Tras dieciséis años de conocerse Lyra y Damián el Alfa de la manada Amanecer, se habían comprometido tres años antes y sería en la próxima luna la ceremonia de marcación, Lyra por fin podría recibir su loba, pero jamás pensó que tres días antes de la fecha encontraría su peor pesadilla, su prometido y su hermana se apareaban entre las sabanas del dormitorio que sería suyo. El dolor por el hecho, la traición de su prometido y su propia hermana, no imaginaba que sería su condena, al quejarse con su padre, esperando su apoyo, sin embargo lo que logró fue una bofetada llena de odio, pero lo que más le dolía era que su prometido, su padre y su hermana proclamaron la ceremonia para la marca porque El Alfa Damián proclamó a Kiara su hermana como su luna, su padre ya no disimuló el desprecio por ella, la noche antes de la luna su padre la exilio y para su sorpresa Damián lo apoyó.
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Rechazo
— Lyra yo no me trago eso. - exclamó su amiga, era claro que algo estaba pasando.
Lyra sonrió amargamente, pero se contuvo de decir algo, su hermana era muy caprichosa con su padre y desafortunadamente el le cumplía sus exigencias. Por un momento pensó que también quería a su prometido, pero se negó a aceptar que así fuera.
— Cuídate Lyra, Kiara es mala persona, y una vez que despierte su loba temo que te pueda dañar.
Lyra no lo dudaba ni del Alfa su padre, pero no entendía porque tenía esa actitud hacia ella. Desde que tiene uso de razón, siempre se a portado con ella distante y pareciera como si la odiara.
Ese día Damián le mandó un mensaje que tenía que salir por un asunto de la manada, al parecer había problemas con los rebeldes, y tenía que aplacar ese asunto, así que no tuvo oportunidad de verlo ese día.
Mura aunque su amiga no se expresara, tenía claro que está mal.
— Voy a la cascada. - le anunció con la única intención de invitarla, deberías venir conmigo, la caminata te aclarará la cabeza.
Lyra le sonrió sabiendo lo que su amiga pretendía.
— Es cierto. - aceptó, con esto de la ceremonia, no he dejado tiempo para mí y necesito pensar en cosas diferentes.
Para colmo de sus males, al ir saliendo llegó el compañero del Alfa a buscarlo se veía un poco agitado.
— Los ancianos quieren ver al Alfa, dicen que quedó en llegar y quedó mal, no ha llego a la reunión, y me mandaron a buscarlo.
— No lo he visto hoy. - contestó, sintiendo un malestar en su interior.
— Lo vi salir hace más de una hora. - agregó otro de los lobos locales del campamento, iba con su hermana en su camioneta.
Lyra sintió que se abría la tierra y la devoraba, se sostuvo de la puerta. Entonces miró a su escudero como si tuviera culpa le hizo una seña de guardar silencio al lobo, que disimuladamente se retiró.
El amigo del Alfa, no sabía qué decir ni hacer.
— Bueno Lyra entonces iré avisar a los ancianos que quizás mañana. Se despidió sintiéndose mal con la situación, ya le había mencionado al Alfa que la cercanía que tenía con la hermana de su futura luna se podía malinterpretar.
Mura tenía un gesto de molestia. Las elfas eran de carácter fuerte y se enojaban con facilidad, y la verdad tenía ganas de usar su poder para hacerle una travesura a la hermana de su amiga.
— Ni se te ocurra. - Lyra interpretó su molestia. Déjame a mí, hablaré con Damián, no me va poder evitar esta vez te lo aseguro. - proclamó decidida.
— Yo iré con los ancianos. - anunció a su amiga, ayúdame a que me dejen entrar.
— Cuenta con eso.
A Mura no le negaban la entrada en ningún recinto ni refugio, ya que los elfos guardaban un pacto con los lobos y con otras especies. Pero a ella le habían matado a sus padres después de nacer, se crió de manada en manada de lobos hasta que la madre de Lyra la adoptó, después de su muerte, el Alfa la deshecho, Lyra se opuso y ahora por agradecimiento siempre haría por ella lo que fuera.
SANTUARIO DE LOS ANCIANOS.
Tres ancianos con túnicas oscuras y una barba blanca larga notaba la antigüedad de cada uno, pero el más anciano era el que dirigía toda responsabilidad.
Lyra inclinó la cabeza al llegar delante de ellos.
— No hace falta Lyra. - le tomó la mano el anciano. Eres igual de hermosa a tu madre. Los otros afirmaron.
Tu madre era una extraordinaria Alfa Luna. Y eres su heredera.
Lyra se vio extrañada.
— ¿Mi madre era Alfa? - preguntó sorprendida.
— Hay muchas cosas que no sabes niña. - la miró a los ojos.
Se retiró caminando hacia una puerta de madera, pero antes de entrar se detuvo. Espera aquí. - le advirtió.
Lyra estaba más extrañada, pero así lo hizo no se movió. Los demás ancianos estaban buscando algo en los libros antiguos, parecía que no ponían atención.
— Lo encontré. - dijo uno el otro lo alumbraba con una lampara colgante.
El que parecía más anciano por fin lo observó regresar con un pequeño cofre en sus manos. Todos hicieron círculo al lado de ella.
El anciano le puso el cofre en frente. Aunque Lyra lo miraba no sabía que decir. Es tuyo tu madre quería que te lo entregara. Pero solo lo podrás abrir cuando alcances la mayoría de edad que ya es la próxima semana.
— Igual que su vínculo con su alfa. - le dijo otro de ellos, haciendo un ademán con la cabeza.
— No haz alcanzado tú loba aún, es extraño, - le dijo el anciano, mirando de reojo a los otros dos.
— Dime haz tenido algún síntoma. - quizo saber el el más antiguo.
La chicas suspiró.
— La verdad si, - contestó sentándose a un lado pero no se como de pronto desaparece, y despierto en cama un poco mareada.
— Lo qué sospechaba. - murmuró uno.
— Si me lo temía. - asumió otro.
— Tenemos que ponerle un alto. - sentenció el líder.
— Cuida con tu vida el cofre. - añadió dirigiéndose a Lyra. De esto depende tu posición, eres heredera de un gran poder, eres linaje puro.
— Ya que hablamos de eso. - lo miró interesada, aunque sospechaba que sabía lo que quería decir.
— Se trata de mi padre. - suspiró, ¿porque siento que mi padre me desprecia? - y yo creo qué ustedes saben el motivo.
— Niña es mejor que te vayas. Lo qué te entregue algún día te lo revelará, pero debes tener cuidado con tu padre y con tu hermana. Es todo lo que sabrás por ahora. - suspiró, nos veremos en la ceremonia.
Cuando por fin llegó a su casa había olvidó su teléfono a un lado de su cama. - miró cerca de diez llamadas y un tanto de mensajes de Damián. Pero no regresó ninguno.
— ¿Piensas ignorarme todo el día? - se apareció Damián en su habitación.
—Damián aquí he estado toda la mañana y parte del día, y tú te desapareciste, no le iba a reclamar que estaba haciendo con su hermana confinaba qué él se lo dijera.
Pero en lugar de eso la abrazó.
Ella hizo un gesto.
Su ropa despedía el olor del perfume de Kiara, dulce empalagoso, era inconfundible y fastidioso.
— Fui arreglar unos asuntos con la manada.
Lyra sintió una opresión en su corazón. Le estaba mintiendo descaradamente.
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Quisiera los poderes de Lyra asi me desago de algunas alimañas 🤣 también.