Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.
Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.
¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?
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Capitulo #10: Intuición
Según lo que me había enseñado uno de mis maestros, todas las personas tenían una intuición que les ayudaba en momentos de urgencia o en situaciones que ponían a prueba sus tentaciones más grandes. Uno de los más grandes ejemplos de esa intuición era una de las tripulantes del barco; Palas, una guerrera del océano, hija del Rey de los elfos del agua, Tritón.
—¡¿Estás listo?! Niño —le preguntó una elfa de piel azul y con cuernos negros saliendo de su frente—.
—Tsh, ya te dije que no me llames así —se quejó Len sosteniendo un escudo de agua con un brazo y una espada de hielo con su otra mano—.
—Entonces, ven a obligarme. ¡Niño!
Ella era sorprendente, sin importar cuánto el héroe del agua la atacara con su espada, él no lograba hacerle ningún rasguño. Tan solo le hacían falta piruetas y saltos para esquivar la hoja de su espada con rapidez, dejando incluso partículas de agua en el proceso.
—¡Vamos! ¡Héroe! ¡Esfuérzate más! ¡Entrega más! ¡Niño!
—¡Palas! ¡Deja de moverte! —gruñó agitado atacando a nuestra compañera, lo más rápido que podía—.
Lo peor para alguien con la intuición menos desarrollada era que Palas no era la única con una intuición tan buena, su propia novia era igual o más rápida que Palas.
—¡Jen! ¡Eso estuvo genial! —le dijeron nuestros compañeros rodeándola—.
—Ay, gracias, chicos —les respondió concentrada en vendar sus puños desnudos, de la misma manera que sus pies—.
Como sabrán, Jena era una arcángel pura y por alguna razón tenía un talento natural para las peleas cuerpo a cuerpo.
—¡Vamos, Len! —gritamos Adam, Levy y los hermanos Caín y Abel—.
—¡¡Jen, patea su culo!! ¡¡Y haz que caiga muerto!! —gritaron los demás—.
Len no podía lograr acertar ninguno de sus ataques, todos los esquivaba con saltos o los desviaba con simples patadas. En cambio, Jen acertó cada uno de sus puñetazos, dejando al héroe siempre en el suelo.
—Ugh, mal… mierda… —jadeó en el suelo, con el cuerpo entumecido—. ¿De verdad debo protegerte? Si ni siquiera puedo ganarte.
—Jaja, vamos, no es para tanto —le respondió ayudándolo a ponerse de pie—.
Aunque claro, la intuición no solo se presentaba en combate, sino que también podía presentarse en un borracho, ególatra y que huele muy mal como Adam.
—¡¡Todos!! ¡Rápido! ¡¡A estribor!! —rugió el Capitán desde lo alto del barco—.
—¡¿Qué?! ¡Pero, Capitán!
—¡¡Rápido!! ¡¡Escondan el barco detrás de ese iceberg!! —ordenó—.
No entendíamos qué le pasaba, por lo menos no lo supimos, hasta que nos escondimos y logramos ver un barco blanco con velas negras que pertenecía a los Arcángeles.
—¿Cómo es que supiste que ellos…?
—Lo sentí en mi espalda, era un horrible escalofrío y siempre que siento eso, es porque hay alguien peligroso cerca o porque ya no hay tequila. Y claro que hay tequila, así que… era obvio —me respondió, bebiéndose una botella de tequila como si fuera agua—.
—Oye, de verdad me preocupa tu sentido de peligro y que en meses serás papá de mi sobrino —le regañé viéndolo haciendo el idiota en el barco—.
—¡Estoy bien! ¡Primer oficial! ¡Estoy bien! Tengo una admirable y buena intuición, después de todo —me respondió dándome palmadas en la espalda—.
—Mm… —gruñí—. Supongo que eso no puedo negarlo, pero es mejor que te comportes, no quiero que mi sobrino Prometeo viva con un borracho.
Mi interés actual por la intuición era por mi entretenimiento para usar el rifle de hielo y para dominarlo necesitaba usar bien mi intuición o más allá de mi vista.
—¿Volviste a fallar? —me preguntó Levy sentada frente a Adonis y rascándole su escamosa cabeza de nieve—. No estarías fallando, si dejas de usar esa tonta venda para cubrir tus ojos.
—Levy. Ya sabes por qué no la uso, el cosquilleo de mi cuerpo, debo afinarlo.
“Pero… ¿cómo? ¿Cómo se afina una intuición?” Pensé sentándome en mi cama con mi mirada fija en el rifle.
—Uhm, el señor Harper ¿No te enseñó eso en la adolescencia? ¿O tus otros maestros que tuviste? O también puedes ir a los recuerdos de Kore y no en los de la princesa Rashel.
—Mm… No, el señor Harper solo me enseñó a usar mi intuición, pero… Kore… esa parte de mí…
Al intentar indagar en mi mente para buscar una manera en la que pudiera afinar mi intuición, terminé llegando a los días en los que una parte de mí había llegado a la academia. En esa época no me llamaba Eva, sino Kore, nombre que me pusieron mamá y papá por su significado, que es “Doncella”.
—Kore ¿Estás lista? —me preguntó una elfa con cabello plateado y unos suaves guantes blancos. Ella también era yo, antes de que mi cuerpo la absorbiera para salvarla—.
—¡Sí, Princesa Mochi! —le respondí poniéndome en guardia, vestida con una túnica blanca que tenía una cinta blanca en mi cintura—.
—Jaja, Kore. Llámame Rashel, puedo ser una princesa, pero somos amigas ¿sí? Además eres la prometida de Cassy.
—¡¡Yo no voy a casarme con él!! Papá me forzó al compromiso y eso no va a pasar, nunca voy a ser pareja de un demonio.
—Okey… —suspiró la princesa de Almecna encogiéndose de hombros—. En ese caso, ven… ¡¡Y muéstrame de lo que es capaz una diosa!!
Motivada por el odio que sentía por el maldito de mi padre que me separó de mi madre Deméter, salí disparada hacia Rashel para atacar con mis puños. Ahí fue cuando entendí el porqué esa chica era una princesa, con una velocidad me esquivó para lanzarme al suelo con una patada.
“¿Qué? ¿Cómo es posible que ella sea capaz de esto? Se supone que es una mortal, una simple princesa mortal”, pensé poniéndome de pie.
—¡¿Qué esperas?! ¡Hija de Deméter! ¡Ven!
Ese día entendí la diferencia entre una princesa que había entrenado con múltiples héroes y una simple diosa de la primavera que se la pasaba ayudando a su madre en sus cultivos. Podía tener la fuerza de un dios, ser inmortal e incluso tener la capacidad para ser tan fuerte como el maldito de mi padre que me engañó para que comiera las semillas de granadas, pero sin entrenamiento previo era solo un blanco fácil con superfuerza.
La princesa de Almecna me lanzó al suelo muchas veces, sin sudar ni un momento, lo que para mí fueron horas de tortura, para ella habían sido simples calentamientos.
—Mm, es increíble que tengas una intuición tan mala para ser una diosa —murmuró la princesa viéndome en el suelo, empapada de sudor—.
—¿Intuición? ¡¿Cómo entreno eso?! ¡Princesa Mochi!
—Ya… ya te dije que me llames Rashel y para afinar tu intuición, necesitas exponerte mucho a usarlo. Es lo mismo con cualquier habilidad o un músculo, para mejorar en ello, debes entrenarlo con ciertas repeticiones —me explicó la princesa ayudándome a ponerme de pie—.