Su primer destino fue servir a la corona. murió por ello. Ahora, con su segunda oportunidad, Auren cumplirá su sueño y conocerá lo que es el amor
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Capitulo 3
Los minutos parecieron eternos.
Finalmente, la puerta volvió a abrirse.
La directora salió con expresión seria.
Parecía molesta.
Muy molesta.
La pareja regresó junto a Auren.
La mujer se arrodilló para quedar a su altura.
—Auren.
La niña levantó lentamente la vista.
—Hemos hablado mucho con la directora.
Auren sintió un nudo en el estómago.
—¿Y...?
La mujer tomó con delicadeza una de sus pequeñas manos.
Estaban tibias.
Suaves.
Nadie la había sujetado así en toda su vida.
—Si tú quieres... nos gustaría que fueras nuestra hija.
El tiempo pareció detenerse.
Auren no respondió.
Simplemente la observó.
Creía haber escuchado mal.
El hombre sonrió con cierta torpeza.
—No somos nobles. Ni ricos. Tenemos una panadería en un pueblo cercano. Trabajamos mucho y la casa no es grande, pero siempre está llena de comida... y de risas.
La mujer rio bajito.
—Mi esposo exagera un poco.
—Solo un poco.
Ella volvió a mirar a Auren.
—Perdimos a nuestra hija hace muchos años. Pensamos que nunca volveríamos a abrir nuestro corazón, pero cuando te vimos... sentimos algo muy difícil de explicar.
Auren seguía completamente inmóvil.
Aquellas palabras despertaban un dolor que desconocía.
En su primera vida jamás alguien la había elegido.
Había sido seleccionada.
Entrenada.
Preparada.
Utilizada.
Nunca querida.
La directora habló con evidente desgano.
—La corona fue informada del extraño cambio en su apariencia. Consideran que ya no cumple con el perfil que buscaban. Así que pueden adoptarla.
Auren levantó lentamente la cabeza.
—¿La... corona...?
—Han retirado el interés.
Aquellas palabras resonaron una y otra vez dentro de ella.
El destino acababa de desviarse.
El carruaje real ya no vendría por ella.
La mujer acarició suavemente su mejilla.
—No tienes que responder enseguida. Pero si aceptas... prometo que nunca volverás a sentirte sola.
Los ojos de Auren comenzaron a humedecerse.
Intentó contenerse.
De verdad lo intentó.
Pero llevaba una vida esperando escuchar algo parecido.
Las lágrimas terminaron cayendo una tras otra.
La mujer la abrazó sin hacer preguntas.
Sin exigir explicaciones.
Solo la abrazó.
Auren permaneció rígida durante unos segundos.
Después, muy despacio, levantó los brazos y devolvió el abrazo con una inseguridad que rompía el corazón.
El hombre desvió discretamente la mirada para esconder el brillo de sus propios ojos.
Tres días después, Auren abandonó el orfanato llevando una pequeña maleta con toda su ropa.
Nadie fue a despedirla excepto algunos niños con los que había compartido habitación.
La directora únicamente firmó los documentos antes de regresar a su oficina.
Cuando el carruaje comenzó a alejarse, Auren observó el edificio por la ventanilla.
Durante años creyó que aquel lugar era el inicio inevitable de una vida de sufrimiento.
Ahora lo veía desaparecer poco a poco en el camino.
La mujer sentada junto a ella notó que permanecía en silencio.
Con mucho cuidado tomó su mano.
—¿Estás asustada?
Auren asintió.
—Un poco.
—Es normal.
—¿Y si hago algo mal?
La mujer sonrió con ternura.
—Aprenderemos.
El hombre soltó una pequeña carcajada desde el asiento delantero.
—Créeme, yo hago muchas cosas mal todos los días y tu madre todavía no me echa de casa.
—Porque alguien tiene que cuidar de ti.
Los dos comenzaron a discutir de manera tan natural que Auren terminó observándolos con sorpresa.
Aquella conversación no tenía gritos.
No había humillaciones.
Solo dos personas bromeando mientras compartían el mismo camino.
Sin darse cuenta, sus dedos comenzaron a sujetar con un poco más de fuerza la mano de su nueva madre.
Y, por primera vez desde que despertó en el pasado, el miedo dejó de ocupar todo el espacio dentro de su corazón. Allí, en medio de un carruaje sencillo y junto a dos desconocidos que acababan de convertirla en su hija, nació una esperanza que jamás había conocido.