NovelToon NovelToon
La Joven Amante Del Lycano

La Joven Amante Del Lycano

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Hombre lobo / Mundo de fantasía
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

La Joven Amante del Lycano

Clara solo tenía dieciocho años cuando conoció al hombre que cambiaría su destino.

Sebastián era siete años mayor, atractivo, elegante y dueño de un encanto imposible de ignorar. Todo en él parecía perfecto: su sonrisa, sus atenciones y la forma en que la hacía sentir la única mujer del mundo.

Lo que Clara no sabía era que, desde el primer día, él le ocultaba el secreto más importante de su vida.

Mientras ella se enamora perdidamente, Sebastián observa, calcula y nunca deja nada al azar. Para él, perder a Clara no es una opción. Y cuando descubre cuál es la única cosa capaz de alejarla para siempre, decide adelantarse a su destino... aunque tenga que atarla a él de la forma más irreversible.

Pero Sebastián no es un hombre cualquiera.

Es un lycano.

Y cuando un lycano decide que alguien le pertenece, no acepta un "no" como respuesta.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El mirador

—Ya casi llegamos.

Clara caminaba unos pasos por delante de Sebastián, subiendo por un estrecho sendero rodeado de árboles. El viento agitaba suavemente su vestido floreado mientras el sol comenzaba a descender detrás de las montañas.

—¿Falta mucho? —preguntó él.

—Solo un poco. Te prometo que valdrá la pena.

Ella se giró un instante para dedicarle una sonrisa.

Sebastián la sostuvo con la mirada.

Sonreía sin esperar que nadie le devolviera la sonrisa.

Sebastián no estaba acostumbrado a eso.

Cuando alcanzaron la cima, Clara abrió los brazos como quien presenta un escenario.

—¡Aquí está!

Frente a ellos se extendía todo Riverside.

Las pequeñas casas parecían diminutas entre el verde de los campos. El río atravesaba el valle como una cinta plateada y, a lo lejos, el viento hacía bailar las copas de los árboles.

Sebastián no miró el paisaje.

Miró la expresión de Clara.

Ella contemplaba aquel lugar con un orgullo que no necesitaba testigos. Un orgullo antiguo, heredado, que no tenía nada que ver con impresionar a nadie.

—¿Te gusta? —preguntó con ilusión.

—Mucho.

Y, por primera vez en toda la tarde, no estaba mintiendo.

No era el paisaje.

Era verla disfrutarlo sin saber que la estaban observando.

Sebastián calculó la distancia hasta el pueblo. Veinte minutos a pie por un sendero sin bifurcaciones. Sin cobertura en la cima.

Perfecto.

Sacó su cámara.

Comenzó a fotografiar el horizonte. Después el río. Las montañas. El cielo.

Clara lo observaba con curiosidad.

—¿Siempre llevas una cámara?

—Siempre que viajo.

—¿Te gusta la fotografía?

—Me gusta conservar momentos.

Ella sonrió.

—Yo prefiero dibujarlos.

—¿También dibujas paisajes?

—Todo lo que me parece bonito.

Sebastián levantó la cámara.

El obturador sonó.

Clara abrió los ojos.

—¡Otra vez!

Él bajó la cámara sin disculparse.

—No pude evitarlo.

—Ni siquiera me avisaste.

—Las mejores fotografías son las que no se preparan.

Ella negó con la cabeza entre risas.

—Eso no vale. Salgo despeinada.

Sebastián observó cómo el viento movía algunos mechones de su cabello.

—Precisamente por eso quedó bien.

Clara se ruborizó.

Cada cumplido de Sebastián parecía dicho con tanta naturalidad que resultaba imposible pensar que estuviera midiendo su efecto.

Y lo estaba midiendo.

---

Durante unos minutos caminaron en silencio por la baranda de madera.

Solo se escuchaban los pájaros y el viento.

—¿Sabes? —dijo Clara finalmente—. Cuando era niña venía aquí con mis padres.

—¿Muy seguido?

—Siempre que quería pensar.

Sebastián la miró con un interés que parecía genuino.

—¿Y en qué piensa Clara Light cuando viene a este lugar?

Ella apoyó los codos sobre la baranda.

—En muchas cosas. En la universidad. En mi familia. En cómo será mi vida dentro de unos años.

Guardó silencio unos segundos.

—Supongo que quiero conocer el mundo.

Él sonrió levemente.

—¿Nunca has salido de Riverside?

—No.

—¿Ni siquiera al mar?

Ella negó con la cabeza.

—Solo lo conozco por fotografías.

Sebastián la escuchó.

Cada detalle encajaba con lo que ya sabía.

No había sorpresa en sus palabras. Solo confirmación.

—Entonces tendremos que solucionar eso algún día.

Clara lo miró sorprendida.

—¿Cómo?

—Llevándote.

Ella soltó una pequeña risa.

—Hablas como si fuera muy fácil.

—Lo es.

—Para ti, quizá. Para mí no.

Sebastián no respondió.

Dejó que el silencio hiciera su trabajo.

Y lo hizo.

Clara llenó el hueco con una sonrisa y una imagen del mar que él nunca había prometido. La sola idea bastó para encenderle los ojos.

—¿En qué piensas? —preguntó Sebastián.

—En nada.

Mintió.

Él supo que mentía.

Pero no insistió. No hacía falta.

---

Continuaron caminando hasta un pequeño banco de madera y se sentaron. La conversación cambió de tema. Hablaron de música, de películas, de los profesores del instituto, de la infancia de Clara. Ella hablaba con entusiasmo, saltando de un recuerdo a otro sin preocuparse por el orden. Sebastián escuchaba sin interrumpir, sin presumir, sin llenar los huecos con su propia historia. Solo la dejaba hablar. De vez en cuando hacía una pregunta breve, precisa, que la animaba a seguir.

Y eso, sin que Clara lo notara, la hacía sentirse importante.

No era generosidad.

Era técnica.

Pero funcionaba exactamente igual.

---

Cuando el cielo comenzó a teñirse de tonos anaranjados, Sebastián volvió a sacar la cámara.

Tomó una última fotografía.

Esta vez del paisaje.

Después retiró la tarjeta de memoria y la guardó en el bolsillo de su chaqueta.

—¿Qué haces?

—Tengo una impresora portátil en la motocicleta.

Ella abrió los ojos.

—¿En serio?

—Sí.

Regresaron hasta donde había dejado estacionada la moto. Sebastián conectó la tarjeta, seleccionó una imagen y presionó imprimir. Minutos después, una pequeña fotografía salió lentamente de la ranura.

La tomó.

Era Clara.

Sonriendo mientras el viento le movía el cabello.

Se la entregó sin ceremonia.

—Es para ti.

Clara la recibió con las dos manos, como si pesara.

La contempló durante un largo rato.

—Gracias…

Apenas un susurro.

—La voy a guardar siempre.

Sebastián ya se estaba poniendo el casco.

No respondió. No hacía falta.

Mientras Clara apretaba la fotografía contra el pecho con una sonrisa imposible de ocultar, él dirigió la mirada hacia el camino de regreso.

Aquella tarde había confirmado algo.

Clara confiaba en él con una facilidad que muy pocas personas conservaban.

Y esa confianza era mucho más útil que cualquier regalo costoso.

---

El sol desapareció por completo detrás de las montañas.

Sin darse cuenta, Clara creyó que acababa de vivir uno de los días más bonitos de su vida.

Sin darse cuenta, también había dado un paso más hacia un hombre cuya sonrisa, como sus fotografías, solo mostraba lo que él decidía encuadrar.

1
yolanni
👏
EspirituCreativo
> 😂😂 María, ¡espere, espere! ¡No la despierte todavía!
Clara lleva 57 capítulos intentando descubrir dónde diablos está, y ahora resulta que está enamorada del licántropo que la secuestró. 😭

Pero le prometo algo: Sebastián todavía no ha mostrado todo lo que esconde. 👀

Y después de este comentario… me parece que usted va a querer matarme cuando lleguemos a los próximos capítulos. 😂🐺

Gracias por leer y por preocuparse tanto por Clara ❤️.
maria orellana
por Dios, despierta niña, hulle lejos de ese hombrecito que no vale nada
maria orellana
pero creo que está casado o no,,, que pena con clara ojalá pronto se de de cuenta pobre chiquita ojalá el se enamoré y sufra
maria orellana
desgraciado
Guillermo Vasquez Areque
emfermooo
Guillermo Vasquez Areque
hay no que le den su merecido a ese sinverguenza
EspirituCreativo: 🤭 Te apoyo
total 1 replies
EspirituCreativo
Bueno por eso una no debe ser tan confiada... Lo malo tambien viene en empaque de lujo
Maricruz Felix
Esta interesante
Maricruz Felix
Que malo se va aprovechar de la pobre muchacha
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play