SIN ESPOILER
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EL DIA DE LA BODA 1/¿?
Capítulo 20: El día de la boda (Parte 1)
El amanecer llegó acompañado de un cielo completamente despejado.
La suave brisa del mar hacía ondear las cortinas de la mansión Moretti mientras los primeros rayos del sol iluminaban los inmensos jardines donde, en pocas horas, tendría lugar una de las bodas más importantes del año.
No solo porque Lorenzo Moretti era uno de los líderes más respetados de Italia.
Sino porque aquella ceremonia reuniría a representantes de las organizaciones más poderosas de distintos países.
Desde muy temprano, decenas de vehículos comenzaron a llegar.
Automóviles de lujo cruzaban lentamente la enorme entrada de la mansión.
Hombres y mujeres elegantemente vestidos descendían acompañados por discretos equipos de seguridad.
Entre los invitados había empresarios, jueces, diplomáticos y también líderes de distintas organizaciones criminales que mantenían alianzas con Lorenzo desde hacía años.
Todos habían acudido para presenciar aquel momento tan especial.
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Dentro de la mansión, el ambiente era completamente distinto.
Valeria terminaba de arreglarse frente a un enorme espejo.
El vestido blanco caía elegantemente hasta el suelo.
Su largo velo descansaba sobre sus hombros y un delicado collar de perlas completaba el conjunto.
La maquillista dio un paso atrás.
—Ha terminado.
Valeria levantó lentamente la mirada hacia el espejo.
Por unos segundos fue incapaz de hablar.
Victoria, que había permanecido observando todo desde una esquina de la habitación, sintió que los ojos se le humedecían.
—Mamá...
Valeria giró lentamente.
Su hija tenía una enorme sonrisa.
—¿Qué ocurre?
Victoria caminó hasta ella.
—Estás...
Se quedó sin palabras.
—...hermosa.
Valeria sonrió con emoción.
—Gracias, cariño.
Victoria la abrazó con cuidado para no arrugar el vestido.
—Papá estaría muy feliz de verte así.
Aquellas palabras hicieron que los ojos de Valeria se llenaran de lágrimas.
Tomó el rostro de su hija entre sus manos.
—Siempre llevaré su recuerdo en mi corazón.
Victoria asintió.
—Y él habría querido verte volver a sonreír.
Las dos permanecieron abrazadas durante varios segundos.
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En otra parte de la mansión...
Ian terminaba de acomodarse el saco negro de su elegante traje.
Frente al espejo respiró profundamente.
Nunca había visto a su padre tan nervioso.
Escuchó que alguien llamaba a la puerta.
—Adelante.
Era Lorenzo.
También vestía un impecable traje negro.
Durante unos segundos padre e hijo simplemente se observaron.
Ian fue el primero en sonreír.
—Te ves muy elegante.
Lorenzo soltó una pequeña risa.
—Gracias.
—Aunque estás bastante nervioso.
—¿Se nota tanto?
—Muchísimo.
Ambos comenzaron a reír.
Lorenzo se acercó.
—¿Cómo me veo?
Ian acomodó ligeramente la corbata de su padre.
—Perfecto.
Lorenzo sonrió.
—Gracias.
Hubo un breve silencio.
—Ian.
—¿Sí?
—Gracias por estar conmigo en este día.
El joven respondió con una sonrisa sincera.
—No habría otro lugar donde quisiera estar.
Lorenzo abrió los brazos.
Ian lo abrazó con fuerza.
—Estoy orgulloso de ti.
—Y yo de ti, papá.
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Mientras tanto...
Los jardines comenzaban a llenarse de invitados.
Una elegante orquesta interpretaba suaves melodías mientras los asistentes ocupaban sus lugares.
Las primeras filas estaban reservadas para familiares y amigos cercanos.
Detrás de ellos se encontraban los representantes de distintas organizaciones internacionales.
Algunos líderes conversaban entre sí.
Otros admiraban la decoración.
El enorme altar blanco tenía como fondo el inmenso mar.
Las flores blancas parecían flotar con la brisa.
Todo era exactamente como Lorenzo y Valeria lo habían imaginado.
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Finalmente llegó el momento.
Ian caminó junto a su padre hasta el altar.
Los invitados se pusieron de pie respetuosamente.
Lorenzo respiró profundamente.
Ian sonrió.
—Todo saldrá bien.
—Eso espero.
—No.
Ian negó con firmeza.
—Estoy seguro.
Lorenzo asintió.
Los dos ocuparon su lugar frente al altar.
Desde allí observaban el largo camino cubierto de pétalos blancos.
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Dentro de la mansión...
Una organizadora se acercó.
—Es hora.
Valeria cerró los ojos unos segundos.
Respiró profundamente.
Victoria tomó su mano.
—¿Lista?
Valeria sonrió.
—Sí.
La música comenzó a sonar.
Las enormes puertas se abrieron lentamente.
Todos los invitados giraron la cabeza.
Valeria apareció tomada del brazo de Victoria.
Un murmullo de admiración recorrió el lugar.
El vestido brillaba bajo la luz del sol.
El velo se movía suavemente con la brisa.
Victoria caminaba con una sonrisa llena de orgullo.
No llevaba a su madre hacia un adiós.
La llevaba hacia un nuevo comienzo.
Desde el altar...
Lorenzo quedó completamente inmóvil.
No podía apartar la mirada de Valeria.
Ian sonrió discretamente al ver la expresión de su padre.
—Te dije que valdría la pena esperar.
Lorenzo apenas pudo responder.
—Es... la mujer más hermosa que he visto.
Poco a poco, Valeria y Victoria avanzaron por el camino de pétalos.
Los invitados observaban emocionados.
Algunos incluso limpiaban discretamente una lágrima.
Cuando finalmente llegaron frente al altar, Victoria tomó ambas manos de su madre.
La miró directamente a los ojos.
—Gracias por enseñarme que siempre se puede volver a ser feliz.
Valeria sintió que las lágrimas volvían a aparecer.
—Gracias por acompañarme hasta aquí.
Victoria sonrió.
Luego tomó la mano de su madre y la colocó suavemente sobre la de Lorenzo.
Él la sostuvo con enorme delicadeza.
Victoria dio un pequeño paso hacia atrás.
Lorenzo la miró con gratitud.
—Gracias por confiarme lo más valioso que tienes.
Victoria respondió con una sonrisa.
—Solo prométeme que seguirá sonriendo así.
Lorenzo asintió con absoluta convicción.
—Te lo prometo.
La joven ocupó su lugar junto a Ian.
Al sentarse, ambos intercambiaron una sonrisa.
Por un instante, sin darse cuenta, sus manos quedaron muy cerca sobre el banco.
Pero la ceremonia comenzó.
Y todas las miradas volvieron a dirigirse hacia Lorenzo y Valeria, quienes estaban a punto de pronunciar las palabras que cambiarían para siempre el destino de sus vidas.