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Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Mafia
Popularitas:12.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Tradición, armas y sangre: la mafia tiene reglas claras, y la primera es que ninguna mujer gobierna. Valeria Rossi vino a destruirlas todas. Acostumbrada a dominar el mundo empresarial, su vida da un vuelco cuando cae en las garras de Dante Volkov, un líder despiadado que no perdona ni comparte lo que es suyo. Entre noches de placer salvaje que le hacen olvidar a su novio y una posesión rabiosa que la quema por dentro, Valeria y Dante transformarán la atracción en una guerra de poder. Porque ella no se rinde ante nadie... y si Dante la quiere a su lado, tendrá que aprender a gobernar con una reina por delante.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3: El Perro Loco y las pistas en la sombra

El olor a pólvora, grasa de motor y humedad se impregnaba en las paredes de hormigón del galpón clandestino ubicado en la zona baja del puerto. Un lugar fuera del mapa, donde la luz del sol no entraba ni pidiendo permiso y el único ruido constante era el golpe seco del oleaje contra los pilotes de madera podrida.

Dante Volkov caminaba entre las filas de cajones de madera reforzada con los brazos cruzados sobre el pecho. Vestía pantalones oscuros y una remera negra ajustada que dejaba al descubierto los tatuajes oscuros que le subían por el cuello hasta la línea de la mandíbula. Tenía los ojos fijos en un fusil de asalto despiezado sobre una mesa de metal.

—Esta mierda vino con la aguja percutora defectuosa, Damián —dijo Dante con una voz helada, sin levantar la vista—. Los turcos nos quisieron meter gato por liebre en el último embarque.

A su lado, Damián Meddis, su consigliere y mano derecha, anotaba una serie de códigos en una libreta de cuero con la calma de un contador público analizando impuestos. Damián era el equilibrio del grupo: serio, frío, impecablemente peinado y con un traje que no mostraba ni una sola arruga a pesar de estar rodeado de cajas de armamento pesado.

—Ya hablé con el contacto en Estambul —respondió Damián sin alterarse—. Les congelé el pago del cincuenta por ciento. Hasta que no manden los repuestos originales con el sello de garantía, no van a ver un solo dólar.

—Asegurate de que les quede claro —agregó Dante, pasando el pulgar por el metal del arma—. Si vuelven a mandarme chatarra a mi puerto, la próxima reunión la tenemos en el fondo del mar.

—¡Pará un poco, Terminator! ¡Dejá de asustar a los turcos que después me toca a mí ir a arreglar las cagadas cuando se me mean encima!

La voz retumbó desde el fondo del depósito acompañada por el choque de una lata de cerveza tirada contra el piso. Nicolás Vane venía caminando a los tumbos entre las cajas, cargando al hombro un lanzagranadas como si fuera un juguete de plástico y masticando un sanguchito envuelto en papel aluminio.

—Nicolás, bajá esa mierda —dijo Damián sin mirarlo, ajustándose los lentes—. Estás tocando un lanzador térmico mientras comés mayonesa. Un día de estos vas a hacer volar el galpón entero con todos nosotros adentro.

—Cerrá el boca, Damián, que esto tiene el seguro puesto —retrucó Nicolás, dejándolo caer sobre un cajón con un golpe seco que hizo saltar a dos de los matones que custodiaban la entrada—. ¿Qué pasa, están nerviosas las chicas? Miren la cara de culo que tiene el jefe hoy. Traigan un circo a ver si sonríe un poco el muchacho.

Dante se dio vuelta despacio y clavó una mirada de pocos amigos en Nicolás. Si cualquier otra persona le hablara en ese tono, ya tendría un tiro en la rodilla, pero Nicolás era de su círculo íntimo desde que ambos eran unos pendejos muertos de hambre en las calles. Un tipo peligroso con el gatillo, sin filtro en la boca, pero leal hasta la muerte.

—¿Te parece gracioso, pedazo de infeliz? —preguntó Dante, dando un paso hacia él—. En vez de estar diciendo boludeces, tendrías que estar revisando las cámaras del muelle tres.

—Ya las revisé, jefe querido —respondió Nicolás, pegándole un mordisco al sanguche con la boca llena—. No hay un carajo. Los contenedores entraron limpios. Lo único raro en este puerto sos vos, que tenés un chichón en la cabeza desde ayer a la noche. Estás colgado, Dante. Te juro por mi vieja que estás mirando a la nada como un idiota desde que saliste del club. ¿Qué te pasó? ¿Te picó un bicho o te atendieron mal en el VIP?

Damián levantó la vista de su libreta, interesado por primera vez en la charla.

—Tiene razón Nicolás. Estás disperso, Dante. Hoy tenemos la reunión de viabilidad con la gente de Rossi Corp. para cerrar la concesión del muelle corporativo y estás pensando en otra cosa.

Dante apretó los dientes. No quería admitirlo, pero el perro loco de Nicolás tenía razón. Desde que había salido de la habitación privada del club en la madrugada, no podía sacarse de la cabeza el olor a jazmín de esa mujer, el calor de su piel pegada a la suya y la forma rabiosa con la que se le había plantado antes de que él la dominara contra la pared. No sabía su nombre, no le había visto la cara por completo en la penumbra, pero recordaba cada curva y la sensación de sus caderas entre sus manos.

Esa mujer no había sido una más. Había algo en su actitud, en su descaro y en la forma en que mordía sus labios para no rogarle que lo había vuelto loco de celos retroactivos.

—Quiero las grabaciones de seguridad del pasillo del club —ordenó Dante, mirando a Damián con una fijeza obsesiva que rozaba la locura—. De la una a las tres de la mañana. Quien haya entrado a la suite cuatro.

Nicolás largó una carcajada ruidosa que resonó en todo el depósito.

—¡Pará, pará, pará! ¡Me estás jodiendo! —exclamó Nicolás, agarrándose la panza—. ¿El gran Dante Volkov, el tipo que le saca los dientes a los traidores con una pinza, está enculado por una minita de una noche? ¡Me muero! ¡El Diablo se enamoró de una sombra!

Dante caminó dos pasos rápidos, agarró a Nicolás del cuello de la remera y lo estampó contra una columna de hormigón. La sonrisa de Nicolás no desapareció, pero se le congeló un poco en los ojos.

—Volvés a burlarte de esto y te meto el cargador entero por la garganta, Nicolás —le dijo Dante al oído, con una voz rasposa que prometía sangre—. No es un chiste. Esa mujer es mía. Todavía no lo sabe, pero me pertenece. Y hasta que no sepa quién carajo es y dónde duerme, no voy a estar tranquilo.

—Está bien, está bien, soltá el trapo que me vas a arruinar el cuello —pidió Nicolás, levantando las manos en señal de paz aunque con una sonrisa socarrona—. Sos un enfermazo, hermano. Un celoso de mierda sin haberle visto ni el documento. Pero te banco el chisme. Damián, buscale a la princesa al jefe antes de que nos mate a todos de un tiro.

Damián suspiró, acomodándose el saco con absoluta compostura.

—Ya mandé a hackear los servidores del club privado esta mañana, Dante. Pero el sistema de seguridad de ese lugar es viejo. Las cámaras del pasillo VIP estaban fuera de servicio por mantenimiento. Solo tenemos la lista de socios que reservaron mesa esa noche.

Dante soltó a Nicolás, frustrado.

—Dame la lista.

—Hay más de cuarenta nombres de la alta sociedad —explicó Damián—. Políticos, empresarios, herederos. Nos va a llevar días cruzar los datos. Y hoy a las diez de la mañana tenemos la cita en la Torre Rossi. Si queremos usar la fachada del transporte pesado para mover los contenedores con el armamento pesado hacia el norte, necesitamos que Carlos Rossi nos firme el acceso prioritario al muelle.

Dante se pasó la mano por la cara, respirando hondo para recuperar el control. La mafia de armas no esperaba a nadie, y un error de logística podía costar millones de dólares o terminar con la policía federal derribando las puertas de sus galpones.

—Está bien —cedió Dante, agarrando su saco de la silla—. Nos encargamos de Rossi primero. Pero quiero que el equipo siga rastreando a cada mujer que estuvo en esa lista VIP. Si tengo que ir puerta por puerta en esta ciudad de mierda, lo voy a hacer.

—Miralo al romántico —murió de risa Nicolás desde atrás, agarrando una manzana de una mesa—. Si la encontrás, avísame que le mando un centro de mesa con flores y dos granadas de regalo por aguantarte cinco minutos.

—Avanzá al auto antes de que te tire al puerto con un bloque de cemento en los pies, Nicolás —ordenó Dante, abriendo la puerta metálica del galpón.

Subieron a la camioneta blindada negra que los esperaba en la salida. El viaje hacia el centro financiero fue en silencio, interrumpido únicamente por las quejas de Nicolás sobre el tráfico y los comentarios técnicos de Damián sobre la estructura financiera del Holding Rossi.

Dante miraba por la ventana polarizada, observando los rascacielos que se erigían a lo lejos. No tenía idea de que el destino estaba a punto de jugarle la carta más peligrosa de su vida. En menos de media hora, al entrar a la sala de reuniones de la torre corporativa, se encontraría cara a cara con el cerebro financiero de los Rossi... y descubriría que la mujer indomable que lo había dejado obsesionado en la penumbra no era una simple desconocida, sino la heredera intocable del imperio que pretendía dominar.

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Mine Romero
Excelente novela, muchas gracias por actualizar 🙂🙂
Dulce maria Canelon
pobre Dante te compadezco cariño😘😘😘
Maria Mongelos
Par de idiotas, no saben con quien se mete
Isabel Fernández
Me gusta Dante 🤣🤣
Milagros Medina
Dios mío me tenéis sufriendo esa novedad buenísima más capítulo
Maria Mongelos
Gianni, ese hombre ya tiene dueña, él la eligió, llegaste tarde
Maria Mongelos
Está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕
Yura Ran
😁😁😁😁😁😁😁🤪🤪🤪 dale pues lo suyo
Milagros Medina
me encanta cada capítulo mas xfa
Milagros Medina
Buenos días más capítulo está buenísima la novela
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