Un hombre común de la Tierra muere atropellado y reencarna en la prehistoria, en el salvaje mundo de Pristokia. Pero no despierta indefenso: viene acompañado por el "Sistema del Árbol Sagrado Primordial", el cual fusiona en su cuerpo el poder divino absoluto de Kaguya, Hagoromo y Hamura Otsutsuki. Con el control total del espacio, el tiempo y la energía universal, su primera misión será detener el meteorito que amenaza con extinguir a los dinosaurios. En lugar de destruirlos, decidirá esparcir el chakra en el planeta y cultivar a las bestias prehistóricas como sus plantas de energía. Cada criatura que muera le devolverá un poder inimaginable. Su objetivo final: devorar la energía de estrellas y galaxias, fusionar el universo en un solo mega-mundo y fundar el clan Otsutsuki definitivo. ¡Nadie podrá detener al ancestro supremo!
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Capítulo 3: La Fundacion del Clan y los Rangos de Pristokia
Con la Tierra Suprema expandida miles de veces y un nuevo sol artificial iluminando el firmamento, Dragon contempló su obra desde las alturas. El megamundo era gigantesco, pero estaba vacío de orden. Los dinosaurios, aunque imbuidos de energía por el meteorito absorbido, seguían actuando por puro instinto salvaje.
Para un Dios Supremo, gobernar cada rincón por sí mismo era una pérdida de tiempo. Necesitaba una estirpe, un grupo de ejecutores que administraran el universo en su nombre.
Extendiendo sus manos, Dragon concentró una inmensa cantidad de su chakra primordial. Usando su propia esencia y moldeando la energía cósmica con su "Cheat de Fusión", dio origen a sus dos primeros descendientes de sangre pura: Ishiki y Kaguya. Ambos abrieron los ojos por primera vez flotando en el espacio, arrodillándose de inmediato ante su creador. Debido a su origen divino, ambos nacieron rompiendo las leyes mortales, alcanzando directamente el Rango Seis Caminos.
—Hijos míos —la voz de Dragon retumbó en el vacío—. Ustedes son el inicio del Clan Otsutsuki. Su deber es vigilar este mundo, pero los mortales deben encontrar su propio camino para que su energía madure.
Para darles un propósito a las criaturas inferiores, Dragon usó su ojo izquierdo para proyectar una red de energía visible en todo el cielo del planeta. Con su voz divina, dictó el decreto del Sistema de Cultivo, una ley universal que se grabó en el alma de cada ser vivo.
A partir de ese día, cualquiera que acumulara chakra ascendería por los rangos: Genin, Chunin y Jonin para los principiantes. Aquellos que dominaran continentes alcanzarían el rango Kage o Súper Kage. Por encima, solo estarían los inmortales del rango Seis Caminos, seguidos por los Dioses Regionales y Galácticos. En la cúspide absoluta, inalcanzable para todos, permanecía Dragon como el Anestro Supremo.
El impacto del decreto fue inmediato. En la superficie, el chakra Otsutsuki comenzó a mutar el cerebro de los grandes depredadores. El Tyrannosaurus Rex que Dragon había bendecido antes, ahora bautizado como Ignis, sintió cómo su mente se expandía. Sus ojos reflejaron inteligencia por primera vez y su garganta se adaptó para articular palabras. Al comprender la jerarquía del universo, Ignis rugió hacia los cielos, guiando a su manada a absorber las piedras espirituales del terreno para romper la barrera de los rangos mortales y alcanzar el rango Kage.
En los cielos, un Quetzalcoatlus masivo llamado Zephyrus pasó por la misma evolución, declarándose el soberano del viento. Las primeras civilizaciones de bestias sagradas habían nacido, obsesionadas con ascender en el sistema de cultivo impuesto por su Dios.
Sabiendo que el motor de la evolución estaba en marcha, Dragon regresó a su palacio flotante. Las piezas estaban colocadas en el tablero. Las bestias pelearían, cultivarían chakra y, al morir, toda esa energía refinada regresaría a él.
El Ancestro Supremo cerró los ojos, dejando el destino del megamundo en manos de sus hijos y de la guerra biológica que estaba por comenzar.
Con el decreto divino firmemente establecido en el firmamento de Pristokia, el orden comenzó a reinar. Las manadas de bestias sagradas entendieron su propósito y Dragon, el Ancestro Supremo, cerró sus ojos divinos para entrar en una profunda meditación cósmica, esperando que la primera gran cosecha de energía estuviera lista. El destino del universo acababa de comenzar.