NovelToon NovelToon
Venganza Imperdonable

Venganza Imperdonable

Status: En proceso
Genre:Venganza / Amor-odio / Secuestro y encarcelamiento
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Carlos está decidido a cobrar venganza, sin importar que el corazón se le esté partiendo en dos.

Lucia, envuelta en una venganza sin retorno...

Las cenizas serán lo único que quede de aquella guerra.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

3

## Capítulo III

### Carlos Torres

•••••••••••••

Dos días después del accidente, Lucía y yo hemos estado encerrados en mi habitación, sumidos en una penumbra silenciosa, sin atrevernos a cruzar la puerta.

Abajo, una multitud de personas deambula por los pasillos, despidiendo a mis papás con murmullos y coronas de flores que me oprimen el pecho. No quiero salir; me niego rotundamente a verlos, a soportar sus miradas de lástima.

Ahora, con una crudeza desgarradora, entiendo el dolor exacto que Lucía vivió durante todos estos años. Comprendo lo huecas que suenan las palabras de consuelo que recibe alguien de tantas personas cuando por dentro no queda nada. No siento consuelo. No siento absolutamente nada, solo un vacío absoluto.

Ella ha estado intentando traerme comida una y otra vez, insistiendo con paciencia infinita, pero soy incapaz de probar bocado; el hambre se esfumó, reemplazada por un nudo perpetuo en el estómago. Mi tío me ha pedido en repetidas ocasiones que baje a recibir las condolencias, que dé la cara, pero no quiero. No puedo ni siquiera reunir el valor para mirar de frente los ataúdes de mis papás.

Aún me niego a creerlo. Ellos me juraron solemnemente que estarían en mi graduación; prometieron que ese mismo día visitarían a Lucía para... para pedirle formalmente que fuera mi novia.

Las lágrimas vuelven a abrirse paso sin piedad, quemando mis mejillas. Ella me mira en completo silencio, exactamente de la misma manera en que yo la miraba en el pasado. De la misma forma en que yo la trataba cuando sufría. Pero la diferencia es abismal: yo sí quiero abrazarla.

Yo sí necesito que me diga que estará conmigo en este infierno. Yo sí deseo con toda el alma tenerla a mi lado ahora mismo, aferrándome a ella como el único ancla en este mar desbocado.

Me levanté de la cama con torpeza y me acerqué adonde ella estaba sentada en el sillón. Sin decir una sola palabra, me dejé caer y acomodé mi cabeza sobre sus piernas, cerrando los ojos con fuerza para dejar escapar las lágrimas que llevaba retenidas.

—Si tienes sueño, duerme un poco... —la escuché susurrar con infinita suavidad, mientras sus dedos cálidos y temblorosos limpian con delicadeza las huellas del llanto en mi rostro.

Tomé su mano con desesperación y llevé mis labios a sus nudillos en un beso lento y suplicante.

—Solo quiero quedarme así... no te vayas —le dije con la voz rota, y ella asintió en silencio, cubriendo mi cuerpo temblando con la manta que tenía sobre las piernas.

—Bien, aquí estoy. Si me necesitas, solo dímelo; haré lo que sea por ti —prometió, comenzando a acariciar mi cabello con un ritmo compasivo.

Un recuerdo punzante me golpeó sin aviso. Mamá solía hacer exactamente lo mismo cuando yo me encerraba en mi habitación de niño, jugando a molestarme para sacarme una sonrisa.

—Deja ya de usar ese teléfono, ya son las doce de la noche, vamos a dormir —decía con esa dulzura suya, desordenando mi cabello con cariño.

Me duele el alma recordar esas cosas tan insignificantes y cotidianas: verla entrar a hurtadillas con mi desayuno porque jamás me gustó comer en el comedor principal, o cuando me sorprendía trayéndome mis postres favoritos de repostería después de aprobar un examen difícil.

Sentí un nudo tan violento en la garganta que me cortó la respiración.

—La extraño mucho... la extraño tanto, Lucía —dije dejando escapar un sollozo ahogado, un quejido gutural que brotó desde lo más hondo de mis entrañas.

Por primera vez desde el accidente sentí de verdad su ausencia definitiva; por primera vez en dos días estoy llorando de verdad, sin contención. Mi cuerpo empezó a temblar de forma violenta por el llanto, sintiendo que me estaba destrozando por dentro, desmoronándome en pedazos diminutos.

Las manos de Lucía me aprietan con fuerza en un abrazo desesperado y protector. Yo le correspondo de inmediato, aferrándome a su cintura y enterrando mi rostro contra su estómago, buscando refugio.

—Lo sé... lo sé, mi amor. Así que llora todo lo que puedas, desahógate, no te detengas... —susurraba, y cada caricia suya en mi nuca solo lograba traerme a la memoria el tacto de mi mamá, haciéndome llorar aún con más fuerza.

### Lucía Pereyra

•••••••••••

Verlo así de destruido, con el alma rota en mil pedazos, me duele en lo más profundo; me duele tanto que siento fisuras en mi propio pecho. Su tío hablaba con formalidad fingida con las pocas personas que asistieron al entierro, mientras Carlos se mantenía apartado, sentado en una silla, obligado a ser testigo de cómo metían a sus papás en esa fría tumba.

Él no quería a nadie cerca de su dolor en ese momento... ni siquiera a mí.

Su tío se apartó del grupo, caminó directo hacia donde yo estaba de pie y me clavó una mirada cargada de un veneno insoportable.

—Sé perfectamente que esto que te voy a decir sonará horrible, pero mantente alejada de Carlos. No le haces ningún bien; necesito que dejes de hablarle y de buscarlo por un tiempo. Él necesita procesar esta tragedia y tú, con tus mañas, no lo estás ayudando en absoluto.

Me sentí apuñalada en el orgullo, pero sobre todo en el alma. Miré de reojo a Carlos, encogido en su miseria.

—Yo solo estoy haciendo lo único que puedo para apoyarlo...

—¡Lo único que haces es retenerlo! Él no puede permitirse hundirse en este abismo de dolor, es demasiado joven para que una tragedia así arruine su porvenir, y tú solo le aportas más peso emocional. ¿Acaso no lo ves? ¡Solo se la pasa llorando a tu lado!

—¡Eso es completamente normal! ¡Acaban de morir sus papás! —protesté con la voz temblando de impotencia.

—Pero tú no lo ayudas a levantarse. No todos son como tú, niña fría; él tiene mucho camino por recorrer, y quedarse estancado a tu nivel de dependencia no lo va a salvar jamás.

Sin darme opción a replicar, se dio la vuelta y se alejó con paso firme, dejándome con la palabra en la boca y las lágrimas acumuladas en los ojos.

¿Alejarme? Imposible. No podía hacerlo. Él me necesitaba, aunque su orgullo se negaran a admitirlo.

## *Meses después*

Carlos llevaba semanas sin responder a mis llamadas; el teléfono sonaba eternamente hasta caer en el buzón de voz. Papá me había prohibido estrictamente ir a buscarlo a su residencia, asegurando que las cosas se habían puesto feas. Algo grave había pasado entre las familias, estaba segura de ello; recuerdo perfectamente el día en que el tío de Carlos vino furioso a nuestra casa y discutió a los gritos con mi padre en el estudio. Desde esa tarde maldita, no volví a saber absolutamente nada de él.

Ignorando las advertencias, fui a su casa por mi cuenta, pero los guardias de la entrada me negaron el paso y no me dejaron ni asomarme a la reja.

No podía rendirme así como así. Tenía que verlo, necesitaba mirarlo a los ojos y recordarle la promesa que nos hicimos: le juré que estaría con él en las buenas y en las malas.

Volví a escabullirme hasta su casa. Con el corazón en la garganta, me encuentro ahora mismo parada afuera de la puerta de su habitación, tocando la madera una y otra vez con desesperación, sin importarme el silencio helado del otro lado.

—Carlos, por favor... ábreme la puerta. Déjame saber si estás bien, te lo suplico —dije sintiendo un dolor físico y extraño punzándome en el pecho.

—Señorita, por última vez: el joven no quiere verla bajo ningún concepto. Le ruego que se retire de inmediato o tendré que llamar a seguridad —interrumpió el ama de llaves con voz tiesa.

Después de aguardar media hora más bajo la lluvia fina, con los nudillos entumecidos, comprendí la derrota y decidí irme con el alma destrozada.

Pero justo en el momento en que me giraba para marcharme, la puerta se abrió de golpe. Carlos apareció en el umbral. Levantó la vista para mirarme a los ojos, y en ese instante sentí que el suelo se abría bajo mis pies: algo irreconocible había muerto en su interior. Esa ya no era la mirada cálida del chico que amaba; era una máscara de hielo puro.

—No vuelvas a pisar este lugar nunca más. No quiero volver a verte en mi vida —escupió con un odio sordo y palpable que me heló la sangre.

Sentí como si un cuchillo invisible me atravesara el esternón, rompiéndome en mil pedazos por dentro.

—¿Por qué dices eso? ¿Qué te pasa? —avancé un paso y traté de tocar su mano con desesperación—. Dímelo, por favor... déjame ayudarte a cargar con esto.

Él apartó su mano con un manotazo violento y me empujó con fuerza hacia atrás. Perdí el equilibrio y choqué violentamente contra la pared del pasillo, golpeándome la espalda.

—¡Lárgate de mi casa de una vez por todas! ¡Ya no somos amigos, maldita sea! ¡No quiero saber absolutamente nada de ti ni de tu familia, vete ya! —gritó fuera de sí, antes de azotar la puerta en mi cara con un estruendo ensordecedor.

Sin comprender absolutamente nada, con las lágrimas desbordándose sin control, salí tropezando de la casa. Afuera, mi padre me esperaba en el auto; al verme llegar hecha un mar de lágrimas, bajó y me envolvió en un abrazo protector.

—Tienes que darle su espacio, hija... No está siendo fácil para él asimilarlo todo...

Así transcurrieron dos meses interminables. Dos meses de silencio sepulcral donde no supe nada de su vida. En un último y desesperado recurso, redacté una carta extensa donde le confesaba de puño y letra todo mi amor, desnudando mis sentimientos más profundos por primera vez en mi vida sin reservas.

Lo único que recibí de vuelta como macabra respuesta fue la carta hecha trizas, convertida en papel picado dentro de una bolsa de regalo arrojada en nuestra entrada.

Fue en ese preciso instante cuando lo perdí para siempre. Semanas después, me enteré de que había abandonado el país; durante meses intenté mover cielo y tierra para comunicarme con él, pero fue inútil. Había desaparecido del mapa, llevándose consigo cualquier rastro del chico que conocí...

### Carlos Torres

••••••••••

En mis manos temblorosas sostenía las carpetas con las evidencias indiscutibles que confirmaban lo peor: mis padres no habían sufrido un simple accidente, habían sido brutalmente asesinados. Y sobre la caoba del escritorio, extendidas como una burla macabra, reposaban las fotografías de los verdaderos responsables.

El pecho me ardía con un dolor tan agudo que apenas podía respirar al ver fijamente el rostro de una persona en específico vinculada a esa masacre.

La puerta de la planta baja empezó a sonar con insistencia; los golpes resonaban sordos. Era ella. No paraba de llamarme, suplicando al otro lado, y esa persistencia desesperada solo conseguía hacerme sufrir aún más, removiendo la mierda que intentaba contener.

Me puse de pie con las piernas flaqueando y me dirigí a la entrada para echarla de mi casa, forzándome a ser cruel. Aunque sabía que, apenas se fuera, me destrozaría por completo en la soledad de mi cuarto. Pero no podía ceder: mis papás estaban muertos y enterrados única y exclusivamente por culpa de su maldito padre.

Cuando descubrí la verdad, mi mente colapsó; no supe cómo procesar semejante traición. Ella seguía llamándome a cada hora, y yo carecía por completo de las fuerzas físicas y mentales para verla a los ojos y confesarle que el monstruo que destruyó mi familia era el hombre que le dio la vida. No me atrevía a cruzar esa línea y culparla directamente a ella, que no tenía la culpa de la podredumbre de su sangre.

Mi tío, aprovechándose de mi debilidad, me exigió cortar por lo sano y alejarme de su órbita. Así que obedecí ciegamente. Pero la estocada final llegó cuando me enteré de que la empresa de mis padres estaba siendo embargada sistemáticamente por los testaferros de la familia Pereyra, un golpe bajo que terminó de apagar cualquier humanidad en mi pecho.

Mi padre me había dejado en vida al frente de sus sucursales, y ahora era mi deber sagrado mantenerlas a flote cueste lo que cueste.

Así que tomé una decisión irrevocable: acepté marcharme del país con mi tío, arrojando al fuego este estúpido sentimiento que albergaba por Lucía. Arrancando de cuajo la idea de que alguna vez fuimos amigos.

Todo con un único propósito en mente: recuperar cada centímetro de lo que me pertenece por derecho... y cobrar una venganza implacable.

1
neumidia ruiz
preguntas la dejara libre?, lo perdonara Lucía ?
neumidia ruiz
ay noooo
Betty Saavedra Alvarado
Kiary termino la primera temporada pronto volverás con segunda saga Lucia Esteban te rescatara
neumidia ruiz
al leer esto capítulos pienso que a Carlos lo engaño el tío por algún interés y le vendió una mentira que a él le convenia, y Carlos va a pagar con llanto y dolor y lo más triste al volverle la memoria la perdió para siempre
Betty Saavedra Alvarado
Kiary gracias por tu historia
Betty Saavedra Alvarado
Carlos ya la perdiste
Betty Saavedra Alvarado
Lucia ya sabes toda la verdad Carlos está arrepentido es tarde
Betty Saavedra Alvarado
Lucia te va a tener miedo Carlos
Betty Saavedra Alvarado
Carlos está loco y celoso
Betty Saavedra Alvarado
Carlos y tu están envueltos en mentiras
Betty Saavedra Alvarado
Que pasará ahora
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Kiary me gusta la historia
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Lucia poco a poco los recuerdos volverán Esteban parece un buen hombre Carlos ojalá se ponga un poquito celoso
Betty Saavedra Alvarado
Lucia relajate vive tu vida Carlos es un amargado
Betty Saavedra Alvarado
Carlos tiene una roca de corazón ni un tantito se puso celoso Lucia como.lo conquistaras
Betty Saavedra Alvarado
Competencia a la vista Lucia se divierte Carlos es un amargado
Betty Saavedra Alvarado
Lucia mucho cuidado te puedes caer
Betty Saavedra Alvarado
Un capítulo triste el papá de Lucia de quitó la vida la venganza termino o sigue
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play