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La maestra que será nuestra madrastra

La maestra que será nuestra madrastra

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Reencuentro / Donde hubo fuego cenizas quedan / Completas
Popularitas:18.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Aurora Medina llega a la capital con una misión: domar al grupo más rebelde del exclusivo Colegio Altamira, un aula de hijos de millonarios que ya hizo renunciar a cinco tutores. Lo que no imagina es que, detrás de esos dos gemelos insoportables que le declaran la guerra, se esconde el hombre que le rompió el corazón doce años atrás… justo antes de llegar al altar.

Alejandro Bustamante lo tiene todo: dinero, poder y una frialdad que congela salas de juntas. Todo, menos a la única mujer que amó. Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, él está dispuesto a usar cualquier arma para reconquistarla. Incluso a sus propios hijos.

Pero entre ellos hay una herida vieja, una verdad enterrada y una mentira que destruyó dos vidas. Y mientras el hielo empieza a derretirse, no todos quieren ver a Aurora convertida en la nueva señora Bustamante…

¿Podrá Aurora perdonar el pasado y aceptar el lugar que el destino le tenía reservado: el de madre de los hijos del hombre al que juró no volver a amar?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Al día siguiente, la rueda de la vida volvió a girar. Había llegado el lunes, y Aurora se alistó para retomar sus clases en el colegio. Como los lunes solían venir con unos atascos terribles en la capital, salió a propósito mucho más temprano de lo habitual para no llegar tarde.

Pero, por desgracia, el universo parecía estar poniendo a prueba su paciencia. El cielo de la ciudad amaneció aquella mañana cubierto de un manto de nubarrones negros y espesos. Cuando apenas habían recorrido la mitad del camino, la mototaxi por aplicación en la que iba Aurora empezó a dar tirones y se apagó por completo. Y, para colmo de males, comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia sobre la tierra.

—Ay, lo siento muchísimo, profesora. Se me averió la moto de repente, parece que tendré que llevarla al taller más cercano. No me queda más remedio que dejarla aquí, ¿le parece bien? —dijo el conductor, apenado, mientras empujaba la moto hacia la orilla.

Aurora respiró hondo, tratando de contener la frustración. —Sí, no se preocupe. Gracias —contestó sin ánimo.

Enseguida echó a trotar en busca de un refugio en una parada de autobús que había no muy lejos. Abrazando su bolso con fuerza, miraba con angustia las agujas de su reloj de pulsera. De esa parada al Colegio Altamira todavía había un buen trecho, y la llovizna se estaba convirtiendo poco a poco en aguacero. —Ay, qué mañana tan aciaga. Primero la moto averiada y ahora el clima en contra. Voy a terminar llegando tarde justo un lunes —murmuró inquieta.

Por ese mismo tramo de la calle, un lujoso sedán negro avanzaba despacio abriéndose paso entre el tráfico. Dentro del vehículo, Alejandro Bustamante lucía mucho más fresco y animado que de costumbre. Por segunda vez, había accedido a hacerse un hueco para llevar él mismo a sus dos hijos al colegio.

Cuando el auto pasó cerca de la parada, los ojos agudos de Mateo y Martina captaron la silueta de una mujer que conocían muy bien. Su tutora estaba de pie, sola, con el rostro angustiado bajo la lluvia.

—¡Papá… detente un momento, papá! ¡Es la profesora Aurora! —exclamó Mateo de pronto desde el asiento delantero—. ¡Invitémosla a subir con nosotros, pobre, si no se va a empapar y va a llegar tarde!

—Sí, papá. Podemos llevarla, ¿verdad? ¿No hay problema, papá? —secundó Martina desde atrás, como pidiéndole permiso a su padre.

Por supuesto, para Alejandro la petición de sus hijos fue como caído del cielo. Por dentro, se moría de alegría.

—Claro que sí, hijos. ¿Cómo iba a dejar a su maestra pasando apuros a la orilla del camino, y más después de lo buena y atenta que ha sido la profesora Aurora con ustedes todo este tiempo? —respondió, incapaz de disimular una sonrisa de oreja a oreja.

Al ver a su padre de pronto tan alegre y risueño, tan distinto de aquella imagen fría que habían conocido durante años, Mateo y Martina se miraron desconcertados. —¿Qué le pasa a papá? Está rarísimo —le dijo Martina a su hermano con los ojos, y Mateo solo le respondió encogiéndose de hombros.

Alejandro arrimó de inmediato su lujoso auto justo frente a la parada. Sin necesidad de que se lo ordenaran, Mateo, que iba adelante, se movió con agilidad. Muy comprensivo, se pasó al asiento trasero por el hueco de la cabina, sin tener que abrir la puerta, para no mojarse.

Mientras tanto, Alejandro sacó un paraguas grande del maletero interior, abrió la puerta del conductor y salió con paso firme a atravesar el aguacero rumbo a Aurora.

Aurora, cabizbaja y ansiosa, mirando su reloj, vio de repente un par de zapatos de charol negro y relucientes que se detenían justo frente a ella. Cuando alzó la vista, el rostro de Alejandro ya estaba bajo el mismo paraguas.

—Aurora… ven conmigo. Da la casualidad de que Mateo y Martina van en el auto; fueron ellos quienes me pidieron que te llevara —dijo Alejandro en voz baja. Como en ese momento no estaban delante de sus hijos, dejó caer al instante el trato formal. Todavía pretendía ocultarles a los gemelos su historia del pasado.

Aurora se llevó un susto de muerte; los ojos se le abrieron de par en par. —A… ¡Alejandro…!

Sin darle a Aurora la menor oportunidad de negarse, Alejandro le tomó la muñeca con un movimiento rápido pero suave y la guio bajo el amparo del paraguas.

—Ven conmigo, Aurora. Olvidemos por un momento lo nuestro del pasado. Es mejor que quedarte aquí bajo la lluvia y llegar tarde al colegio —susurró él, dándole una razón sensata.

Cuando la palma de Alejandro volvió a rozarle la muñeca, Aurora sintió que un escalofrío le recorría todo el cuerpo. El corazón se le disparó de un modo anormal. Una oleada de nervios enorme le subió hasta el pecho. Quería sacudir la mano y zafarse de aquel agarre, pero, sin saber por qué, todos los músculos parecían habérsele trabado, como si hubiera un imán invisible en la mano de Alejandro que la obligaba a obedecer.

Alejandro le abrió con cortesía la puerta delantera del auto, dejó que Aurora subiera primero antes de cerrarla de nuevo y dio la vuelta hacia el asiento del conductor.

En cuanto Aurora se acomodó en el mullido y cálido asiento delantero, entibiado por el aire acondicionado, miró hacia atrás. Allí estaban Mateo y Martina, sentados juntos y muy compuestos, recibiéndola con una sonrisa mucho más amable que de costumbre.

—¡Buenos días, profesora! —saludaron los gemelos al unísono.

Al ver la cálida bienvenida de sus dos alumnos, la tensión del rostro de Aurora se fue disolviendo poco a poco. Dibujó una amplia sonrisa sincera, olvidando por un instante la incomodidad de estar sentada al lado de Alejandro.

—Buenos días a ustedes también, muchachos. Perdonen si los estoy molestando tan temprano —dijo Aurora, un poco apenada.

—¡Ay, qué molestia ni qué nada, profesora! Si no molesta para nada. ¡Al contrario, estamos felices de poder ayudarla esta mañana! —respondió Martina con un tono de lo más dulce.

Alejandro, que acababa de volver al asiento del conductor, no pudo más que contener una sonrisa al oír aquel intercambio. Encendió el motor y el lujoso auto retomó la marcha a velocidad moderada, abriéndose paso por las calles de la ciudad, que empezaban a inundarse bajo el aguacero. En aquella cabina cálida se creó un silencio apacible que, poco a poco, comenzó a acortar la distancia y a derribar la muralla que durante más de una década los había separado.

*

*

Cuando el lujoso auto de Alejandro llegó al estacionamiento del Colegio Altamira, el aguacero que había caído sobre la ciudad amainaba poco a poco, dejando solo una fina llovizna y el asfalto mojado.

Alejandro, con aire caballeroso, se bajó primero. Dio la vuelta y le abrió a Aurora la puerta delantera. En cuanto Aurora salió del auto del mayor donante del colegio, toda la escuela se alborotó. Todas las miradas se clavaron en ellos, sobre todo las de Rubén y las de las profesoras que estaban de pie en el corredor.

—Vaya, ¿no me equivoco o la profesora Aurora venía en el mismo auto que el señor Bustamante? ¿Con qué habrá soñado anoche? —cuchicheó una de las maestras con una envidia más que evidente.

Antes de que las especulaciones se dispararan, Mateo y Martina salieron a la vez por la puerta trasera. La presencia de los gemelos deshizo de inmediato la mala interpretación, aunque la curiosidad de las profesoras no se apagó del todo.

Antes de apurarse a entrar al edificio, Mateo y Martina se plantaron muy formales frente a su padre.

—Ya entramos a clase, papá —dijo Martina con suavidad.

Los dos muchachos le besaron por turnos el dorso de la mano a Alejandro con respeto. Y, para sorpresa de todos, acto seguido se giraron hacia Aurora e hicieron lo mismo: le besaron el dorso de la mano a su tutora con toda la reverencia.

—¡Nos adelantamos, profesora Aurora! —exclamó Mateo, que enseguida tomó de la mano a Martina y salió corriendo hacia el aula del 1.º C, dejando a los dos adultos en silencio en el estacionamiento.

Aurora apretó nerviosa la correa de su bolso. Se obligó a mirar a Alejandro, aunque el corazón todavía no le había vuelto del todo a la calma.

—Muchas gracias por traerme, señor Bustamante. Le agradezco de veras su ayuda de esta mañana —dijo Aurora con el tono más formal posible.

Al oír aquel agradecimiento, una sonrisa dichosa alcanzó a florecer en el atractivo rostro de Alejandro. Pero esa sonrisa se le congeló al instante siguiente, cuando Aurora continuó con una voz fría y punzante.

—Pero, por favor… que esta sea la última vez que me ayuda, señor Bustamante. Espero que no vuelva a repetirse una situación como esta en el futuro. Con permiso —remató Aurora, sin dejarle a Alejandro el menor resquicio para replicar.

La mujer giró en redondo y se alejó a paso rápido, dejándolo solo junto a su auto.

Alejandro no pudo más que soltar el aire con brusquedad, mirando la espalda de Aurora, que se alejaba cada vez más por el corredor. El dolor volvió a extendérsele por el pecho, pero esta vez no dejó que la decepción lo dominara. Alejandro sabía muy bien que ablandar el corazón de Aurora, ya congelado por las heridas del pasado, no iba a ser tan fácil como voltear la palma de la mano.

Sin embargo, ahora se daba cuenta de algo. Sonrió apenas, con una sonrisa llena de planes. Esta vez tenía un arma infalible que Aurora jamás podría esquivar: Mateo y Martina.

*Puedes rechazarme todo lo que quieras, Aurora. Pero yo sé que la nobleza de tu corazón de maestra nunca será capaz de negarles nada a mis hijos*, pensó Alejandro con plena convicción.

Con una determinación cada vez más férrea, Alejandro volvió a subir a su auto. Esta vez se juró que no se rendiría tan fácilmente en su empeño de reconquistar el corazón de Aurora, la única mujer que hasta ese instante seguía reinando en el suyo.

*Continuará…*

1
Isela Aguirre
excelente
Isela Aguirre
excelente capítulo
MaggieBD
típica historia donde la mujer cae nuevamente con quien la hirió tanto, donde queda el amor propio y el respeto a una misma. Ya hasta flojera da seguir leyendo cuando ya se sabe uno perfectamente el final /Drowsy/
Graciela Saiz
Dalia no fue a la boda 🤔🤔🤔
Graciela Saiz
ahora a luchar contra la madre metiche y venenosa 🤬
Graciela Saiz
HABLA AURORA ! CONTESTA!
Graciela Saiz
yo creo , que ellos dos deberían tener una buena conversación sobre lo hechos , el más que nada el , 🤷
Leticia Baeza Vazquez
pues con tanto engaño y no ser la sangre pues no yamaba
Leticia Baeza Vazquez
q bueno q sufrió la perra desgraciada q hizo q la tomara x haberlo drogado maldita te lo cobro el karma
Leticia Baeza Vazquez
esa zorra de la nueva secretaria 😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor solo x darle gusto Alos padres así será de estúpida es una mujer estudiada pero parece una ignorante pendeja
Leticia Baeza Vazquez
espero y te des cuenta de la víbora q tienes x madre y esa maldita q bueno q se murió la desgraciada
Leticia Baeza Vazquez
esa mamada q ponen en todas las novelas afuerza aceptar lo q ofrecen si yo digo no es no y quién me obliga nadie osea era una porquería escritora ten más imaginación
Graciela Saiz: no , no somos así , somos peores , estupidas y manipulables ante el amor de un hombre, no hay excepción, mujer empoderada 😅
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
Haver escritora y deja la estupidez y q ella no puede decir No oque diablos osea la pones como estúpida manipulable x unos putos mocosos asco
Graciela Saiz: Señora Leticia, si tanto le desagrada , tiene la opción de no leerla , y respetar el trabajo de la autora, y si no escriba su propia historia 😏
total 1 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora no mames osea la humilló x una putizorra ofrecida y ahora resulta q x unos escuincles la BAS hacer una maldita manipulable osea asco q se de su lugar y consiga alguien mejor y la valore , si no espera de mi todas las críticas 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
eso de tener amigas zorras y disculpa escritora pero no la cages si dejas q ella y ese perro infiel desgraciado se quede con ella osea
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