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Cláusulas Del Corazón

Cláusulas Del Corazón

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Venderse para pagar una deuda / Autosuperación
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: @maryurisve

Renata necesitaba dinero para proteger a su hermana menor, Julián necesitaba redimir a su familia, honrar la memoria del único hombre que creyó en él y salvar a la mujer de la que siempre estuvo enamorado en silencio.
La solución parecía sencilla, firmar un contrato, donde la única condición era no involucrar los sentimientos. Sin embargo, en un juego donde las deudas se saldan con caricias y el pasado esconde un fraude imperdonable, la única forma de sobrevivir al deseo será rompiendo sus propias reglas.

NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Cicatrices de la verdad

Para Renata el trayecto de regreso a la ciudad fue un monólogo de reproches, ella conducía con la mirada fija en los destellos de los faros sobre el asfalto.

En el asiento del copiloto descansaba la carpeta de cuero con los contratos de blindaje financiero y la liberación de la casa familiar, tenía la estabilidad de Emma al alcance de su mano, pero en la piel aún conservaba la memoria de lo ocurrido con Julián, la calidez de sus manos y la incomodidad del malentendido que acababan de sellar.

Al cruzar el umbral de la residencia Lozano, la casa estaba en la penumbra, Martha salió a su encuentro desde la cocina con el rostro iluminado por la ansiedad.

—Niña Renata... ¿Cómo le fue? ¿Logró arreglar algo?

—Todo está resuelto, Martha—respondió Renata con una voz extrañamente pausada, entregándole la carpeta de documentos— La casa es nuestra y la empresa entra mañana en un fideicomiso. Nadie va a sacarnos de aquí.

Antes de que la anciana pudiera romper a llorar de alivio o hacer preguntas sobre quien había firmado el respaldo, Renata subió las escaleras a paso rápido.

Se detuvo frente a la habitación de Emma, entreabrió la puerta, su hermana dormía plácidamente, abrazada a un peluche, con la respiración rítmica y tranquila. Renata cerró los ojos y apoyó la frente contra el marco de la madera dejando salir un suspiro de alivio.

Caminó hacia su propio dormitorio, se despojó del traje sastre blanco y fue directo al cuarto de baño, no abrió la llave del agua porque se sintiera sucia, porque Julián no la había profanado; por el contrario, la había tratado con mucha delicadeza. Pero al inclinarse sobre su propio hombro, percibió el olor inconfundible del perfume de él, una mezcla sobria de madera y ámbar.

Renata sabía que Emma poseía una sensibilidad sensorial aguda, odiaba los cambios bruscos de su rutina y, sobre todo, los olores desconocidos, bastaría para alterar la frágil calma de su hermana y desatar una crisis nocturna. Ella se metió bajo el chorro de agua caliente, se restregó su piel con jabón neutro, lavó su cabello con esmero y dejó que el vapor se llevara la fragancia de Julián Benítez.

Frente al espejo empañado, con una toalla envuelta en el cuerpo y el vapor flotando en el aire, Renata se miró a los ojos, y allí ya no quedaba rastro de la mujer acorralada de la mañana.

—Le debo una disculpa a Julián —murmuró con una punzada de remordimiento.

Se sentía muy culpable por haberlo juzgado con tanta frialdad cuando él solo buscaba protegerla, y determinada a reparar su error, decidió que al día siguiente lo buscaría para revisar los detalles del fideicomiso y ofrecerle una disculpa sincera. Tomó su teléfono y le redactó un mensaje.

Julián entró a su apartamento y estaba en penumbras, arrojó sus llaves sobre la mesa de la entrada con una frustración contenida que le quemaba el pecho. Se sentía como un pusilánime, repasó toda la conversación y cada segundo en esa habitación de hotel, y se recriminó por no haber sido más claro con ella desde el primer minuto que se encontraron.

Por el contrario, había dejado que ella creyera que el rescate de su familia era una transacción, y aunque la pasión los había devorado por completo en ese momento, el tono helado con el que Renata recibió los contratos al final le había dejado un sabor amargo a derrota.

Tenía a su merced a la mujer que amaba, pero el precio había sido dejar que lo confundiera con la misma calaña de hombres que la habían acosado desde la muerte de sus padres.

Se desvistió y entró a la ducha, dejó que el agua fría le cayera de golpe sobre la espalda, intentando apagar la turbulencia de sus pensamientos, sin embargo, al pasarse el jabón por los hombros y el pecho, un ardor agudo lo hizo estremecerse.

Apoyó ambas manos contra el azulejo y miró hacia abajo, la luz tenue del baño reveló las marcas rojas y profundas de arañazos dibujadas sobre su piel, a la altura de la clavícula y los costados. Eran las huellas de Renata, las marcas de una mujer que, tras su coraza de hielo y aparente resignación, se había aferrado a él con una ferocidad instintiva durante el clímax de la entrega.

Recordó la mancha carmesí en la cama y un pensamiento inevitable le atravesó la mente, haciéndole apretar la mandíbula: él había sido el primero.

Ella no conocía la caricia de ningún otro hombre, y la certeza de haber sido el único en cruzar sus límites, le provocó una sacudida de posesión y orgullo que intentó reprimir de inmediato por pudor, pero que le resultó imposible.

Negó con la cabeza porque si bien Renata le habló con mucha frialdad, lo cierto es que su cuerpo, en la penumbra de esa suite, le había respondido con una verdad arrolladora.

Salió del cuarto de baño con la toalla anudada a la cintura y tomó el teléfono. La pantalla estaba saturada de notificaciones perdidas: llamadas de su padre y su madre exigiéndole explicaciones sobre lo ocurrido con la empresa Lozano, ataques de ira en texto enviados por Rodrigo y una ráfaga de mensajes pasivo-agresivos cargados de veneno contra Renata de parte de Serena.

Julián deslizó por la bandeja de entrada sin detenerse en uno solo, y al final de la lista, un único remitente hizo que su corazón diera un vuelco. Era un texto breve de Renata, enviado apenas unos minutos atrás: “Ya estoy en casa. Emma se encuentra bien. Mañana me gustaría reunirme contigo para revisar algunas cláusulas del acuerdo que me entregaste”.

Julián contempló el mensaje una vez más en la penumbra de su habitación. Deslizó el pulgar por la pantalla, sintiendo el ardor de los arañazos en el pecho, y sonrió de lado con una mezcla de amargura y determinación. Renata creía que iba a fijar las reglas de un juego comercial, pero no tenía idea de que él estaba dispuesto a firmar cualquier papel con tal de no dejarla ir jamás y protegerla de todos los que pretendían destruirla.

Un nuevo mensaje de su padre iluminó la pantalla, y con frialdad, Julián le redactó una respuesta corta: “Solo nos reunimos por un fallo en el software de su empresa. No sé de qué me estás hablando, papá”.

Pocas personas sabían que él era el fundador y CEO de R&J Security, desde su registro, la startup había sido blindada bajo muchas capas burocráticas y firmas de inversión neutras.

El motivo de tanto secretismo era muy simple: en el pasado, sus padres se negaron rotundamente a apoyarlo y él no pensaba permitir que, ahora que el éxito lo respaldaba, su familia se apropiara de sus logros bajo la excusa del apellido.

A la mañana siguiente, la luz del sol inundó la habitación de Renata mientras ella revisaba los documentos del fideicomiso acostada plácidamente sobre su cama. Entonces su teléfono emitió un leve zumbido, y con un toque de expectación que intentó disimular ante sí misma, tomó el dispositivo y abrió el mensaje de Julián:

“Buenos días, Renata, por situaciones familiares y la tensión que se desató tras lo de ayer, prefiero que no nos veamos en un lugar público para no levantar sospechas ni exponer el fideicomiso. Si estás de acuerdo, podemos encontrarnos en un espacio discreto y privado en las afueras de la ciudad. Confírmame si te parece bien”.

Renata sostuvo el teléfono entre sus manos mientras leía las líneas una y otra vez, y con un toque de amargura tuvo que admitir que el día anterior, una propuesta como esa la habría llenado de desconfianza, haciéndola suponer segundas intenciones o exigencias ocultas, sin embargo, tras la revelación de la noche anterior, el peso del remordimiento y la certeza de que él la había protegido por agradecimiento a su padre, cambiaron por completo su perspectiva.

Comprendió de inmediato el motivo de la prudencia de Julián: la familia Benítez era un nido de víboras y Rodrigo no dudaría en actuar en su contra si sospechaba el origen del rescate financiero.

Y con esa información lejos de juzgarlo o de sentirse acorralada, Renata exhaló un largo suspiro de alivio y comenzó a escribir su respuesta con dedos firmes: “Lo entiendo perfectamente, Julián, tienes razón, es lo más sensato para proteger el acuerdo y evitar a tu familia. Envíame la dirección y la hora; allí estaré”.

Al presionar enviar, apoyó el teléfono sobre la mesa de noche, esta vez no había miedo, ni resignación en su pecho; solo la firme determinación de mirarlo a los ojos y ofrecerle la disculpa que tan bien se tenía merecida.

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GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
👏👏👏👏🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Cuando se entere, con quién fue que se acostó, y no precisamente para salvar la empresa.🤭🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Que bien, iniciamos otra aventura, que seguramente será maravillosa. Gracias. 👏👏👏🤗🤗🤗🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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