Esta historia comienza con un humilde pescador y una joven que llega a la ciudad de Cartagena en busca de trabajo y de su madrina, con quien espera vivir después de perder a su madre. Un día, mientras recorre la playa buscando a su tía, una vendedora ambulante, se acerca al mar porque le encanta el agua. Deja su maleta por un momento en la orilla, pero una fuerte ola se la lleva. Sin pensarlo dos veces, entra al mar para recuperarla y sale con una elegancia que parece la de una verdadera sirena. Al verla, el pescador queda fascinado y desde ese día comienza a llamarla "Sirena Encantada
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Capítulo 6: Sirena Encantada
Después de terminar de vender el pescado con mi papá, regresamos a la casa. Ese día habíamos vendido de todo: bocachicos, mojarras, róbalos, pargos, corvinas, sierras, bagres y jureles. Gracias a Dios, la venta había estado buena.
Mientras mi papá guardaba las canastas y limpiaba las redes, yo no podía dejar de pensar en aquella muchacha que había visto salir del mar.
No sabía quién era.
Ni cómo se llamaba.
Solo recordaba aquella imagen.
—Parece una sirena... —murmuré.
Entré a mi cuarto, saqué un cuaderno viejo donde escribía todas mis canciones y tomé un lapicero.
Las palabras empezaron a salir solas.
En la primera hoja escribí un título.
"Sirena Encantada".
Sonreí.
Ese nombre me gustaba.
Comencé a escribir la letra mientras imaginaba las olas del mar.
Cada verso hablaba de una muchacha que apareció entre el agua como si el Caribe la hubiera traído hasta la orilla.
Estaba tan inspirado que ni siquiera sentía el paso del tiempo.
De repente escuché una voz detrás de mí.
—¡Ajá! ¿Y ahora qué estás haciendo?
Era mi hermana, Yurani.
Escondí un poco el cuaderno.
—Nada.
Ella se acercó más rápido que un rayo y me lo quitó de las manos.
—¡Ve! ¿Qué dice aquí?
Empezó a leer en voz alta.
—"Sirena Encantada..."
Me miró y soltó una carcajada.
—¡Ay, Cristian! Vos sí vivís en las nubes.
Intenté quitarle el cuaderno.
—Devolvémelo.
Pero salió corriendo por toda la casa.
—¡Abuela! ¡Papá! ¡Vengan a ver! ¡Mi hermanito ya está escribiéndole canciones a una sirena!
Mi abuela Rosa se asomó desde la cocina.
—¿Y ahora qué hicieron ustedes dos?
Yurani seguía riéndose.
—Dice que vio una sirena en la playa.
—No era una sirena de verdad.
—¡Ajá! Entonces era una mojarra gigante.
Todos comenzaron a reírse.
Yo sentía que la paciencia se me estaba acabando.
—Ya dejá la mamadera de gallo.
Pero ella no hacía caso.
Se aclaró la garganta y empezó a imitarme.
—¡Lleve el bocachico! ¡Lleve la mojarra! ¡Lleve el pargo! ¡Lleve el róbalo! ¡Lleve la corvina! ¡Lleve la sierra! ¡Lleve el bagre! ¡Lleve el jurel!
Hasta caminaba igual que yo cuando vendía.
Mi papá soltó una risa.
Mi abuela también trató de aguantarla, pero terminó riéndose.
Yo crucé los brazos.
—¿Ya terminaste?
Ella negó con una sonrisa.
—Todavía no.
Se volvió hacia mí.
—Vos creés que algún día vas a ser cantante.
—¿Y cuál es el problema?
—El problema es que no vas a llegar lejos.
Esas palabras sí me dolieron.
La miré fijamente.
—¿Por qué decís eso?
—Porque sí. Lo único que sabés hacer es vender pescado. Ese es tu trabajo y ya.
Sentí un nudo en la garganta.
—También sé escribir canciones.
Ella soltó una risa burlona.
—Canciones que nadie va a escuchar.
No aguanté más.
—¡Dejá de burlarte de mí!
Ella tampoco se quedó callada.
—¿Y vos dejá de vivir soñando!
Los dos empezamos a discutir.
Mi papá se puso de pie enseguida.
—¡Ya basta los dos!
Mi abuela levantó la voz.
—En esta casa no quiero gritos.
Los dos guardamos silencio.
Yurani bajó la mirada unos segundos.
Yo respiré profundo para calmarme.
Mi papá puso una mano sobre mi hombro.
—Mijo, seguí trabajando y seguí escribiendo si eso te hace feliz. No dejés que nadie te quite las ganas de luchar por lo que te gusta.
Miré mi cuaderno, lo tomé nuevamente entre mis manos y sonreí un poco.
No respondí nada.
Solo volví a abrir la hoja donde estaba escrito el título de aquella canción.
"Sirena Encantada".
Tomé el lapicero y seguí escribiendo, porque, aunque muchos se burlaran de mis sueños, nadie podía impedirme cantar ni escribir las historias que nacían desde lo más profundo de mi corazón.