Ella amaba dibujar, su sueño era poder dedicarse a eso.. pero, sufre un accidente.. aun así, la vida la oportunidad de reencarnar en una nueva vida.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Olivia 3
Al día siguiente, Olivia bajó a desayunar con una sensación extraña de entusiasmo.
Había pasado toda la noche pensando en lo que le esperaba.
Sus lápices.
Sus pinturas.
Su cuaderno.
Quizás algunos pinceles.
[Espero que haya conseguido al menos un par de lápices...]
Intentó no emocionarse demasiado.
Después de todo, había pedido solamente algunos implementos para dibujar y pintar.
Nada más.
Cuando llegó al comedor, la señora Fany ya estaba allí.
La mujer la recibió con una sonrisa particularmente amplia.
—Buenos días, mi lady.
—Buenos días, señora Fany.
Olivia tomó asiento.
Pero apenas había comenzado a desayunar cuando la mujer dijo..
—Hoy tengo una sorpresa para usted.
Olivia levantó inmediatamente la mirada.
Sus ojos se iluminaron.
[¡Los materiales!]
Intentó mantener la compostura.
—¿Una sorpresa?
—Sí.
La señora Fany sonrió.
—Pero primero termine su desayuno.
Olivia asintió.
Intentó comer tranquilamente.
Lo intentó.
De verdad.
Pero cada pocos segundos miraba hacia la puerta.
[¿Será una caja?]
[¿Quizás varias?]
[¿Habrá lápices de colores?]
[¿Pinturas?]
[¿Pinceles?]
Su imaginación comenzó a trabajar demasiado rápido.
Terminó el desayuno casi sin darse cuenta.
En cuanto dejó los cubiertos, Fany se levantó.
—Venga conmigo.
Olivia la siguió.
Caminaron por varios pasillos hasta llegar a un pequeño salón que, según Olivia recordaba, normalmente no se utilizaba demasiado.
La puerta se abrió.
Y Olivia se quedó inmóvil.
Dentro había varios hombres trabajando.
Estaban dejando cajas.
Muchas cajas.
Decenas de cajas pequeñas.
Olivia parpadeó.
Una.
Dos.
Tres veces.
No podía procesar lo que estaba viendo.
Había cajas llenas de pinturas.
Pinceles de diferentes tamaños.
Lápices.
Carboncillos.
Pasteles.
Papeles.
Pigmentos.
Paletas.
Frascos.
Atriles.
Lienzos.
Y todo tipo de materiales que una persona dedicada al dibujo y la pintura podía necesitar en aquella época.
Incluso había muebles preparados para trabajar cómodamente.
Olivia dio un pequeño paso hacia adelante.
Sus ojos se abrieron cada vez más.
[¿Todo esto es mío?]
Se acercó a una de las cajas.
La abrió.
Había pinturas.
Abrió otra.
Pinceles.
Otra.
Lápices de carbón.
Otra.
Más materiales.
Miró hacia el fondo del salón.
Había varios atriles.
Y lienzos de distintos tamaños.
No podía creerlo.
Era como entrar en un sueño.
[Esto...]
Tomó uno de los pinceles con muchísimo cuidado.
Sus dedos temblaban ligeramente.
[¡Esto es perfecto!]
La señora Fany observaba su reacción con una enorme sonrisa.
—¿Le gusta, mi lady?
Olivia se giró hacia ella.
Sus ojos brillaban.
—Me encanta.
Fany soltó una pequeña risa.
—Lord Lothian ordenó que prepararan todo lo que pudiera necesitar.
Olivia se quedó en silencio.
Entonces sonrió.
—Tengo que agradecerle.
—Por supuesto.
Olivia dejó el pincel.
—¡Voy a buscarlo!
Y salió corriendo.
—¡Mi lady!
Pero Olivia ya había desaparecido por el pasillo.
Corrió hasta la oficina.
Sin embargo, cuando llegó...
La puerta estaba abierta.
Y Lord Lothian estaba saliendo.
El anciano se detuvo al verla.
—Olivia.
Ella no frenó.
Corrió directamente hacia él.
Y antes de que pudiera reaccionar...
Lo abrazó.
El anciano quedó completamente inmóvil.
Rígido.
Sus brazos permanecieron pegados a su cuerpo.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
Olivia, completamente feliz, dijo..
—¡Muchas gracias por el salón de pintura! ¡Es perfecto!
El anciano no respondió inmediatamente.
Parecía haber olvidado cómo funcionaba el cuerpo humano.
[¿Qué está haciendo?]
Nunca antes su nieta lo había abrazado así.
Nunca.
Finalmente consiguió hablar.
—No... hay problema.
Su voz sonó mucho más rígida de lo habitual.
Olivia se separó.
—Muchas gracias, abuelo.
Hizo una pequeña reverencia.
Demasiado rápida.
Demasiado torpe.
Y luego volvió a sonreír.
—¡Me encanta!
Después salió corriendo nuevamente.
El anciano permaneció allí.
Quieto.
Mirando cómo su nieta desaparecía por el pasillo.
Su asistente, que había presenciado toda la escena, permaneció en silencio.
Lord Lothian bajó lentamente la mirada.
[¿Desde cuándo corre así?]
Recordó el rostro de Olivia.
Había algo diferente.
Una felicidad genuina.
Una sonrisa enorme.
Una sonrisa que él...
Nunca había visto antes.
El anciano permaneció unos segundos en silencio.
Finalmente miró a su asistente.
—Quiero que estés pendiente de ese salón.
—Sí, mi lord.
—Si falta algo, que lo repongan inmediatamente.
—Por supuesto.
El anciano hizo una pausa.
—Y no escatimes en gastos.
El asistente levantó ligeramente las cejas.
—¿En ninguno?
Lord Lothian lo miró con seriedad.
—En ninguno.
—Entendido.
El asistente hizo una reverencia.
—Me aseguraré de que Lady Olivia tenga todo lo necesario.
Lord Lothian asintió.
Luego continuó su camino.
Pero mientras caminaba, no pudo evitar pensar nuevamente en aquella sonrisa.
[Es la primera vez que la veo sonreír así.]
Y, aunque jamás lo habría admitido en voz alta...
Aquello le había gustado.
Mucho.