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La Rosa Sin Espinas

La Rosa Sin Espinas

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Edad media / Época / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: María Esperanza Mendoza

Catalina sufre el abandono y rechazo de su padre desde muy temprana edad al morir su madre. Es entregada a su tía la condesa viuda dónde crece entre los niños de muchos matrimonios experimentando el amor y la pasión de los hombres que la rodean hasta llegar al mismísimo rey de Inglaterra.

NovelToon tiene autorización de María Esperanza Mendoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Susurros entre los muros

Nunca imaginé que el sonido más peligroso de un palacio no fuera el de una espada desenvainada.

Era un susurro.

En la corte de Enrique VIII, las palabras nunca morían. Viajaban por los corredores de piedra, atravesaban salones iluminados por cientos de velas y encontraban refugio en los labios de damas, sirvientes y consejeros. Cada frase cambiaba un poco antes de llegar al siguiente oído, hasta convertirse en una verdad imposible de detener.

Y, poco a poco, comencé a sentir que esos susurros hablaban de mí.

Todo empezó con miradas.

Cuando Thomas Culpeper y yo coincidíamos durante una recepción, algunos cortesanos dejaban de conversar apenas un instante. Otros fingían no observarnos mientras seguían cada uno de nuestros movimientos.

No había ocurrido nada impropio.

Jamás permanecíamos a solas.

Sin embargo, la cercanía que había nacido entre nosotros resultaba suficiente para despertar la imaginación de una corte que vivía de los rumores.

Una mañana, mientras caminaba por la galería de tapices acompañada por mis damas, escuché dos voces que se apagaron al verme acercar.

—...demasiado frecuente...

—Silencio... ahí viene Su Majestad.

Las jóvenes hicieron una reverencia exagerada.

Sonrieron.

Pero sus rostros habían perdido el color.

Continué caminando sin decir una palabra.

Solo cuando doblé el corredor permití que el aire escapara lentamente de mis pulmones.

Sabía perfectamente de qué hablaban.

Aquella tarde encontré a Thomas junto a la biblioteca del palacio.

Su expresión era distinta.

Más seria.

—Majestad —saludó inclinando la cabeza.

—Lord Culpeper.

Durante unos segundos ninguno de los dos habló.

Finalmente fue él quien rompió el silencio.

—Empiezan a observarnos.

Sentí un escalofrío.

Yo también lo había notado.

—Quizá solo sea nuestra imaginación.

Thomas negó con suavidad.

—En esta corte, la imaginación suele convertirse en acusación.

Sus palabras quedaron suspendidas entre nosotros.

Comprendí entonces que debía poner distancia.

No porque hubiera dejado de apreciar su compañía.

Sino porque cada conversación podía convertirse en un arma contra ambos.

Aquella noche asistimos a un banquete ofrecido por embajadores extranjeros.

La música llenaba el gran salón mientras las copas de plata chocaban unas contra otras.

El rey parecía satisfecho.

Reía con fuerza y hablaba orgulloso de Inglaterra.

Yo ocupaba mi lugar a su lado, procurando que mi atención no se desviara.

Sin embargo, sentía el peso de muchas miradas.

Al levantar la vista descubrí que Thomas conversaba con varios caballeros al otro extremo del salón.

Durante apenas un instante nuestras miradas se cruzaron.

Fue suficiente.

Lady Rochford, situada algunos asientos más abajo, siguió aquel intercambio con atención.

No dijo nada.

Pero la ligera curva de sus labios bastó para inquietarme.

Había personas que encontraban poder en los secretos de los demás.

Y la corte estaba llena de ellas.

Los días siguientes comenzaron los pequeños cambios.

Thomas evitaba acercarse demasiado.

Yo procuraba permanecer siempre rodeada de mis damas.

Si coincidíamos en un pasillo, bastaba una inclinación de cabeza antes de continuar cada uno por su camino.

Era una prudencia necesaria.

Y, sin embargo, aquella distancia dolía más de lo que estaba dispuesta a reconocer.

Una tarde, mientras contemplaba la lluvia caer sobre los jardines, mi doncella se acercó con cautela.

—Majestad...

—¿Sí?

—Dicen que algunos consejeros comentan que ciertos caballeros reciben demasiada atención de la reina.

Sentí que el mundo parecía detenerse.

—¿Quién lo dice?

La joven bajó la mirada.

—Nadie se atreve a pronunciar nombres. Solo... hablan.

Eso era lo peor de los rumores.

No tenían rostro.

No podía enfrentarlos.

No podía desmentirlos.

Solo crecían.

Aquella noche, Enrique VIII me encontró especialmente callada.

—Parecéis preocupada.

Le sonreí con el mayor esfuerzo que fui capaz de reunir.

—Son solo los asuntos de la corte.

El rey tomó mi mano.

—No permitáis que las habladurías os roben la paz. La corte siempre necesita inventar historias para entretenerse.

Sus palabras pretendían tranquilizarme.

Sin saberlo, acababan de confirmar mi mayor temor.

Las historias ya habían comenzado.

Y en Inglaterra, una historia repetida suficientes veces podía convertirse en una sentencia.

Mientras observaba las llamas de la chimenea consumir lentamente un tronco de roble, comprendí que mi mayor enemigo ya no era el pasado que regresaba para atormentarme.

Era el presente.

Un presente tejido con miradas furtivas, conversaciones interrumpidas y susurros que recorrían los muros del palacio como un viento imposible de detener.

Sin que nadie lo supiera, el destino empezaba a cerrarse sobre mí con la misma paciencia con la que una telaraña atrapa a su presa.

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Arisleidy Alvarez Santana
aparentemente parece buena vamos a ver 🤭
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