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Entre La Lealtad Y El Deseo: El Millonario Prohibido

Entre La Lealtad Y El Deseo: El Millonario Prohibido

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / CEO / Completas
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Traicionada por quienes más amaba y reducida a la nada, Angie huye de su vida anterior con el corazón roto y sin un centavo. La única mano extendida es la de Roberta, su amiga de toda la vida, que la acoge en su hogar sin hacer preguntas. Allí, Angie conoce al padre de su amiga: Lucian, un hombre imponente, millonario, de mirada profunda y carácter inquebrantable.

Entre ellos surge algo imposible de callar: un deseo abrasador, una conexión que quema cada encuentro, aunque el secreto los condene. Cuando la verdad sale a la luz, la culpa y el miedo la empujan a huir. Pero Lucian no está dispuesto a dejarla ir: la retiene, no como prisionera, sino como la mujer que posee su alma. Ahora Angie deberá elegir: ¿la lealtad que le debe a su amiga, o el deseo que la consume junto al hombre prohibido?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La sombra que cae

Las horas compartidas dejaron de tener nombres y pasaron a tener solo sensaciones: el roce de su piel, el latido de su pecho contra el mío, el silencio que nos protegía y a la vez nos delataba. Después de aquel instante en la biblioteca, no hubo más conversaciones de despedida, ni promesas de alejarse. Sabíamos que el lazo que nos unía era demasiado fuerte para cortarlo con palabras. Y así, nos entregamos el uno al otro, con la desesperación de quien sabe que el tiempo se le acaba.

Esa noche, cuando la casa quedó sumida en la más absoluta quietud, él vino a mí. Entró despacio, cerró la puerta tras de sí y, sin decir una palabra, me tomó entre sus brazos. No hubo prisa, ni miedo en ese primer contacto: solo una necesidad profunda de sentirse vivo, de sentirse suyo. Me besó con una mezcla de ternura y fuego que me hizo olvidar todo lo que no fuera él: su aroma, su sabor, la forma en que sus manos recorrían cada rincón de mi cuerpo como si quisiera grabarlo en su memoria para siempre.

Sus labios bajaron por mi cuello, dibujando un camino de fuego, y susuró mi nombre contra mi piel, con una intensidad que me hizo temblar entera. Cada caricia era una promesa, cada roce una confesión. Conocía cada curva mía, cada respiración entrecortada, cada suspiro que escapaba de mis labios cuando sus manos me reclamaban. Y yo lo conocía a él: la fuerza contenida en sus abrazos, la dulzura en sus gestos, la forma en que se entregaba sin reservas, como si yo fuera el único refugio que le quedaba en el mundo.

—Eres mía —repetía, una y otra vez, no como una orden, sino como una verdad que se decía a sí mismo—. Toda tú. Nadie más puede tenerte.

—Suya —respondía yo, perdiéndome en la oscuridad de sus ojos—. Siempre suya.

Cada encuentro era más profundo que el anterior. Nos adentrábamos en un territorio donde no existían reglas ni límites, solo el deseo de fundirnos en uno solo. Pero cuanto más nos entregábamos el uno al otro, más pesada se volvía la sombra que nos acechaba. Al salir de la habitación, al cruzarme con Roberta, al verla sonreírme con esa confianza absoluta, sentía que la traición se me pegaba a la piel, invisible pero pesada como una losa.

Un mediodía, mientras estábamos juntos en la sala de música, sus manos enlazadas, escuchamos pasos cerca. Nos separamos al instante, el corazón a mil por hora, y cuando la puerta se abrió y apareció la criada con una bandeja, me di cuenta de que el miedo ya no se iba nunca. Vivía conmigo, latía conmigo, me miraba desde cada rincón.

—Cada vez que alguien llama a la puerta —le dije más tarde, con la voz baja y temblorosa—, siento que es ella. Que ya lo sabe.

Lucian me abrazó, besándome la sien con ternura.

—Mientras estemos juntos, podemos enfrentarlo.

—¿Y si no podemos? —levanté la mirada, viendo cómo la duda asomaba también en sus ojos—. ¿Y si lo que hemos construido sobre sus sombras se derrumba y nos arrastra a todos?

Me besó entonces, callando mis miedos con la misma intensidad con la que me amaba. Pero esta vez, su abrazo no logró disipar la inquietud que me carcomía por dentro. La sombra de la traición no se iba. Acechaba en cada paso, en cada mirada que duraba demasiado, en cada beso que se robaba a escondidas.

Nos conocíamos demasiado bien ahora. Sabíamos lo que el otro necesitaba antes de pedirlo. Y sin embargo, había algo que no podíamos tocaba: el futuro. Porque no sabíamos si teníamos uno. Cada instante robado era un regalo y una condena a la vez. Cada caricia era un recuerdo que nos dolería perder si todo terminaba.

Esa noche, mientras dormía a mi lado, su respiración tranquila contra mi hombro, lo miré a la tenue luz de la luna y sentí un dolor profundo en el pecho. Lo amaba más de lo que jamás pensé posible. Pero también sabía que cuanto más creciera este amor, más terrible sería la caída.

La sombra no se iba. Estaba ahí, esperando el momento justo para caer sobre nosotros. Y yo no sabía si tendríamos fuerzas para sostenerla cuando lo hiciera.

1
Rocio Garcia
mmmm diferente 🤭👏
karencitha
si fuera Roberta no los perdono a los dos tomo mis cosas y me voy haga de cuenta que están muertos para mi 😡
Tere Jimenez
muy interesante el capítulo gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tus capitulos
Tere Jimenez
muy interesante la novela ojalá y nos regales más capitulos felicidades
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