Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Pastelitos
A la mañana siguiente, Kayla se despertó de muy buen humor.
Después de tomar un baño y arreglarse, bajó al comedor.
Apenas entró, sus ojos se iluminaron.
Sobre la mesa estaban los pequeños pastelitos que había encargado la noche anterior.
—¡Sí!
Se sentó inmediatamente.
—¡Los enviaron!
Una de las doncellas sonrió.
—Sí, mi lady.
Kayla tomó uno.
—Están deliciosos.
Y comenzó a desayunar felizmente.
No tenía la menor idea de que, mientras ella disfrutaba de su desayuno, en el pueblo ya comenzaban a circular rumores.
La llegada de una joven noble a la mansión Laurent no había pasado desapercibida.
Y mucho menos lo que había ocurrido la noche anterior.
Algunas doncellas habían comentado lo que habían visto.
La joven había entrado a la habitación del duque.
Había salido junto a él.
Habían cenado juntos.
Y, para rematar...
El propio duque la había cargado en brazos hasta su habitación.
Para cuando amaneció, la historia ya había comenzado a transformarse.
—Dicen que el duque Laurent vive con una mujer.
—¿Una mujer?
—Una joven noble.
—¿Y quién es?
—Lady Kayla Fletcher.
—¿La hija de los duques Fletcher?
—¡Esa misma!
Los rumores comenzaban a recorrer las calles.
Pero Kayla...
No sabía absolutamente nada.
Terminó su desayuno, se limpió delicadamente los labios y se levantó.
[¡Ahora sí!]
Tenía trabajo que hacer.
Fue a buscar al duque Laurent.
Benjamin estaba revisando algunos documentos cuando Kayla entró.
Él levantó la mirada.
Durante unos segundos esperó.
[Quizás ahora diga algo.]
Tal vez un "lo siento por lo de anoche".
O al menos alguna explicación por haberse quedado dormida y haberlo obligado a cargarla.
Pero Kayla entró tranquilamente.
Sonrió.
Y dijo..
—Tenemos que entregar las donaciones.
Benjamin se quedó mirándola.
—Buenos días para usted también.
—Buenos días.
Kayla dejó varios documentos sobre su escritorio.
—Estuve revisando esto.
Benjamin los tomó.
—¿Qué ha pensado?
—Quiero que las cosas lleguen directamente a las personas que las necesitan.
Benjamin levantó la mirada.
—¿Directamente?
Kayla asintió.
—No quiero que pasen por demasiadas manos.
Señaló los documentos.
—No quiero que terminen almacenadas en la bodega de algún noble durante meses mientras la gente sigue esperando.
Benjamin la observó con atención.
Kayla continuó..
—Quiero que hagamos listas de las zonas más afectadas y que enviemos los productos directamente.
—¿Y quién supervisará la entrega?
—Los administradores del ducado, junto con personas de confianza.
Kayla hizo una pausa.
—Y quiero saber qué recibió cada zona.
Benjamin asintió lentamente.
—Podemos hacerlo.
Kayla sonrió.
—Perfecto.
Benjamin continuó leyendo los documentos.
Para su sorpresa, las propuestas estaban bastante bien organizadas.
Kayla hacía preguntas.
Escuchaba las respuestas.
Si algo no le parecía adecuado, preguntaba por qué.
Si existía una alternativa mejor, quería conocerla.
Y, sobre todo, cada decisión terminaba teniendo el mismo objetivo.
Que la ayuda llegara a quienes realmente la necesitaban.
Benjamin comenzó a darse cuenta de algo.
Cuando Kayla estaba trabajando...
Era diferente.
Seguía siendo alegre.
Seguía haciendo comentarios inesperados.
Pero escuchaba.
Aprendía.
Y aceptaba las sugerencias sin sentirse ofendida.
No parecía interesada en demostrar que tenía la razón.
Solo quería encontrar la mejor solución.
El día transcurrió tranquilamente.
Revisaron las rutas.
Organizaron las entregas.
Determinaron qué productos serían enviados primero.
Y establecieron qué zonas necesitaban atención inmediata.
Finalmente, Kayla se estiró en su silla.
—Bueno...
Miró al duque.
—¿Qué hacemos ahora?
Benjamin respondió tranquilamente..
—Comeremos algo y descansaremos.
Kayla lo miró.
Silencio.
—¿Qué?
—Comer.
—¿Y después?
—Descansar.
Kayla abrió la boca.
—¡ABURRIDO!
Benjamin cerró los ojos durante un segundo.
[Ya comenzó.]
Kayla se levantó.
—Ayer me dijo que recorreríamos el puerto.
—Ayer estaba cansada.
—Pero ahora no.
—Lady Kayla...
—Quiero conocer el pueblo.
Benjamin suspiró.
—Puede ir.
Kayla sonrió.
—¡Perfecto!
—Pero no iré con usted.
La sonrisa de Kayla desapareció ligeramente.
—¿Por qué?
—Tengo asuntos que atender.
Hizo una pausa.
—Puede ir acompañada por la guardia del ducado.
Kayla lo pensó durante unos segundos.
Luego asintió.
—Está bien.
No parecía molesta.
De hecho, volvió a sonreír.
—Entonces iré sola.
Benjamin levantó una ceja.
—No estará sola.
—Ya sé.
Kayla salió de la habitación.
En poco tiempo estuvo lista.
Se puso un vestido cómodo para caminar, tomó algunos accesorios y salió acompañada por varios miembros de la guardia del ducado.
—¡Volveré después!
Benjamin apenas alcanzó a responder.
—Tenga cuidado.
—¡Sí!
La puerta se cerró.
Y entonces...
Silencio.
Benjamin permaneció unos segundos sentado.
Miró los documentos.
Luego miró la puerta.
La mansión estaba completamente tranquila.
No se escuchaban risas.
No se escuchaban pasos corriendo por los pasillos.
Nadie gritaba desde las escaleras.
Nadie preguntaba qué podían comer.
Nadie entraba en su habitación sin previo aviso.
Nadie lo llamaba para decirle que quería ir al puerto.
El mayordomo caminó por el salón.
Las doncellas volvieron a sus labores.
Todo regresó a la normalidad.
Aquel silencio que antes había sido parte natural de la mansión Laurent...
De pronto parecía extrañamente vacío.
Benjamin miró nuevamente los documentos.
Suspiró.
[Qué tranquilidad.]
Hizo una pausa.
Luego frunció ligeramente el ceño.
[¿Por qué siento que falta algo?]
Mientras tanto, muy lejos de allí, Kayla caminaba felizmente por las calles del pueblo.
Miraba los puestos.
Observaba los barcos.
Preguntaba por los productos.
Se detenía frente a cualquier cosa que llamara su atención.
Y, sin saberlo, cada paso que daba hacía que los rumores sobre la misteriosa joven que había llegado a vivir con el duque Laurent crecieran un poco más.
Dos bombas sexuales🤭👏👏