El día de nuestra boda había llegado, ahora era la señora Lennox, a Travis Lennox no le importaba que su madre la gran señora Renata Lennox no me aceptara para ser la esposa de su único hijo, y el heredero del imperio INNÓVATE SOLUTIONS, heredado por su padre, pero para guardar toda apariencia quedó en acuerdo, la peor pesadilla que pude tener durante poco más de cinco años, después de que Travis tenía que irse al extranjero, ahí empezó mi verdadero calvario.
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El destino.
Al pasar de los meses Travis se convirtió en un hombre frío, malhumorado sin rastro de lo que había sido hace apenas un año. Un año y no había encontrado a su esposa. Su amigo Dago intento por varias ocasiones sacarlo de su zona de confort. Pero era inútil el se había encerrado en ello y puesto una coraza.
En su habitación pasaba las noches pensando en ella y su hijo, veces podía más su desgracia, no podía evitar llorar, su madre había logrado separarlos.
Renata se había quedado en las sombras de la soledad, sus hijos no querían saber nada de ella. Había intentado que Freya fuera a verla pero se negó, había destruido la vida de su hermano y por esa razón también le tenía desprecio.
— ¡Por culpa de esa huérfana perdí a mis hijos! - masculló sentada en su cama Renata, con el paso del tiempo seguía odiando aún más a Kenda.
En cambio Kenda, prefirió olvidarse de ese episodio construyendo una relación cargada de amor por sus tres pequeños.
ITALIA.
— Mamá creo que estas exagerando. — no evito reírse. - son apenas unos bebés de un año. Y tú ya casi contratas una pista de hielo.
— Quiero que siempre recuerden que su abuela les dará lo que está a mí alcance. - entristeció de un momento a otro. Me privé de ti por diecinueve años, nunca tuvimos la oportunidad de celebrarte un cumpleaños, pero con mis nietos, siento que cada que les abrazo, les cargo, de alguna manera estoy recuperando lo que nos arrebataron.
Kenda no evitó una lágrima resbalando por su mejilla. El recuerdo de Travis no lo podía olvidar, ahora estaban pasando algo similar los niños, privados de su padre.
Pero la llegada de Andrew interrumpió su charla.
Venía cargado de bolsas y cajas de regalos. Matheo no fue la excepción.
Kenda solo negó, pero al mismo tiempo se sentía feliz, sus pequeños no pasarían el tormento de no sentirse amados, porque ella tenía todo el amor para envolverlos.
Poco a poco siguieron pasando los meses, un año más, tras otros.
— Mami porque no tenemos un papá. - le preguntó una vocecita dulce, su hija Iris.
Kenda no supo que contestar por un momento, se había quedado muda.
— Claro que tenemos un papá. - contestó Noah el mayor por escasos segundos. Era el vivo retrato de su padre, los mismos ojos, sus facciones, eran como si en ellos hubiera renacido Travis, los tres tenían su mirada sus mismos ojos, pero era Noah quien parecía un Travis pequeño.
Kenda suspiró. Siempre tenía que desviar esa pregunta, pero antes de contestarle. Andrew se acercó los había escuchado.
Miró hacia su hija.
— Quizás sea el destino. - habló su padre pensando las palabras para decir. - tenemos que volver a Manhattan, tú hermano compró una empresa en un sorteo de una subasta. La empresa está en New York. Y hemos decidido volver, para que tú hermano vaya adquiriendo experiencia.
Kenda sintió un galope en el pecho.
— Si no decides ir, puedes quedarte aquí con tu madre. Ya pasaron cinco años, veremos que sucede.
Kenda no podía dejar que sus padres se sacrificaran por ella, ellos siempre estaban juntos no se separaban casi nunca.
Miró las suplicantes miradas de los trillizos.
— Nos vamos con ustedes. - la alegría de los niños era su fortaleza. Pero tengo una condición.
Su padre arrugó el semblante.
— Papá estos últimos cinco años me lo haz dado todo, pero ahora si regreso quiero independizarme.
La cara de Salomé fue un poema.
— Heres mi heredera tú solamente dime que quieres hacer. - contestó Andrew un poco confundido.
Kenda sabía que se confundirían.
— Papá no es lo que piensan. - aclaró, estoy feliz con ustedes, pero quisiera tener una propiedad a mi nombre.
Andrew suspiró.
— Haberlo sabido antes. - dijo sonriendo. ¿Quieres un lugar específico? Puedo hacer qué mi asistente se encargue.
Antes de que siguieran con la confusión les dijo que era lo que quería.
— No quiero nada llamativo, un local común donde pueda seguir con mis diseños. Y presentarlas al alcance de todos.
— Mi amor puedes contar con nosotros sin ningún problema. - dejó claro Salomé. Pero si quieres un lugar así, creo que sería mejor que tú lo conozcas.
— Gracias mamá, estoy complacida viviendo con ustedes. Y no me pienso alejar de ustedes, solamente no quiero llamar demasiado la atención.
— Tendrás lo que deseas, cuenta conmigo siempre. Pero eres una excelente diseñadora, he visto en estos últimos años lo mucho que haz hecho, y vale la pena que conozcan tu talento y tu trabajo en joyería.
— Además tienes tus propios recursos, no tendrás porque pedir permiso.
En los últimos años, Kenda perfeccionó su creatividad diseñando joyas, con una gran variedad,
— Siempre tomaré la opinión de ustedes. Me han demostrado el valor de su amor por nosotros.
— Entonces vamos a ir a la escuela allá. - interrumpió Leo llevando de la mano a su hermana.
— Claro que sí mis tesoros. - Kenda se agachó a la altura de sus dos pequeños para recibirlos en sus brazos. Noah era un hombrecito serio, por lo que los miraba en silencio desde unos metros.
— ¿Y tú mi guardián no quieres darle un abrazo a mamá?
El niño caminó hacia ella con seriedad, pero se colgó de su cuello en cuanto estuvo cerca.
Kenda lo abrazó con amor, era el líder de los tres y los dos niños siempre acudían a él para cualquier cosa. A pesar de su edad era un niño talentoso, pero Kenda ignoraba hasta que grado, Iris era la princesa de ambos, Leo tenía habilidad para escribir, pero Noah tenía un talento asombroso, hacía y podía hackear cualquier dato de cualquier dispositivo o computadora.
El único que lo sabía era su tío Mathew, y les había guardado el secreto de genios. No quería que se metieran en problemas con su hermana.
Una semana después, el asistente de Andrew le avisó que ya tenía todo listo.
— Aquí están las imágenes. - le mostró una finca desde varias tomas. Tiene al rededor casi veinte acres sin contar la mansión.
Kenda no podía dejar de mirarla, ¿y eso era discreción para ellos? Negó haciendo reír a su madre.
— ¿A qué temes cariño? Tarde o temprano llegará el momento de volverse a ver.
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