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Ecos De Luz Y De Sombras

Ecos De Luz Y De Sombras

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Amor prohibido / Completas
Popularitas:702
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12 — La Primera Tormenta

Elara:

Desde que el Vor’ka desapareció en ese remolino de sombras y luz, algo en el bosque comenzó a cambiar. No era solo la vibración tensa del aire, ni la inquietud de los árboles, ni siquiera la sensación de que el tiempo mismo se estiraba como un hilo a punto de romperse. Era otra cosa. Algo más profundo. Algo que yo no lograba identificar, pero que los Lumarin parecían percibir con desesperación.

Estaban encima de mí.

Literalmente.

Cada vez que me movía, tres o cuatro me seguían. Se posaban en mis hombros, en mis brazos, incluso en mi cabello, emitiendo un zumbido suave que me provocaba cosquillas en la piel. Kael lo notó desde el amanecer.

—Están… demasiado atentos contigo —comentó, sin apartar la vista de los Lumarin.

No era molestia.

Era preocupación.

Pero no le respondí. No sabía qué decir. Yo tampoco entendía qué les pasaba.

Desde hace tres días, mi cuerpo se sentía extraño. Una mezcla de calor interno, cansancio suave y una energía pulsante en el centro de mi pecho. Pensé que era por el vínculo, por la batalla, por el Vor’ka… por todo. Y sin embargo, cada vez que llevaba mis manos a mi vientre, sentía un escalofrío tibio, una vibración minúscula que no era mía.

Pero no me atreví a pensar más allá.

No podía.

No cuando la guerra comenzaba a mostrarse en el horizonte.

El primer aviso no llegó como un rugido ni como un temblor. Llegó como un silencio.

El tipo de silencio que se siente antes de una tormenta devastadora.

Kael se tensó a mi lado.

Sus manos envolvieron mi cintura con esa mezcla de protección y posesión que siempre hacía que mi corazón se acelerara.

—Elara… agáchate.

Lo hice sin preguntar.

Los Lumarin chillaron al mismo tiempo, como si un rayo invisible hubiera atravesado sus diminutos cuerpos. La luz de todos ellos se apagó por un segundo. Y después del silencio absoluto…

El suelo explotó.

Un estruendo rompió el bosque en dos. Las raíces se levantaron como serpientes vivas. La tierra abrió una grieta inmensa justo delante de nosotros. Del interior emergió un olor a hierro y ceniza que quemó mi garganta.

Kael me cubrió con su cuerpo en un solo movimiento.

Un rugido brotó desde la grieta, un rugido tan grave que sentí cómo la vibración trepaba por mis piernas hasta el pecho. Y entonces lo vimos.

Una bestia.

Oscura.

Gigantesca.

Con cuatro ojos rojos y una melena de sombra líquido que goteaba al suelo como veneno.

Sus garras eran más largas que mi brazo.

—Un Gor’Marth… —susurró Kael, con una mezcla de rabia y horror.

—¿Qué es eso? —pregunté, incapaz de apartar la mirada.

—Criaturas de guerra —respondió—. Solo aparecen cuando la oscuridad declara su primera ofensiva.

Y no estaba sola.

Otras surgieron detrás de ella, arrastrando cadenas de humo, gruñendo con un odio tan denso que el aire se volvió difícil de respirar.

Pero no era lo único que emergía.

Un destello blanco apareció entre los árboles.

Luego otro.

Y otro.

Soldados hechos de luz pura, armados con lanzas radiantes, se formaron en fila.

Detrás de ellos, soldados hechos de sombra sólida emergieron también.

Y lo más extraño: ambos bandos avanzaban hacia el mismo punto.

Hacia nosotros.

—Kael… —susurré—. ¿Por qué vienen ambos? ¿No se supone que la luz y la oscuridad son rivales?

—En una guerra por el equilibrio, Elara… —me tomó de la mano—. Todos buscan al origen de la ruptura.

Mi corazón dio un salto doloroso.

¿El origen… éramos nosotros?

Los Lumarin chillaron con más fuerza que nunca. Y de repente, junto a ese sonido, un mareo me golpeó. No era normal. No era como la magia habitual. Era algo más suave… más profundo… más interno.

Llevé mis manos al vientre.

Kael me miró de inmediato.

—¿Te duele? —preguntó con voz tensa.

—No… no es dolor. Es como… un pulso.

Kael frunció el ceño.

Los Lumarin se acercaron formando un círculo alrededor de mí, como si quisieran protegerme de algo que solo ellos percibían.

Su luz cambió.

Del azul suave… al dorado.

Y luego al blanco.

Kael lo notó al mismo tiempo que yo.

—Elara… —respiró—. Esa luz… solo la emiten cuando…

Antes de que pudiera terminar, una voz conocida estalló entre los árboles.

—¡Kael! ¡Elara!

Me giré.

Un hombre de cabello gris oscuro, largo hasta los hombros, apareció caminando con un bastón de madera luminosa. Su mirada tenía la fuerza de un guerrero, pero la suavidad de alguien que había sanado más vidas de las que podía contar.

—Sarem… —susurré, sintiendo un nudo en la garganta.

Mi mentor.

El sanador que me había enseñado a controlar mi fuego cuando apenas era una niña.

El hombre que me protegió más de una vez.

El que conocía mis miedos, mis dones… y mis secretos.

Sarem me abrazó con rapidez, como si hubiera pasado años buscándome.

—Estás viva, yo lamento haberte querido sellar… —dijo con tanta tristeza que casi me hizo llorar—. Estás viva, pequeña luz.

Kael no apartaba la vista de él.

—¿Cómo llegaste tan rápido? —preguntó Kael, con tono desconfiado.

—El vínculo de ustedes creó un eco que se sintió en todos los reinos —respondió Sarem sin mirarlo—. Y cuando eco se vuelve inestable, los sanadores… respondemos.

Se separó de mí.

Tomó mi rostro con ambas manos.

Sus ojos, de un verde profundo, se suavizaron.

—Elara, mírame —ordenó con firmeza suave.

Lo hice.

Dejó su mano sobre mi vientre.

Y entonces lo vi en su rostro.

Un impacto.

Un asombro silencioso.

Una emoción que jamás había visto en él.

—No puede ser… —susurró.

Kael dio un paso adelante, casi como si temiera lo que iba a escuchar.

—¿Qué sucede? —preguntó con voz rasposa.

Sarem me miró… luego miró a Kael… luego a los Lumarin.

—Ahora lo entiendo —susurró—. Ellos lo sabían antes que ustedes.

Mi piel se erizó.

—¿Qué sabían? —pregunté con un hilo de voz.

Sarem acercó su mano a mi vientre, pero no me tocó. Solo dejó que el aura de su luz se extendiera.

Sentí un cosquilleo.

Un pulso.

Un calor profundo.

Y entonces lo dijo.

—Elara… estás en cinta.

Mi respiración se quebró.

El mundo giró.

No supe si era magia o shock.

Kael palideció.

—¿Qué… qué dijiste? —su voz tembló como nunca lo había escuchado.

Sarem asintió lentamente.

—Una nueva vida ha comenzado en ti. Y su magia… es poderosa. Demasiado poderosa para un solo mundo.

Los Lumarin volaron hacia mí, pegándose a mis brazos, a mi cuello, incluso a mi pecho. Uno se posó sobre mi vientre, envolviéndolo con un brillo cálido.

Kael dio dos pasos hacia mí, como si el suelo ya no existiera.

Sus manos temblaron al tocar mi rostro.

—Elara… mi Elara… —susurró—. ¿Estás… segura de que te sientes bien? ¿Te duele algo? ¿Sientes mareos? ¿Frío? ¿Calor? Dime.

Lo abracé.

Con fuerza.

Con miedo.

Con amor.

—Estoy bien —susurré contra su pecho—. Solo… sorprendida.

Pero el momento no duró.

Un grito desgarró el aire.

Una de las bestias saltó hacia nosotros con las garras extendidas.

Kael me empujó detrás de él.

Su sombra explotó como una onda negra.

Sarem levantó su bastón y la luz brotó como una llama blanca.

La batalla estalló.

Kael:

No sentía miedo por mí.

Sentía miedo por ella.

Por Elara.

Por esa vida nueva que ahora sabía que crecía dentro de su cuerpo.

Podía morir mil veces.

Mil guerras.

Mil mundos destruidos.

Pero no iba a permitir que algo tocara a mi compañera.

No a la mujer que amaba.

No a la madre de mi hijo.

Mi hijo.

El pensamiento me atravesó como un rayo.

Pero no tenía tiempo de procesarlo.

Tres Gor’Marth se lanzaron sobre nosotros al mismo tiempo.

Mis sombras se elevaron como una columna negra.

Sarem invocó una barrera de luz que repelió el impacto.

Los soldados de luz avanzaron.

Los soldados de oscuridad también.

Pero no para enfrentarse.

Sino para capturarnos.

—¡Protejan a Elara! —rugí.

Las sombras obedecieron.

Cubrí su cuerpo como una segunda piel.

Sarem gritó:

—Kael, su magia está inestable. Necesitamos sacarla de aquí.

—No la dejo sola ni un segundo —respondí con voz grave.

Elara tomó mi mano.

Su fuego se mezcló con mi sombra.

Una combinación perfecta.

Una fusión que solo almas destinadas podían lograr.

Las bestias retrocedieron.

Los soldados de luz y de oscuridad nos rodearon.

Pero ninguno dio el primer golpe.

Estaban… esperando.

Y entonces lo vi.

Entre los árboles.

Entre las sombras vivas.

Una figura conocida.

Un aura peligrosa.

Un rostro que había prometido volver.

El otro amor de Elara.

El que quiso reclamarla.

El que buscó romper nuestro vínculo.

El que escapó jurando regresar.

Y regresó.

—Elara… —susurré con una furia helada—. Está aquí.

Ella me miró.

Y su mano tembló alrededor de la mía.

La guerra acababa de comenzar.

Y nuestro hijo… era el premio que todos querían tomar.

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