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El Hombre Que No Conocí En París

El Hombre Que No Conocí En París

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Romance
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: N. Garzón

Valentina Montenegro tenía una vida perfecta en París, hasta que una noche se dejó llevar por un desconocido que le robó el corazón… y desapareció a la mañana siguiente.

Meses después, tras sobrevivir a un atentado, su padre la obliga a regresar al país y le asigna un escolta.

Gael Santoro.

El hombre que Valentina reconoce como aquel desconocido de París.

Solo hay un problema:

Gael nunca estuvo en París.

Ahora, escondida en una finca que guarda más secretos de los que imagina, Valentina tendrá que convivir con el hombre que asegura no conocerla.

Pero mientras intenta descubrir quién le mintió aquella noche, podría terminar enamorándose del hombre equivocado… otra vez.

NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

Valentina

Thiago consiguió algo que creía imposible.

Hacerme reír durante todo el día.

No sé cómo lo hacía, pero con él todo parecía más sencillo.

Cuando Martha me llamaba para preguntarme por qué todavía no había terminado alguna de mis tareas, Thiago intervenía.

—Está ocupada.

—¿Ocupada haciendo qué? —preguntaba Martha.

—Cosas importantes.

Y antes de que ella pudiera responder, él me hacía una seña para que escapara.

Era imposible no reírme.

Su personalidad me recordaba demasiado al hombre que había conocido en París.

No al Gael que tenía delante ahora.

No al hombre serio, distante y amargado que parecía tener una respuesta seca para absolutamente todo.

Thiago era diferente.

Era espontáneo.

Divertido.

Y tenía esa facilidad para hacerme sentir cómoda que había tenido aquel hombre de París.

Mientras estábamos sentados en la terraza, lo observé unos segundos.

—¿Nunca has pensado en dejarte la barba?

Thiago soltó una carcajada.

—¿Qué?

—Una barba.

—No. No es mi estilo.

—Deberías intentarlo.

—Eso es más de Gael.

Me quedé mirándolo.

—Sí.

Él se pasó una mano por la barbilla.

—¿Crees que me quedaría bien?

—Probablemente.

—Entonces dile a mi hermano que se afeite. Tal vez así deje de parecer un policía retirado.

Solté una carcajada.

—¡No puedo creer que hables así de tu propio hermano!

—Él habla peor de mí.

—Eso quiero verlo.

Thiago sonrió.

Y entonces se marchó.

Gael debía estar por llegar.

Me quedé sola en la terraza.

Pero una idea comenzó a dar vueltas en mi cabeza.

Una idea que no quería tener.

La personalidad de Gael no podía cambiar tanto.

El hombre que conocí en París era divertido, espontáneo, cálido.

Gael Santoro era todo lo contrario.

¿Y si...?

Me quedé inmóvil.

¿Y si el hombre que había ido a París no era Gael?

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

No.

Era imposible.

Yo había escuchado su nombre.

Gael.

Pero quizá...

Quizá había otra explicación.

—¡Valentina!

La voz de Martha me sacó de mis pensamientos.

Bajé las escaleras.

—¿Sí, señora?

Martha estaba bastante molesta.

—¿Ya pasó tu rato de descanso con Thiago?

—Sí.

—Gael estará furioso.

Jessi apareció detrás de ella con una expresión de pocos amigos.

—Hoy prácticamente no hiciste nada y además te demoraste muchísimo.

La miré.

—Trabajé toda la mañana.

—Pues mañana trabajarás más.

Martha cruzó los brazos.

—Te irás con Gael al centro de la finca a revisar el ganado.

—¿Yo?

—Sí. Llevarás la comida.

Suspiré.

—Espero que puedas hacer eso sin ponerle pimientos a la comida de Gael.

Miré el recipiente.

—¿Para qué los empacas entonces?

—Para ti.

—A mí tampoco me gustan los pimientos.

Martha me miró como si acabara de cometer un crimen.

—Entonces los quitas.

No dije nada.

Una cosa era estar aprendiendo a trabajar allí y otra muy distinta permitir que me hablaran de mala manera.

Antes de que pudiera responder, escuchamos un vehículo.

Gael había llegado.

Martha y Jessi salieron a recibirlo inmediatamente.

—Gael, tenemos un problema.

—¿Qué pasó?

—Valentina estuvo todo el día...

—¿Quién le dijo que no bajara o que estaba ocupada?

Martha se quedó callada.

—Thiago —respondió finalmente.

Gael suspiró.

—Ahí está la respuesta a tu incomodidad.

Martha abrió la boca.

—Pero...

—Fue una orden de Thiago.

Se pasó una mano por el cabello.

—Mañana debo madrugar y lo que menos quiero son dramas ridículos.

—Disculpa, Gael.

Él simplemente rodó los ojos.

—Valentina va conmigo mañana.

—Bien.

Subió las escaleras sin decir nada más.

Cuando la puerta se cerró, Jessi murmuró:

—Todo bobo. Es de buenas.

La miré.

—Sí. Hay personas que tienen la suerte de que la naturaleza compensa ciertas carencias.

Jessi me miró sin entender.

Sonreí.

—Descansen, señoras. Debo madrugar.

Subí a mi habitación.

Entendía por qué decían esas cosas.

Yo no estaba acostumbrada a ese tipo de ambiente.

Ni a que alguien estuviera pendiente de cuánto trabajaba.

Ni a tener que demostrar que podía hacer cosas que jamás había hecho.

Pero tampoco iba a dejar que eso me hiciera sentir menos.

---

Me despertó un ruido.

Miré el reloj.

3:00 a. m.

—No puede ser.

El hombre estaba completamente loco.

Me levanté, me bañé rápidamente y bajé.

Gael ya estaba en la entrada.

—Buenos días.

—Buenos días.

Tenía varias cosas empacadas y afuera todavía estaba oscuro.

Hacía frío.

—Vamos.

—¿En qué te ayudo?

—En nada.

—Qué amable.

Me subí a la camioneta.

Gael fue hasta el remolque y comenzó a acomodar unos caballos.

Lo observé desde el interior.

—No.

Gael se giró.

—¿Qué?

—Yo no voy ahí.

—¿Por qué?

—Porque hay caballos.

—Sí.

—No me gustan.

—Eso ya lo veo.

Subió a la camioneta.

Avanzamos durante casi una hora.

Finalmente se detuvo.

—Gael.

—Dime.

Respiré profundamente.

—Le tengo miedo a los caballos.

Se quedó mirándome.

Con una expresión que prácticamente decía ¿por qué no me lo dijiste antes?

—¿Por qué no me lo dijiste cuando estábamos en la casa?

—Porque no creí que tuviera que montar.

Suspiró.

—Es sencillo. ¿Qué es exactamente lo que te aterra?

—Todo.

—Eso no es una respuesta.

—Los dientes, las patas, el tamaño, que se muevan... todo.

Gael bajó de la camioneta.

—Ven.

—No.

—Valentina.

—No escuchaste nada de lo que dije.

—Sí escuché. Pero hay partes de la finca a las que necesariamente tenemos que llegar a caballo. Si caminas, vas a agotarte.

—¿Y no puedo ir contigo?

—El caballo se agotaría demasiado.

Lo miré con los ojos más suplicantes que pude.

Gael sostuvo mi mirada.

—Trata.

—Te odio.

—Lo sé.

Me ayudó a subir.

El animal comenzó a moverse lentamente.

Yo estaba rígida.

Gael hablaba con el caballo en voz baja.

Y algo cambió.

Nunca había visto esa expresión en su rostro.

Con los animales parecía otra persona.

Paciente.

Tranquilo.

Incluso cariñoso.

—Tranquila —me dijo—. Solo debes sentarte. Yo lo llevaré.

—¿Seguro?

—Seguro.

Entonces señaló otro caballo.

—Yo iré en ese.

Miré el animal.

—Ese caballo sí nos aguanta a los dos.

—No seas así.

—Nos demoraremos más.

—Y tendríamos que volver mañana.

Lo miré.

—Bueno.

Finalmente, después de unos minutos, terminé junto a él.

El miedo no me dejaba pensar con claridad.

Y el castañeo de mis dientes comenzaba a ser bastante vergonzoso.

---

Paramos para desayunar.

Mientras comíamos, comenzamos a hablar.

Gael estaba diferente.

Más relajado.

—Hoy estás más tranquilo.

—Cada vez que vengo aquí me relajo.

Miró alrededor.

—No hay ruido. No hay mensajes en el teléfono. Puedo respirar.

Observé el paisaje.

Tenía razón.

Todo era verde.

Había animales a lo lejos y el viento movía suavemente los árboles.

—Es verdad.

Terminamos de desayunar y continuamos.

Más adelante Gael detuvo el caballo.

—Vamos.

Me ayudó a bajar.

—¿Otra vez?

—Necesitamos revisar esa parte del terreno.

Miré el camino.

—¿También a caballo?

—Sí.

Suspiré.

Gael se acercó y me tomó por la cintura para ayudarme a subir.

Sus manos se cerraron alrededor de mi cuerpo.

Me quedé completamente quieta.

—¿Estás bien?

—Sí.

Pero mi voz salió demasiado baja.

Gael pareció notarlo.

Subió detrás de mí.

Su pecho quedó contra mi espalda.

Todo mi cuerpo se tensó.

El caballo comenzó a avanzar.

Intenté concentrarme en cualquier cosa.

En los árboles.

En el paisaje.

En el viento.

En cualquier cosa que no fuera el hombre que tenía detrás.

Pero era imposible.

Sentía el calor de su cuerpo.

Su respiración.

El movimiento de sus brazos cada vez que guiaba al caballo.

Poco a poco, mi miedo comenzó a desaparecer.

Me recosté ligeramente contra él.

Solo un poco.

Gael no dijo nada.

Continuamos avanzando.

El sonido de los cascos terminó arrullándome.

Sin darme cuenta, me quedé dormida.

---

—Valentina.

Abrí los ojos.

—¿Qué?

—Debemos descansar las piernas.

Parpadeé.

Estábamos detenidos.

Me incorporé lentamente.

—¿Me quedé dormida?

—Sí.

—Qué vergüenza.

—No es para tanto.

Intenté bajar del caballo.

Mis piernas temblaron inmediatamente.

Gael me sostuvo antes de que perdiera el equilibrio.

—Despacio.

—Mis piernas no responden.

—Es normal.

—No me parece normal.

Él sonrió.

Preparó el almuerzo y abrió el recipiente que había preparado Martha.

Sacó un pimiento.

Lo miró.

Y lo arrojó lejos.

Me reí.

Gael levantó la mirada.

—¿Qué?

—A ti tampoco te gustan.

—No.

—Entonces, ¿por qué no lo dijiste?

—Porque no preguntaste.

—Eres imposible.

—Y tú hablas demasiado.

Sonreí.

Por unos minutos todo fue tranquilo.

Hasta que Gael se acercó para quitarme una pequeña hoja que se había quedado atrapada en mi cabello.

Sus dedos rozaron mi sien.

Me quedé inmóvil.

Él también.

Nuestros ojos se encontraron.

El mundo pareció quedarse en silencio.

Gael bajó lentamente la mirada hacia mis labios.

Mi corazón comenzó a latir con tanta fuerza que pensé que podía escucharlo.

No se apartó.

Yo tampoco.

Su rostro estaba cada vez más cerca.

Podía sentir su respiración.

Mis labios se entreabrieron ligeramente.

Por un instante olvidé que aquel hombre era mi escolta.

Olvidé que estábamos en medio de la finca.

Olvidé París.

Olvidé todo.

Solo podía verlo a él.

Gael inclinó apenas el rostro.

Yo cerré los ojos.

Y entonces...

un caballo relinchó detrás de nosotros.

Los dos nos apartamos de inmediato.

Me llevé una mano al pecho.

—Creo que... ese caballo tiene muy mal sentido del momento.

Gael soltó una pequeña risa.

—Parece que sí.

Me miró una última vez.

Y aunque ninguno dijo nada...

los dos sabíamos lo que casi había ocurrido.

1
Liliana Torres
😡😡 que triste saber que tienes un papá asi de 🐀
Yadira Alvarez
cambiaste la portada ?
Isabel Balbuena
yo digo que Thiago está detrás de todo esto
Isabel Balbuena
ya vaya que lo hace es millonario y trabaja como custodio eso es raro algo esconde muy grande
Viviana Maldonado
solo espero a Valentina se quede con Gael
Viviana Maldonado
el padre de Valentina duerme con alejandra.est tratará de destruir a Valentina al igual q su padre,son dos basura ellos
Viviana Maldonado
me juego es el padre q favorece la amiga de ella
Liliana Torres
ese enemigo es muy muy cerca
Yadira Alvarez
hayyyy en la mejor parte me quede enganchada 🤦
Liliana Torres
Se va a complicar todo 😡😡
Isabel Balbuena
sospecho que es Thiago el que estubo contigo en París y que es el quien está queriendo hacerle daño a tu y Agus padres
Yadira Alvarez
me.encanta 🥰
Liliana Torres
se esta armando el rompe cabeza
Liliana Torres
se está armando
Mariela Alejandra Gonzalez
mmmm!!! para mí que don Augusto está metido en algo turbio y debe algo y para cobrarle quieren. a valentina.nose me parece a mí.
Ichuu
Es muy raro que sepa exactamente donde están siempre es alguien muy cercano
Liliana Torres
me gusta
Viviana Maldonado
buenísimo!! comenzar a leer y quiero más de esta historia
👑🖤📚
wry cuando esta mujer le va a reclamar lo de PARIS!???
Mariela Alejandra Gonzalez
pero con mucho gusto dejo que me cuides!!!!
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