Tras ser ignorada y abandonada emocionalmente por Mateo, Lucía queda hecha pedazos. Sin embargo, una noche de desesperación, un encuentro místico con una poderosa bruja cambia el rumbo de su vida. Mediante un poderoso hechizo de amor, Lucía deja atrás a la chica insegura y renace como una mujer magnética, empoderada y peligrosa.
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Capitulo 5
Los días restantes del mes transcurrieron con una serenidad engañosa. Los encuentros se mantuvieron tan afectuosos como siempre; las risas compartidas y las caminatas de fin de semana no presagiaban cambio alguno. Sin embargo, para Lucía, la fecha de partida de Mateo comenzó a acercarse con una inevitable cuenta regresiva.
El día del viaje finalmente llegó. Lucía se ofreció a acompañarlo al aeropuerto junto con el grupo de amigos con los que viajaría. El trayecto transcurrió entre bromas del grupo y la conversación amena habitual. Al llegar a la terminal, mientras los demás comenzaban a registrar el equipaje, Mateo y Lucía se apartaron hacia un costado.
Él la tomó suavemente de la cintura y la atrajo hacia sí, mirándola a los ojos con calidez.
—Te voy a extrañar demasiado, de verdad —murmuró él, sosteniendo sus manos con ternura y besándole los nudillos uno a uno—. Te amo. Prometo hablarte todos los días, como siempre.
Lucía sonrió, sintiendo que el afecto de Mateo disipaba cualquier ligera inquietud.
—Yo también te amo. Disfruta mucho, descansa y avísame en cuanto llegues.
Se despidieron con un beso prolongado antes de que él cruzara la puerta de embarque. El vuelo hacia el destino playero era corto; en apenas dos horas Mateo estaría aterrizando. Lucía regresó a su apartamento con la sensación de que, a pesar de la distancia, la relación se mantenía firme.
Al calcular el tiempo transcurrido desde el despegue, Lucía comenzó a estar atenta al teléfono. Esperaba el mensaje indicando que el avión había llegado sin inconvenientes, pero las horas de la tarde pasaron sin novedades. La noche llegó y la pantalla permaneció en silencio. Lucía asumió que la llegada, el traslado al hotel y la acomodación lo habían mantenido ocupado.
Al día siguiente, la falta de comunicación continuó. Recién al segundo día por la tarde, el teléfono emitió finalmente la notificación de un mensaje de Mateo.
“Hola, mi amor. Disculpa que no te hablé antes, es que no había nada de señal en la zona donde estamos. Recién ahora conseguí algo de señal para enviarte esto. Te amo y te extraño mucho”, decía el texto.
El alivio inicial calmó la angustia de Lucía. Respondió con comprensión, esperando que la comunicación volviera a ser regular. Sin embargo, la promesa de hablar todos los días no se cumplió.
Con el paso de los días, la interacción se volvió mínima. Mateo apenas contestaba alguno que otro mensaje, siempre con frases cortas y breves. Lucía trataba de darse respuestas a sí misma para mantener la tranquilidad: se decía que seguramente estaba disfrutando del viaje, ocupado con sus amigos o que la cobertura de red continuaba siendo deficiente, tal como él le había mencionado.
A pesar de sus esfuerzos por autoconvencerse, una sombra de preocupación y desconcierto empezó a asentarse lentamente en su interior a medida que el silencio se prolongaba.
No queria tener una desilusión de parte de él, queria confiar en que todo estaría bien , aunque su corazón no dejaba de sentir que algo extraño estaba sucediendo.