno. Oculta tras un disfraz, Linda conocerá a James Darcy, el frío rival de su padre que no cree en las promesas vacías. Esa noche, la traición más dolorosa saldrá a la luz, obligando a Linda a descubrir quién es realmente y hasta dónde está dispuesta a llegar para reescribir su propio guion.
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CAPITULO 12. RECUERDOS EN LA TORMENTA.
El eco del gran escándalo seguía resonando con fuerza en cada rincón de Lennox Technologies. Las televisiones no daban tregua y los clientes más importantes llamaban exigiendo explicaciones inmediatas. Linda, contando con el apoyo incondicional de James y la ayuda constante de Thais, había tomado una decisión firme: afrontar la crisis con absoluta verdad. Sabía que la única forma de salvar el imperio era avisar oficialmente a los afectados, trabajar codo con codo con la policía y bloquear todos los sistemas para evitar nuevos robos de información.
En la sala de reuniones, Linda repasaba el texto definitivo que enviaría a los trabajadores y a las empresas asociadas.
—Vamos a ser totalmente honestos —sentenció Linda, mirando fijamente a James y a su hermana—. No vamos a ocultar absolutamente nada. Explicaremos qué ha pasado, qué documentos privados se han robado y qué medidas estamos tomando desde este mismo instante para solucionarlo.
James asintió, visiblemente satisfecho con la valentía de la joven.
—Dar la cara es la única forma real de recuperar la confianza perdida —añadió él—. Además, ya hemos informado a las autoridades competentes y solicitado asesoría legal por si este sabotaje tiene consecuencias penales para el culpable.
Mientras terminaban de pulir los últimos detalles del documento, Linda miró a James de reojo y un recuerdo inesperado acudió a su mente, transportándola a años atrás, cuando ambos eran solo unos jóvenes llenos de sueños en el sector tecnológico. Se habían conocido en una conocida competencia universitaria de innovación. Linda, siendo una estudiante aplicada, presentó un proyecto que dejó a todos con la boca abierta. James, que asistía como un brillante mentor invitado, quedó completamente impactado por el talento natural y la mirada decidida de aquella chica de veintiún años. Aunque sus vidas tomaron rumbos separados tras ese día, ambos guardaron en secreto la profunda admiración mutua que sintieron. Ahora, el caprichoso destino los unía de nuevo, pero en unas circunstancias muchísimo más peligrosas y personales.
Un golpe seco en la puerta rompió sus pensamientos. Era el jefe de seguridad del edificio.
—Tenemos novedades importantes —anunció el hombre con rostro serio—. El análisis del sistema demuestra que el traidor usó las claves robadas de un empleado de finanzas, pero sabemos que alguien entró físicamente a su oficina y tocó su ordenador personal días antes del baile de máscaras.
Linda arrugó la frente, sintiendo un escalofrío.
—¿Hay sospechas de quién pudo entrar a esa oficina?
—Aún no, jefa, pero mis hombres ya están revisando segundo a segundo las cámaras de seguridad de los pasillos y los registros de las tarjetas de entrada. Es solo cuestión de tiempo que tengamos una cara.
Thais, visiblemente inquieta y jugando nerviosa con sus dedos, interrumpió con una pregunta que delataba su propio miedo:
—¿Y si el responsable resulta ser alguien de nuestro círculo más íntimo?
Linda la miró en silencio, comprendiendo perfectamente el dolor oculto en esa pregunta. En ese edificio, la confianza se había convertido en un milagro. Antes de autorizar el envío del comunicado, Linda reunió a los directivos principales.
—Estamos ante la prueba más dura de nuestras vidas —declaró con una voz de acero—. Pero saldremos adelante. La confianza no se pide, se demuestra con hechos.
El mensaje fue enviado a miles de pantallas. En él, Linda explicaba el problema, pedía disculpas y ordenaba un cambio masivo de contraseñas. Al hacerse pública la noticia, el peso de ser la líder la abrumó por un segundo, pero la cercanía de James la sostuvo. Él se inclinó hacia ella y le susurró al oído:
—Has crecido muchísimo desde aquella competencia universitaria. Siempre supe que llegarías a lo más alto.
Linda le dedicó una sonrisa llena de gratitud. Sabía que la guerra por salvar Lennox Technologies acababa de empezar, pero ya no tenía miedo de luchar.