Zoe y Antoni nacieron con cucharas de plata en la boca. Rodeados de opulencia y acostumbrados a la adulación, ambos han forjado una coraza de orgullo y narcisismo que los hace inmunes a la empatía. Sus mundos son un escenario de apariencias, donde cada sonrisa es calculada y cada palabra un arma.
Él, Antoni, un tiburón de los negocios, acostumbra a tener todo lo que desea, y el control es su droga más preciada. Su arrogancia es su bandera, y su éxito, su mayor orgullo. Ella, Zoe, una belleza fría y distante, se deleita en la manipulación y la competencia. Su ego es un monstruo que necesita ser alimentado constantemente con admiración y poder.
Sus caminos se cruzan en una fiesta exclusiva, donde la atracción inicial se mezcla con el desafío. Comienza entonces un juego de ajedrez mental y emocional, donde el objetivo no es ganar un amor, sino conquistar un ego.
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traición
—¡Zoe, espérate! —gritó Nathalia a mi espalda, pero yo ya estaba corriendo por el pasillo.
El llanto intentaba ahogarme, pero el ardor en mi pecho duró exactamente tres segundos. El dolor era una debilidad que una heredera de mi estirpe no podía permitirse. Me detuve en seco frente al gran espejo del vestíbulo, me limpié con brusquedad una lágrima traicionera y respiré profundo.
A mi espalda, el sonido acelerado de unos pasos rotos anunció la llegada de los dos traidores. Mateo venía abrochándose los pantalones a toda prisa, con la cara pálida y desencajada, mientras Valeria lo seguía cubierta apenas con una bata, llorando a moco tendido.
—Zoe... por favor, no es lo que parece, déjame explicarte... —balbuceó Mateo, intentando tocarme el brazo.
Lo esquivé con un gesto de repugnancia, clavándole una mirada tan fría que lo hizo dar un paso atrás.
—Ni se te ocurra ponerme una mano encima, muerto de hambre —dije, con una voz extrañamente tranquila pero cargada de una crueldad filosa—. Y ahorrate el discurso patético.
Lo que me da asco no es que me hayas engañado; me da asco tu absoluta falta de nivel. ¿Con ella? Por favor, Mateo. Si ibas a traicionarme porque no te di lo que querías, al menos hubieras buscado a alguien que no llevara puesto el vestido que yo misma le regalé la semana pasada.
Aunque por dentro estaba destrozada y quería morir de dolor no podía creer que ambos me hubieran hecho eso y yo solo buscaba lastimar los como lo había hecho conmigo y es que ella no pertenecía a la elite sus padres eran dueños de una tienda de comida rápida.
Valeria soltó un ahogado sollozo, apretando la bata contra su pecho.
—Zoe, por favor... éramos como hermanas... Ambos estamos muy ebrios —dijo, con el rímel corrido por toda la cara.
—¿Hermanas? —solté una carcajada baja, seca y despectiva—. Tú eras mi sombra porque yo te lo permitía, Valeria. Te abrí las puertas de mi casa, te di una vida que jamás habrías podido pagar y te dejé comer en mi mesa. Pero supongo que las muertas de hambre siempre terminan volviendo a la basura.
Me giré hacia Nathalia, que observaba la escena en shock desde el pasillo.
—Nathalia, apaga la música y corre a todos. La fiesta se acabó.
—Tienen dos minutos para largarse de mi propiedad antes de que le ordene a la seguridad que los saque a golpes. Mañana a primera hora, Valeria, tus tarjetas compartidas quedan canceladas y tu apellido estará vetado de cada club y evento de la ciudad. Los dos están muertos para mí.
Quedarme sola en la mansión fue como entrar en un desierto helado. Subí a mi habitación, arranqué las sábanas de seda donde me habían traicionado y las tiré directamente al cesto de la basura. El temblor en mis manos traicionaba el dolor insoportable que amenazaba con aplastarme por dentro. Me dolía la espalda de aguantar la postura, me dolía la garganta por no haberme permitido llorar frente a ellos. Pero antes muerta que mostrarme vulnerable.
Me sentía rota y Nathalia no me dejó sola mientras los empleados limpiaban todo yo me recosté en sus piernas de ella llorando mientras ella acariciaba mi cabello en silencio.
por UE la tal amiguita esa ni me fio