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La esposa que despreciaste Ahora es capitana

La esposa que despreciaste Ahora es capitana

Status: Terminada
Genre:Oficina / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:925
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Catalina lo dio todo por su matrimonio: su carrera como piloto, su juventud, su orgullo. Seis años dedicada a ser la esposa perfecta mientras Adrián, el hombre por quien abandonó el cielo, la humillaba a sus espaldas con otra mujer.

"Me da asco con solo mirarla."

Esas fueron las palabras que escuchó aquella noche en el estacionamiento del aeropuerto. Pero en lugar de derrumbarse, Catalina tomó una decisión: recuperar todo lo que sacrificó.

Con un divorcio a cuestas y un hijo pequeño como única compañía, vuelve a la academia de aviación decidida a reconquistar su lugar en la cabina de mando. Nadie le facilita el camino. Los instructores dudan de ella, los compañeros la subestiman y su ex hace lo imposible por sabotearla. Pero Catalina no es la misma mujer que se fue seis años atrás.

Y hay alguien que lo nota.

César es cinco años menor, heredero de la aerolínea más importante del país, y el único que aplaudió cuando ella completó la simulación más difícil de la academia. Su regla es simple: "Nunca le cortaría las alas a una mujer que nació para volar."

Mientras Catalina asciende, Adrián cae. Y la mujer que él despreció se convierte en la capitana que todos admiran.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Esa tarde, el entrenamiento en la academia por fin terminó. Varios cadetes salieron de la sala de simuladores con el rostro agotado. Algunos se dirigieron directamente a la sala de descanso; otros seguían de pie en el pasillo comentando la práctica del día.

Lo cierto era que el ambiente en la academia se sentía diferente desde la mañana. La presencia de Adrián como nuevo instructor había puesto tensos a muchos cadetes. Más aún porque la manera en que Adrián presionó a Leya en el simulador quedó bastante en evidencia.

Cerca de la puerta del hangar, Rafael y Violeta estaban de pie observando a Leya.

—Desde que ella llegó, la academia se siente rara. Y ahora, con la actitud del capitán Adrián hacia ella, todo se vuelve más extraño —bufó Rafael.

—Tienes razón. Y lo mismo con César. Desde el principio me gustaba... pero desde que se acercó a Catalina, se volvió diferente —agregó Violeta.

Violeta y Rafael miraron hacia donde Leya y César caminaban juntos saliendo de la sala de simuladores.

—Esos dos siempre se creen los mejores —dijo Rafael apretando los dientes.

La envidia que sentía al no poder superar a Leya se fue transformando poco a poco en odio dentro de su corazón.

Leya pasó junto a ellos sin decir una palabra; su mirada ni siquiera se detuvo un instante en ninguno de los dos. Para ella, simplemente eran rivales en la competencia por el puesto de capitán piloto, así que no albergaba ningún rencor. Desde que se dedicó a la aviación, Leya estaba acostumbrada a ese tipo de competencia. En cada academia, siempre había gente que quería vencer a los demás.

César tampoco hizo más que lanzar una mirada breve a Rafael y Violeta, sin decir nada.

Al salir del hangar, Leya se detuvo cerca del estacionamiento.

—Me voy a casa.

—Se nota que estás cansada. Descansa bien —dijo César con genuina atención.

—El entrenamiento de hoy fue realmente agotador —suspiró Leya.

—¿Por Adrián?

—No —respondió Leya.

—¿Entonces?

—Porque tengo que demostrar algo: que merezco estar aquí.

César sonrió.

—Leya, créeme. No necesitas demostrarle nada a nadie.

—La realidad no es tan sencilla —dijo Leya mientras abría la puerta del auto modesto que había comprado unos días antes y se subía—. César, no busques problemas con Adrián solo por mi causa. No quiero... sentirme culpable contigo después.

César soltó una risa suave.

—Tranquila. Ten cuidado en el camino.

—Me voy —se despidió Leya.

César se quedó de pie junto a su propio auto, observando el vehículo de Leya que se alejaba despacio del estacionamiento. Su mirada siguió aquel auto hasta que desapareció por completo en la curva del camino frente a la academia.

—Parece que de verdad estás muy pendiente de mi esposa —dijo alguien a sus espaldas.

César volteó. Adrián estaba de pie a unos metros detrás de él. El hombre aún llevaba puesto el uniforme de instructor y tenía los brazos cruzados. Su rostro era inexpresivo, pero su mirada era claramente hostil.

César metió ambas manos en los bolsillos del pantalón.

—Es mi compañera de entrenamiento en la academia. Es natural que me preocupe por ella. Nuestra relación tiene que ser cercana para poder comunicarnos y trabajar bien en equipo.

Adrián esbozó una sonrisa tenue, una sonrisa que se parecía más a un sarcasmo.

—Tu atención va demasiado lejos para ser solo compañeros de entrenamiento. ¿No te dije ya que Leya solo te está usando para darme celos?

César se rio divertido.

—Cielos, no puedo creerlo. ¿Cómo es que Leya se casó con un hombre como tú? Estúpido y demasiado seguro de sí mismo. Y además tienes un descaro tremendo: ya traicionaste a Leya y todavía te atreves a aparecer frente a ella como si nada hubiera pasado.

César se recargó contra su auto.

—Y pensar que la mujer a la que traicionaste... fue la que se sacrificó por tu carrera. Leya estuvo dispuesta a ceder el puesto de capitán para que fuera tuyo.

—Tú... —Adrián dio un paso al frente; su rostro se endureció.

—¡Ten cuidado con lo que le hagas a Leya! —lo cortó César.

Adrián miró a César con fiereza.

—Ella sigue siendo mi esposa. ¡Mantén tu distancia!

César volvió a reír; esta vez fue una risa burlona.

—Capitán Adrián, tú ya no tienes ese derecho. Muy pronto la relación entre ustedes llegará a su fin.

—¿Tú crees... que sabes lo que pasa dentro de mi matrimonio? —gruñó Adrián.

César se encogió de hombros.

—No necesito saberlo, porque lo que pasó en el restaurante ya lo demostró todo. Tú eres el traidor, y Leya es la víctima.

Luego César abrió la puerta de su auto.

—Te advierto: si sigues presionando a Leya en la academia, no me voy a quedar de brazos cruzados.

—¿Me estás amenazando? —resopló Adrián.

César lo miró fijamente; su mirada se volvió gélida.

—No es una amenaza, es una advertencia. La grabación de un piloto senior en pleno romance con una sobrecargo en el estacionamiento...

Adrián se quedó helado al instante.

César observó la reacción de Adrián y sonrió con malicia.

—Y también... la grabación en el restaurante, cuando tu amante armó aquel escándalo. Si esos videos aparecen en internet o llegan a las oficinas centrales de la aerolínea, dime... ¿la reputación de quién sería la que quedaría destruida?

Los dos hombres se miraron con dureza. La brisa de la tarde soplaba sobre el estacionamiento del hangar, que comenzaba a vaciarse.

—¿Quieres jugar sucio? —dijo Adrián al fin.

—No finjas. En cuanto a jugar sucio... tú empezaste primero —respondió César mientras subía a su auto.

El motor arrancó y César cerró la puerta. Antes de que el auto se moviera, la ventanilla bajó unos centímetros.

—Así que a partir de mañana, capitán, entrena a todos los cadetes de la misma manera. Y no te atrevas a presionar a Leya como lo hiciste hoy —la voz de César sonó helada.

El auto de César salió del estacionamiento, mientras Adrián permanecía inmóvil, clavado en su lugar.

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