"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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Déjame cuidar de ti
¡Ay, no! ¡Que alguien me esconda! Me quería morir de la vergüenza; con todo lo que estaba pasando en mi vida, había olvidado por completo la forma tan descarada en la que actué en la discoteca.
— Hola, Johan —atiné a decir bajo el escrutinio de mis amigos. De seguro, en cuanto él se fuera, me atacarían con sus preguntas. Ya me lo podía imaginar.
Tal vez porque Johan parecía una persona completamente diferente con su traje de oficina y sus lentes —distando por completo de la imagen de playboy que irradiaba en la discoteca—, mis amigos no lo reconocieron. Además, la baja iluminación del club jugó a su favor, lo cual fue reconfortante para mí.
— Como es un amigo de Karla, será mejor que ella lo atienda. Nosotros vamos a seguir con nuestras tareas —ofreció Regina.
— Está bien.
Tras decir aquello, seguí a Johan hasta donde tenía estacionado su vehículo.
— Tus amigos parecen amables —comentó.
— Sí, son como hermanos para mí. Todos nos tratamos como una familia.
— Puedo imaginarlo. Noté lo protectores que son contigo. Por cierto... —sus ojos oscuros recorrieron mi apariencia desde el overol manchado de grasa hasta el nuevo corte de cabello, una acción que me hizo sentir repentinamente tímida—. Te queda increíble el corte, Karla. Te ves muy linda.
Recordé la última vez que me vio: hecha un mar de lágrimas y con el cabello enmarañado.
— Gracias. Tú también te ves diferente.
— Menos intimidante, ¿cierto? Pude ver que la primera vez que nos cruzamos me tuviste miedo —comentó risueño.
— Eres bastante observador, ¿cierto?
— Sabes, tengo un espejo y sé que siempre he dado ese tipo de vibra. No es la primera vez que alguien me mira como si la fuera a matar, es solo que... esta fue la primera vez que sentí que había hecho algo malo. No soy muy bueno manejando las lágrimas ajenas.
Resoplé ante sus palabras. Luego miré su auto, el cual me dejó maravillada; no era frecuente ver esa clase de naves por el barrio.
— Esta nave se ve fantástica. Dime qué es lo que le pasa a esta belleza —le pregunté—. Oh, no me lo digas... ya vi que hay un charco en el suelo; definitivamente hay una fuga de aceite.
Johan sonrió mientras hacía un ademán con la mano.
— Tú eres la experta.
Sonreí con orgullo ante su confianza. No sabía la razón exacta, pero me hacía feliz ver a Johan admirar mi trabajo.
— Traes una fuga considerable —dije secándome las manos con un trapo luego de asomarme debajo del chasis—. Parece que golpeaste el cárter o se venció el empaque. Voy a tener que subir el auto al elevador, quitar la pieza rota y cambiar la junta. Te va a tomar un par de horas porque hay que dejar sellar bien el repuesto y ponerle aceite nuevo.
— Tengo una reunión importante. Planeo establecer un concesionario de autos en este lado de la ciudad y estoy ultimando los detalles con algunos proveedores —comentó Johan con preocupación.
— Si gustas, te puedo llamar un taxi. Realmente, aunque quisiera, no puedo terminar de repararlo antes.
— Está bien. Te tomaré la palabra.
Sonreí mientras sacaba mi celular y marcaba al servicio de taxis.
— Dicen que en unos cinco minutos estará por aquí.
— Gracias, Karla. La verdad, ha sido muy satisfactorio volver a encontrarte. Esa noche no pude decirte que me gustaría...
Lo interrumpí rápidamente; no quería que hablara de esa vergonzosa velada.
— Lo que pasó esa noche...
Sin embargo, antes de que pudiera encontrar las palabras correctas, fui interrumpida a mi vez por él.
— ¿Acaso quieres que lo olvide? —preguntó—. Te fuiste tan repentinamente que ni siquiera pude pedirte el número.
— No pensé que te volvería a ver —mencioné con voz suave—. Pensé que jamás nos cruzaríamos de nuevo. Y estaba tan avergonzada...
Johan soltó una carcajada que me tomó desprevenida.
— Quizás sea el destino —comentó—. ¿Y por qué deberías estar avergonzada? ¿Porque me besaste? Básicamente me usaste como quisiste y, en cuanto conseguiste lo que necesitabas, me abandonaste —dijo en tono juguetón—. Eso me rompe el corazón. Pensé que habíamos tenido una conexión especial.
Me mordí el labio, sintiéndome ansiosa.
— Eso... eso...
No sabía cómo tomar sus palabras, si eran su forma de aligerar el ambiente o si estaba siendo serio con su interés hacia mí. En realidad, lo que quería preguntarle era qué le atraía de alguien como yo: una mujer que acababa de ser despreciada por su esposo e hijos. Ni siquiera estábamos en el mismo nivel social; era más que evidente que él tenía dinero.
«¿Será que solo quiere jugar conmigo o convertirme en su amante?», me pregunté.
— No te sientas presionada —añadió mientras me observaba con esos ojos negros que parecieron contener la oscuridad de la noche, intensos y profundos—. No tienes por qué ponerte ansiosa. Sé que estás pasando por mucho y que no tienes cabeza para una relación en este momento. Sin embargo, espero que sepas que, aun con tus lágrimas y tu nariz mocosa, cautivaste a alguien.
Solté una risita al escuchar aquello; no sabía si sentirme ofendida o halagada.
— Ni siquiera me conoces bien, ni yo a ti —susurré—. Además, tienes razón: lo que menos quiero ahora es meterme en una relación cuando mi vida es un desastre. Así que gracias por el interés, pero no puedo corresponderte. Es mejor que nos quedemos como amigos.
Johan se rió con fuerza, haciéndome mirarlo con extrañeza.
— Esta es la primera vez que una mujer me ofrece su amistad. Es algo bastante refrescante. Como dije, no te estoy presionando para que salgamos. Solo quiero que conozcas mi interés por ti. Sé los problemas por los que has pasado y sé que un corazón roto no sana de la noche a la mañana. Pero quiero ayudarte a sanar tus heridas, Karla. Quiero protegerte y cuidarte. Así que seamos amigos, como dices, y déjame cuidar de ti.
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.
Karla se acaba de ganar la lotería ya tiene el dinero para montar su propio taller, comprar una casa y darle una buena vida a sus hijos.