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TENIAS QUE SER TU

TENIAS QUE SER TU

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencuentro / Malentendidos
Popularitas:478
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Del Angel

Greicy y Luis se odian desde el primer día. Ella es fuego, debate y no se deja. Él es calma fría, sarcasmo y siempre tiene la última palabra. En el salón son rivales. Fuera de él, son el chiste de sus amigos. Hasta que Luis, harto de discutir, la besa para callarla. Ese beso rompe todo. Desde entonces, descubre que es la única forma de desarmarla, y ella descubre que para desarmarlo tiene que ir más allá del beso. Pero una mentira de su ex los separa justo en graduación. Años después, ella sobrevive a una pandemia que le arrebata todo, él se vuelve cantante y le escribe su mayor éxito. Se reencuentran en Sinaloa, y Luis no está dispuesto a dejarla ir de nuevo.

NovelToon tiene autorización de Liz Del Angel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la fiesta de la facultad

La fiesta de fin de semestre de la Facultad de Humanidades siempre se hacía en una casa prestada en San Pedro. Este año le tocó a una quinta con alberca, luces colgando y una bocina que ya sonaba distorsionada desde las nueve de la noche.

Greicy no quería ir. Desde el mensaje de Valeria, no le hablaba bien a Luis. No era que creyera que él le había escrito, era que le dolía que Valeria tuviera acceso a su celular, a su historia, a una parte de él que ella no conocía. Se sentía fuera de lugar.

"Si no vas, gana ella", le dijo Mariana mientras le planchaba el pelo en su cuarto.

"No es competencia."

"Todo contigo y Salinas es competencia. Por eso vayan. Demuéstrale que tú estás ahora."

Greicy se puso un vestido negro corto, de esos que se había comprado para sentirse poderosa y no para gustarle a nadie. Se maquilló los ojos bien marcados y se hizo un moño alto. Cuando se vio al espejo, no se reconoció. Se veía mayor. Se veía como una mujer que podía perder a alguien y seguir de pie.

Luis llegó temprano a la fiesta para ayudar a montar el sonido. No sabía si Greicy iría. Le había mandado tres mensajes que solo tenían una palomita. Estaba nervioso y eso en él era raro, porque Luis Salinas nunca estaba nervioso. Tocaba la guitarra frente a 100 personas sin temblar, debatía sin respirar, pero con Greicy, todo era distinto.

Valeria también estaba ahí. Obviamente. Llevaba un top blanco y jeans, como si no se hubiera esforzado, pero se había esforzado mucho. Se pegó a Luis toda la noche, trayéndole cerveza, riéndose de todo lo que decía, tocándole el brazo cada dos minutos.

"¿Te acuerdas de esta canción? Era la nuestra", le dijo cuando sonó una de Ed Maverick.

Luis la quitó con amabilidad. "Vale, ya terminamos hace mucho. Te agradezco que vinieras, pero..."

"Pero ¿qué? ¿Ahora te gusta esa niña berrinchuda? Luis, tú y yo tenemos historia."

"Justo por eso. Es historia. Ya pasó."

En ese momento, la puerta de la quinta se abrió y entró Greicy con Mariana. El vestido negro, el moño, los labios rojos. Todo el patio la volteó a ver. No por el vestido, sino porque entró con esa seguridad de quien está herida pero no derrotada.

Luis se quedó sin aire. Literalmente dejó la cerveza a medias.

Valeria lo notó. Y eso la hizo actuar más rápido.

Greicy intentó ignorarlo. Se fue directo a la barra de bebidas, se sirvió un tequila derecho y se lo tomó como si fuera agua. Mariana la miró preocupada.

"Tranquila, es solo uno."

Fue uno, luego dos, luego tres. No porque quisiera emborracharse, sino porque cada vez que volteaba, veía a Valeria colgada de Luis y sentía un nudo en el estómago que no sabía manejar. Ella no era celosa. O eso creía. Hasta esa noche.

Como a las once, Luis logró escaparse de Valeria y la encontró en la cocina, buscando hielo.

"Viniste", le dijo, casi en un susurro.

"Pues sí. Es mi facultad también", contestó ella, sin mirarlo, con voz cortante.

"Greicy, tenemos que hablar de ayer. Yo no le mandé ese mensaje a Valeria. Ella tomó mi celular cuando fui al baño."

"¿Y por qué tenía tu celular?"

"Porque me lo pidió para hacer una llamada. Fue un segundo."

Greicy por fin lo miró. Tenía los ojos brillosos por el tequila y por el enojo contenido. "¿Sabes qué es lo que más me duele? No es ella. Es que no me defendiste ahí. Me dejaste ir. Me dijiste 've, hablen'. Como si no importara."

Luis se acercó, bajando la voz porque había gente pasando. "Sí importas. Importas demasiado. Me importas tanto que me da miedo cagarla. Y la cagué."

Ella quiso seguir enojada. Quería gritarle. Pero lo tenía tan cerca, con esa cara de arrepentimiento honesto, con ese olor a perfume barato y a noche caliente, que su enojo se empezó a derretir.

"¿Te gusta todavía?", preguntó ella de golpe.

"No."

"¿Seguro?"

"Segurísimo. La única persona que me gusta aquí, que me vuelve loco aquí, eres tú. Desde que te vi en esa mesa equivocada. Tenías que ser tú, Greicy. No ella."

Greicy sintió que el tequila y sus palabras le subían a la cabeza. Ya no quería pelear. Estaba cansada de pelear con él. Quería otra cosa.

"¿Me vas a besar para callarme otra vez o vas a hacer algo más útil?", dijo, cruzándose de brazos, pero con una sonrisa pequeña que se le escapó.

Luis no esperó más. La tomó de la cintura y la besó ahí, en la cocina, frente al refri abierto y a dos chavos que buscaban hielos. No fue un beso para callarla. Fue un beso para pedir perdón, para decirle que era suya, para marcar territorio frente a todos.

Greicy le respondió con la misma intensidad, olvidando que había gente. Le pasó las manos por el pelo, lo apretó contra ella. Llevaban dos días sin tocarse y se notaba.

Mariana los encontró y gritó: "¡Por fin! ¡Ya era hora!"

Todo el patio volteó. Valeria también. Vio la escena y entendió que había perdido.

Esa noche, Greicy bebió un poco más de la cuenta. No mucho, pero lo suficiente para estar mareada y emocional. Luis no tomó nada. Se dedicó a cuidarla, a traerle agua, a asegurarse de que estuviera bien. Cuando la fiesta se acabó a las dos de la mañana, ella ya no podía manejar.

"Me la llevo yo", le dijo a Mariana.

"Cuídamela, Salinas. Si le pasa algo, te mato."

"Te lo juro."

La subió a su coche, un Sentra viejo que a veces no prendía. Esta vez prendió. La llevó a su departamento, no al de ella, porque quedaba más cerca. Greicy iba en el asiento del copiloto, con la ventana abajo, cantando bajito, con la cabeza recargada.

"Luis..."

"Dime."

"Tenías que ser tú el que me cayera mal y luego me gustaras tanto. Qué coraje."

Luis se rió, con el corazón a mil.

"Lo sé. A mí también me da coraje. Pero ya no hay vuelta atrás, Reyes."

Cuando llegaron, la ayudó a subir. Ella se tropezó en las escaleras y él la cargó los últimos tres escalones. La acostó en su cama, le quitó los zapatos con cuidado, le puso una playera suya enorme que le quedaba como vestido y le trajo agua y una pastilla.

Se quedó sentado en el suelo, al lado de la cama, viéndola dormir. Greicy, medio dormida, estiró la mano y lo buscó.

"No te vayas."

"No me voy."

Ella lo jaló. Él se acostó a su lado, por fuera de las cobijas, solo para que no se sintiera sola. Greicy se acurrucó contra su pecho, respirando tranquila. En un movimiento dormida, su playera se levantó un poco y Luis vio, por primera vez, en su cadera izquierda, un tatuaje pequeño, recién hecho, aún un poco rojo: decía "L.S." en letra cursiva fina.

Luis se quedó helado. Le tocó la cadera con la yema de los dedos, muy suave para no despertarla.

"¿Greicy... qué hiciste?"

Ella, dormida, sonrió. "Me dijiste que te tatuarías mi nombre si ganábamos la nacional. Yo me adelanté."

Luis no había dicho eso. Lo había pensado, pero nunca lo dijo en voz alta. ¿Cómo lo supo? No importaba. Ahí estaba. Su inicial en la piel de la mujer que amaba.

Esa noche no pasó nada sexual. Solo se quedaron abrazados, él cuidándola, ella aferrada a él. Pero para Luis, ver ese tatuaje fue más íntimo que cualquier otra cosa. Fue la prueba de que, aunque pelearan, aunque Valeria se metiera, ella ya era suya.

Y él decidió que no la dejaría ir nunca más. Aunque tuviera que atarla a él con un contrato, con una canción o con lo que fuera.

1
Nancy🌊✈️
interesante
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