Kaelen llega a la mansión más poderosa de la ciudad con un solo propósito: venganza. Su hermana murió a manos de la hija favorita del dueño, y él está dispuesto a destruirlo todo desde adentro. Pero entre lujos, secretos y noches prohibidas, lo que comenzó como odio se transforma en un amor imposible ..
🔥💎
NovelToon tiene autorización de yamiiy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
— Noche de tormenta, peligro y pasión que rompe cadenas
La tormenta golpeó la ciudad con furia esa noche. Rayos iluminaban el cielo y el trueno sacudía los cimientos de la mansión. Kaelen salió a buscar a Liora, que había salido a caminar para calmarse porque no podía dormir, pero no la encontró. En su lugar, se encontró con tres hombres enmascarados que lo esperaban en la entrada del bosque. Enemigos del pasado de Draven que lo habían visto con él y sabían que era su punto débil.
—Ahí está el juguete del exjefe —dijo uno, acercándose con un cuchillo—. Vamos a divertirnos.
Kaelen peleó como pudo, golpeó, pateó, sangró… pero eran tres contra uno. Lo tenían contra el suelo, el frío metal del cuchillo presionando su garganta… y entonces lo escuchó.
—¡Aléjense de él!
Draven apareció como una sombra, con una pistola en la mano y los ojos verdes encendidos de furia. Disparó una vez, dos veces… los hombres huyeron. Se arrodilló junto a Kaelen, lo tomó en brazos con manos temblorosas.
—¿Estás herido? ¿Te hicieron algo? —lo revisaba con desesperación, tocando su rostro, sus brazos—. ¡Respóndeme, maldita sea!
—Estoy bien… —susurró Kaelen, con la respiración entrecortada—. Tú llegaste…
— Qué hacias aquí solo ?—Draven, pregunto ,levantándolo en brazos como si pesara nada y llevándolo a la casa—.
Kaeley no respondió,(no quería que rentaran a Liora por haber salido de noche).
Lo llevó a su propia habitación,lo puso sobre su cama, le limpió las heridas con delicadeza extrema. El silencio entre ellos era denso, cargado de todo lo que habían reprimido durante meses.
—Te podían haber matado —dijo Draven con voz quebrada, sentándose al borde de la cama—. Por mi culpa.
—No me importa —respondió Kaelen, tomándole la mano—. .
Draven lo miró, y todo el control se rompió. Se inclinó y lo besó con una desesperación que dolía. No fue un beso suave. Fue un beso de hambre, de miedo, de amor prohibido que ya no cabía en el pecho.
—Eres mío —gruñó contra sus labios—. Aunque me cueste todo. Eres mío.
—Soy tuyo —jadeó Kaelen, rodeándole el cuello con las manos—. Solo tuyo.
Esa noche no hubo reglas. No hubo secretos. Draven lo amó con cada caricia lenta y profunda, recorriendo cada centímetro de su piel como si quisiera grabarlo en su memoria para siempre. Sus manos fuertes lo sostenían, lo guiaban, lo adoraban como si fuera algo sagrado. Kaelen se rindió por completo, sintiendo cada roce profundo, cada beso, cada susurro de su nombre contra su piel. Fue descontrolado, intenso, devorador. Se tocaron, se exploraron, se amaron hasta que no quedó aire en los pulmones ni fuerza en las piernas.
(Draven lo besó con hambre que llevaba años acumulada, sellando sus labios con una posesión que no admitía negativa. Lo mordió suavemente al principio, luego con más fuerza, marcando la carne rosada hasta dejarla hinchada y roja, como un sello que decía suyo. Kaelen gimió contra su boca, y Draven aprovechó para deslizar su lengua profunda, devorando cada rincón, saboreando cada queja y cada suspiro que le arrancaba.
Sin prisa pero sin pausa, sus labios abandonaron los suyos y descendieron por su mandíbula, bajando por el cuello donde el pulso golpeaba desbocado. Allí mordió, lamiendo la piel sensible, dejando marcas rojas y profundas que ardían al contacto, recorriendo cada vena, cada curva, como si quisiera grabar su nombre a fuego en su piel. Kaelen arqueó la espalda, las manos aferrándose con desesperación a las sábanas, sin poder controlar los temblores que lo sacudían de pies a cabeza.
Siguió bajando, besando cada centímetro de su pecho firme, mordisqueando y lamiendo con una precisión que lo hacía perder la razón. Rodeó cada pezón con la punta de la lengua, lo succionó, lo mordió suavemente, jugando como un descarado y Kaelen sintió que el aire se le escapaba de los pulmones, que el mundo se reducía solo a esa boca sobre su piel, a ese calor que lo consumía entero.