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La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

Status: Terminada
Genre:Apoyo mutuo / Aventura Urbana / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Una chica de ciudad, acostumbrada a la comodidad, la tecnología y el ritmo acelerado de la vida urbana, conoce por chat a un chico de campo. Con el paso del tiempo, las conversaciones se convierten en una hermosa historia de amor. Decidido a conocerla, él viaja para verla y ambos descubren que sus sentimientos son verdaderos. Cuando deciden construir un futuro juntos, ella debe adaptarse a una vida completamente diferente. Aprende las costumbres del campo, a cocinar en leña, a convivir con la naturaleza y a disfrutar de la tranquilidad que la rodea. Entre cambios, desafíos y nuevas experiencias, descubre una felicidad que jamás imaginó encontrar.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: La llegada de Miguel Ángel

Habían pasado nueve meses desde que recibimos aquella noticia que llenó de alegría a toda la familia. Parecía que había sido ayer cuando Felipe y Sara llegaron del pueblo diciendo que iban a ser padres. Desde entonces, todos vivimos el embarazo con mucha emoción.

Mi cuñada Sara ya estaba en los últimos días de gestación. La barriga era tan grande que caminar le costaba trabajo. Mi mamá la ayudaba con muchas cosas y siempre estaba pendiente de ella.

Sin embargo, había una preocupación que nos acompañaba desde hacía semanas.

La situación económica no era la mejor.

Todavía no habíamos vendido el café de la cosecha y el dinero escaseaba bastante. Apenas alcanzaba para los gastos de la casa y las necesidades de la finca. Felipe estaba preocupado porque no sabía cómo iba a pagar los gastos de un hospital.

Aunque intentaba no demostrarlo, todos sabíamos que estaba nervioso.

—Dios proveerá —le decía mi mamá.

—Eso espero —respondía él.

Los días siguieron pasando.

Sara cada vez estaba más cerca de dar a luz.

Aquella noche parecía una noche normal. Cenamos juntos, conversamos un rato en el corredor y luego cada uno se fue a dormir.

Yo estaba profundamente dormido cuando escuché unos pasos apresurados por el pasillo.

Miré el reloj.

Eran aproximadamente las dos de la mañana.

De repente escuché una voz.

—¡Felipe!

Era Sara.

Su voz sonaba diferente.

Me levanté rápidamente.

Al abrir la puerta vi que Felipe también salía de su habitación.

—¿Qué pasó? —preguntó preocupado.

Sara respiraba con dificultad.

—Me duele mucho.

Mi mamá salió inmediatamente de su cuarto.

Solo necesitó unos segundos para entender lo que estaba ocurriendo.

—Ya empezó.

Felipe se puso nervioso.

—¿Cómo así que ya empezó?

—Las contracciones.

Sara volvió a quejarse.

Mi mamá se acercó a ella.

—Tranquila, hija. Respire despacio.

Mi papá también apareció.

Toda la casa se despertó en cuestión de minutos.

Melissa salió medio dormida.

—¿Qué pasó?

—Nada, princesa. Vuelva a dormir —le dijo mi mamá.

Pero nadie volvió a dormir esa noche.

Las contracciones comenzaron a hacerse más frecuentes.

Felipe caminaba de un lado a otro sin saber qué hacer.

—¿Y ahora qué hacemos?

—Tranquilo —respondió mi mamá.

—¿Cómo voy a estar tranquilo?

—Respire.

—¡Voy a ser papá!

—Precisamente por eso debe calmarse.

Mi mamá había sido partera durante muchos años cuando era más joven.

Muchas mujeres de la región habían recibido su ayuda.

Por eso, cuando vio que el parto estaba avanzando, tomó el control de la situación.

—Hernán, vaya por agua caliente.

—Sí, señora.

—Felipe, ayúdeme a preparar todo.

—Bueno.

Durante los siguientes minutos todos colaboramos.

La tensión aumentaba cada vez más.

Sara intentaba mantenerse fuerte, pero el dolor era evidente.

Mi mamá permanecía a su lado.

—Respire profundo.

—Así.

—Muy bien.

El tiempo parecía pasar más lento de lo normal.

Las horas avanzaban y las contracciones se hacían más intensas.

Felipe estaba tan nervioso que apenas podía quedarse quieto.

—¿Está bien?

—Sí.

—¿Segura?

—Sí.

—¿Y ahora?

—Felipe, deje respirar a la muchacha —dijo mi papá.

A pesar de los nervios, aquella escena también tenía algo hermoso.

Toda la familia estaba unida ayudando.

Nadie pensaba en el cansancio.

Todos estábamos concentrados en la llegada del bebé.

Afuera la madrugada continuaba.

El silencio del campo solamente era interrumpido por los sonidos que llegaban desde la habitación.

Mi mamá seguía guiando a Sara.

—Ya falta poco.

—Usted puede.

—Muy bien.

Pasaron varios minutos más.

Entonces escuchamos a mi mamá decir:

—Ya casi.

Felipe me miró.

Yo también estaba nervioso.

Era la primera vez que vivía algo así tan de cerca.

Luego llegó uno de los momentos más importantes de nuestras vidas.

Un pequeño llanto rompió el silencio de la madrugada.

Todos nos quedamos inmóviles durante unos segundos.

Después nos miramos unos a otros.

Y comenzamos a sonreír.

El bebé había nacido.

Felipe tenía lágrimas en los ojos.

—¿Ya nació?

—Sí —respondió mi mamá emocionada.

—Felicitaciones, papá.

Mi hermano no podía creerlo.

Poco después mi mamá salió de la habitación con una enorme sonrisa.

—Todo salió bien.

Sentimos un gran alivio.

Felipe entró rápidamente para ver a Sara y al bebé.

Yo me quedé afuera junto a mi papá.

Escuchábamos las risas y los llantos de felicidad.

Minutos después nos permitieron entrar.

Allí estaba Sara descansando.

Cansada, pero feliz.

Y en sus brazos había un pequeño bebé.

Era un niño.

Felipe no dejaba de mirarlo.

—Es hermoso.

—Se parece a usted —dijo Sara.

—Pobrecito entonces —respondí.

Todos soltamos una carcajada.

Incluso Sara se rio.

La emoción era enorme.

Melissa también quiso conocer a su sobrino.

Cuando vio al bebé abrió los ojos sorprendida.

—Es muy pequeñito.

—Porque acaba de nacer —le explicó mi papá.

Durante varios minutos admiramos al nuevo integrante de la familia.

Finalmente llegó la pregunta más importante.

—¿Y cómo se va a llamar?

Felipe miró a Sara.

Ella sonrió.

Era un nombre que habían escogido desde hacía tiempo.

—Miguel Ángel.

Mi mamá sonrió.

—Qué nombre tan bonito.

—Bienvenido, Miguel Ángel —dijo mi papá.

Yo observé al pequeño.

Todavía era increíble pensar que nueve meses atrás apenas era una noticia y ahora estaba allí, rodeado por toda una familia que ya lo quería profundamente.

Cuando el sol comenzó a salir detrás de las montañas del Quindío, los primeros rayos iluminaron la finca.

Era una mañana diferente.

Una mañana especial.

La casa estaba llena de felicidad.

El cansancio de la larga noche parecía no importar.

Todos sonreíamos.

Porque aquella madrugada no solo había nacido Miguel Ángel.

También había nacido un nuevo capítulo para nuestra familia.

Y mientras observaba a mi sobrino dormir tranquilo en los brazos de su madre, comprendí que algunos momentos quedan grabados para siempre en el corazón.

La llegada de Miguel Ángel sería uno de esos recuerdos que jamás olvidaríamos.

Sara y Felipe y el pequeño Miguel angel

1
Kayra Villavicencio
Y el papá
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