🌙 LOS NOCTARYS 🌙
Libro I: Marcada por la Luna Negra
La noche de su cumpleaños número dieciocho, Ayla descubre una marca imposible en su piel.
Una marca que la señala como parte de una raza antigua que jamás debió existir.
Los Noctarys.
Nacidos de la oscuridad de una estrella caída, ocultos entre los humanos durante siglos y condenados por una profecía que podría destruir su mundo.
Cuando Ayla conoce a Kael, el misterioso heredero de los Noctarys, algo despierta entre ellos.
Una conexión imposible.
Un destino escrito mucho antes de que nacieran.
Pero la profecía es clara:
Si el heredero y la marcada se enamoran, la Luna Negra despertará... y todo aquello que aman desaparecerá.
Entre secretos, traiciones, poderes prohibidos y una guerra que se acerca, Ayla deberá decidir si está dispuesta a desafiar al destino.
Porque algunas historias de amor están destinadas a salvar un mundo.
Y otras...
A destruirlo.
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Libro II — Capítulo 21: El Reino Sin Recuerdos
Siete días habían pasado desde el Último Amanecer.
El Reino de los Noctarys ya no era el mismo.
Las cicatrices de la guerra seguían marcando las murallas, pero poco a poco la vida comenzaba a abrirse paso entre las piedras rotas. Donde antes había cenizas, ahora crecían flores violetas. Los artesanos reconstruían las casas. Los niños corrían por las calles sin miedo. Los Noctarys y los Umbrarys trabajaban hombro con hombro, como si siglos de odio hubieran sido apenas una pesadilla.
Por primera vez en mil años...
Había paz.
Pero no todos podían disfrutarla.
Kael permanecía de pie sobre el balcón del antiguo palacio.
Observaba el reino mientras el viento agitaba su capa negra.
Había algo que no encajaba.
Desde el día del Último Amanecer despertaba todas las noches exactamente a la misma hora.
Siempre con el corazón acelerado.
Siempre con la sensación de que alguien pronunciaba su nombre.
Y siempre...
Con lágrimas que no podía explicar.
No recordaba ningún sueño.
Solo aquel inmenso vacío en el pecho.
Como si hubiese perdido a la persona más importante de su vida.
Pero nadie había muerto.
Al menos eso era lo que todos recordaban.
—Otra vez sin dormir.
La voz del Primer Rey lo hizo girar.
El anciano caminó lentamente hasta colocarse a su lado.
—¿Sigues teniendo esas pesadillas?
Kael respiró profundamente.
—No son pesadillas.
Es peor.
Siento que olvidé algo.
Algo que debería recordar.
El Primer Rey guardó silencio.
En el fondo...
Él también sentía lo mismo.
Desde hacía días encontraba pequeños detalles imposibles de explicar.
Una silla vacía durante las reuniones.
Un nombre que casi pronunciaba sin saber cuál era.
Una melodía que aparecía en sus recuerdos y desaparecía antes de poder reconocerla.
Algo faltaba.
Y ninguno entendía qué era.
Muy lejos del reino...
Más allá del Bosque de las Sombras.
Más allá de las montañas donde jamás llegaban los Noctarys.
Una joven abrió lentamente los ojos.
Despertó sobre un enorme campo cubierto de flores blancas.
No recordaba quién era.
No recordaba cómo había llegado allí.
Ni siquiera conocía su nombre.
Solo llevaba un sencillo vestido blanco.
Y una pequeña marca en la muñeca.
Dos lunas unidas por una estrella.
La observó durante varios segundos.
Sintió que significaba algo.
Algo importante.
Pero no conseguía recordarlo.
Una anciana apareció caminando entre las flores.
Tenía el cabello completamente plateado y una sonrisa serena.
—Al fin despertaste.
La joven la miró confundida.
—¿Quién soy?
La anciana sonrió con tristeza.
—Eso tendrás que descubrirlo tú.
—No recuerdo nada.
—Lo sé.
—¿Dónde estoy?
La mujer levantó la vista hacia el cielo.
—En el Valle del Alba.
El lugar donde llegan las almas cuando el destino les concede una segunda oportunidad.
La joven sintió un escalofrío.
—¿Estoy... muerta?
La anciana negó lentamente.
—No.
Estás comenzando otra historia.
Mientras tanto...
En el Reino de los Noctarys.
El Árbol del Origen comenzó a brillar.
Una sola hoja violeta cayó lentamente desde una de sus ramas.
Elyon apareció de inmediato.
Observó la hoja con preocupación.
—No puede ser...
Aradia llegó segundos después.
—¿Qué ocurre?
Elyon levantó la hoja.
En ella apareció una palabra escrita con luz.
"Regreso."
Los ojos de Aradia se llenaron de esperanza.
—Entonces...
El vínculo sigue vivo.
—Sí.
Respondió Elyon.
Pero esta vez será diferente.
El sacrificio cambió las reglas.
Si desean volver a encontrarse...
Deberán hacerlo sin recuerdos.
Sin profecías.
Sin destino.
Solo por elección.
Esa misma noche...
Kael caminó hasta el jardín del palacio.
Era incapaz de dormir.
La luna iluminaba los senderos de piedra.
El silencio era absoluto.
Entonces la vio.
Una pequeña flor violeta crecía junto al viejo estanque.
Jamás había estado allí.
Se arrodilló para observarla.
Era hermosa.
Tenía exactamente la forma del símbolo que llevaba grabado en la muñeca.
Cuando rozó uno de sus pétalos...
Una imagen atravesó su mente.
Una joven riendo.
Un bosque.
Tres lunas iluminando el cielo.
Y unos ojos violetas mirándolo con un amor imposible de describir.
La visión desapareció tan rápido como había llegado.
Kael cayó de rodillas.
Llevó una mano al pecho.
El dolor era insoportable.
—¿Quién eres...?
Susurró.
El viento comenzó a soplar.
Las hojas del jardín se elevaron.
Y una voz suave viajó entre ellas.
Una voz femenina.
Lejana.
Pero inconfundible.
—Encuéntrame...
Kael abrió los ojos de golpe.
Se puso de pie.
Miró a todos lados.
No había nadie.
Solo el viento.
Solo la noche.
Pero él sabía que aquella voz era real.
No conocía su nombre.
No conocía su rostro.
Y aun así...
Estaba dispuesto a recorrer el mundo entero para encontrarla.
Muy lejos de allí...
En el Valle del Alba...
La joven de vestido blanco levantó lentamente la vista hacia las estrellas.
Sin saber por qué...
Una lágrima recorrió su mejilla.
Y sonrió.
Como si, en algún lugar del mundo...
Alguien acabara de escuchar el llamado de su corazón.
Continuará...