Ella es maltratada por su familia hasta que un golpe en la cabeza cambia su personalidad y saca su lado más despiadado
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capitulo 23
Aisha observó al príncipe heredero desde el otro lado del corredor.
Había encontrado exactamente lo que buscaba.
Pero sabía que no podía acercarse a él directamente.
Primero necesitaba a alguien que pudiera abrirle las puertas.
Y esa persona era Ganon.

Ganon madre del príncipe heredero
La consorte imperial.
La madre del príncipe heredero.
La mujer que odiaba a Aine desde hacía años.
Aisha sonrió.
—Si consigo que Ganon me acepte...
Sus ojos brillaron de ambición.
—Entonces podré ocupar un lugar que Aine jamás podrá alcanzar.
No le importaba que Ganon fuera difícil de complacer.
Tampoco le importaba tener que fingir humildad.
Había aprendido de sus padres que una sonrisa podía esconder cualquier intención.
Mientras tanto, yo seguía conversando con el príncipe heredero sin saber lo que estaba planeando.
Kamali permanecía a mi lado.
—Esposo, deja de mirarlo así —le dije.
—No me gusta que te abrace.
El príncipe heredero soltó una carcajada.
—Sigues siendo igual de celoso.
—Y tú sigues siendo demasiado confiado.
—Kamali...
Lo miré divertida.
Él terminó suspirando y volvió a tomar mi mano.
—Está bien.
Justo entonces escuchamos pasos.
El ambiente cambió.
Los sirvientes se apartaron inmediatamente.
Una mujer apareció al final del corredor.
Era Ganon.
Su mirada se dirigió primero hacia el príncipe heredero.
Después hacia Kamali.
Y finalmente hacia mí.
Su expresión se endureció.
Aisha, que se encontraba unos pasos detrás, observó la escena con atención.
Había encontrado a la persona que necesitaba.
Ganon no soportaba a Aine.
Y Aisha estaba dispuesta a aprovecharlo.
Sonrió discretamente.
—Perfecto...
Porque esta vez no quería quitarle a Aine solamente su matrimonio.
Quería conseguir algo mucho más grande.
Quería convertirse en la mujer que estuviera por encima de ella.
—Consorte —dije mientras hacía una reverencia.
Ganon me observó con evidente desprecio.
Sus ojos recorrieron mi vestido y después se detuvieron en Kamali.
—Realmente son una pareja hecha en el cielo —dijo con ironía.
Sonreí.
—Así es.
Me acerqué un poco más.
—Y el cielo sabe poner cada cosa en su lugar, consorte...
Ganon frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
La miré directamente.
—Que Kamali es el verdadero heredero.
El ambiente quedó en silencio.
Ganon apretó las manos.
Sabía perfectamente lo que significaban mis palabras.
Me acerqué lentamente hasta quedar junto a ella.
Entonces incliné ligeramente la cabeza y le susurré al oído:
—Así que debería ser más educada con nosotros, ¿no cree?
Ganon apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos.
Quería golpearme.
Podía verlo en sus ojos.
Pero no podía hacerlo.
No delante de todos.
Y mucho menos sin pensar en las consecuencias.
La familia de mi madre tenía una influencia militar enorme.
Durante generaciones había protegido al imperio con sus ejércitos.
Y todos sabían que, si alguna vez decidían apoyar públicamente a Kamali, su posición podría cambiar por completo.
Yo sonreí.
—Después de todo...
Miré de reojo a mi esposo.
—Quizás algún día me apetezca ver a mi esposo ocupar el lugar que realmente le corresponde.
Ganon palideció.
No había sido una amenaza directa.
No necesitaba serlo.
Me di la vuelta.
Extendí mi mano hacia Kamali.
Él me miró durante un segundo.
Después sonrió con orgullo.
Se acercó inmediatamente y tomó mi mano.
—¿Terminaste de provocar a la consorte?
—Sí.
—Qué pena.
Solté una pequeña carcajada.
Kamali entrelazó sus dedos con los míos.
—Me estaba gustando.
—Eres imposible.
—Y tú eres demasiado atrevida.
—¿Estás enojado?
Kamali negó con la cabeza.
—Todo lo contrario.
Me acercó a él.
—Estoy orgulloso de ti.
Ganon observó cómo nos alejábamos juntos.
Su expresión se volvió todavía más oscura.
Y Aisha, escondida a pocos metros, había presenciado toda la escena.
Por primera vez comprendió que acercarse a Ganon no sería tan sencillo como había imaginado.
Porque Aine no era la muchacha indefensa que había conocido.
Ahora tenía poder.
Y, peor aún...
Parecía disfrutar usándolo.
En sus aposentos, Ganon perdió por completo la calma.
Tomó un jarrón y lo arrojó contra el suelo.
—¡¿Cómo se atreve?!
El objeto se hizo añicos.
Ganon respiraba agitada, incapaz de aceptar lo que acababa de ocurrir.
No podía entender cómo Aine se había atrevido a desafiarla.
Antes, aquella muchacha hacía cualquier cosa por complacerla.
Incluso cuando Ganon la humillaba, Aine agachaba la cabeza y permanecía en silencio.
Pero ahora...
Ahora se atrevía a mirarla directamente a los ojos.
—¡Maldita sea! —gritó Ganon—. ¡Se atreve a desafiarme!
Suman permanecía frente a ella.
—Madre, cálmese.
—¡¿Cómo quieres que me calme?!
—Porque seguir enfadada no cambiará lo ocurrido.
Ganon lo miró furiosa.
Suman suspiró.
—Además, usted siempre la está menospreciando. Era evidente que, tarde o temprano, Aine terminaría respondiéndole.
Ganon se quedó en silencio durante unos segundos.
Luego giró lentamente hacia su hijo.
—Yo sé que la quieres.
Suman apretó la mano.
—Madre...
—Pero ella es tu enemiga ahora. Tienes que entenderlo.
Suman bajó la mirada.
Aquellas palabras le dolían.
Porque, sin importar cuánto amara a Aine, había algo que no podía olvidar.
Era el príncipe heredero.
Y su título estaba por encima de sus sentimientos.
En los juegos de poder no importaba cuánto quisieras a alguien.
Importaba quién tenía el poder.
El que lo poseía podía imponer las reglas.
El que estaba por debajo debía inclinar la cabeza.
Y quien olvidaba esa regla terminaba perdiéndolo todo.
Suman lo sabía perfectamente.
Si quería convertirse en emperador algún día, no podía permitir que sus sentimientos decidieran por él.
El ganador se quedaba con todo.
El perdedor cargaba con la deshonra.
Por eso, aunque amara a Aine, Suman tenía claras sus prioridades.
Su posición.
Su título.
Su futuro como emperador.
Y ahora Aine estaba del otro lado del tablero.
Suman cerró los ojos por un instante.
—Lo entiendo, madre.
Pero incluso después de decirlo, su corazón seguía perteneciendo a la misma mujer que ahora debía considerar su enemiga.