romántica
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Un beso mil dudas
Aquel había sido el primer beso entre Fernanda y Andrés.
Pero no había sido un beso cualquiera.
Había sido un beso lleno de emoción, de deseo y de todos aquellos sentimientos que durante tanto tiempo habían intentado esconder.
Andrés la besó nuevamente.
Por un instante parecía que ninguno de los dos quería separarse.
Se besaron con intensidad, pero también con una ternura que hacía que Fernanda sintiera que algo dentro de ella estaba cambiando.
Andrés se apartó unos segundos para respirar.
La miró.
Volvió a acercarse y la besó otra vez.
Pero finalmente se detuvo.
Respiró profundamente y apoyó su frente contra la de ella.
—Si sigo besándote —dijo con la voz entrecortada—, voy a terminar perdiendo el control.
Fernanda lo miró en silencio.
Andrés continuó:
—Te deseo muchísimo.
—Pero no quiero que hagamos algo por impulso.
—No quiero que después pienses que me aproveché de lo que estás viviendo.
Fernanda sintió un nudo en la garganta.
—Yo también te deseo —confesó—. Pero tengo muchas cosas que resolver.
Andrés asintió.
—Lo sé.
—Tengo a Pedro.
—Lo sé.
—Tengo a mi hijo.
—También lo sé.
Fernanda bajó la mirada.
—Y no sé qué hacer con mi vida.
Andrés le levantó suavemente el rostro.
—Entonces no hagas nada todavía.
Fernanda lo miró sorprendida.
—¿No estás molesto?
—No.
—¿Aunque te diga que necesito tiempo?
Andrés negó con la cabeza.
—Prefiero que pienses bien antes de tomar cualquier decisión.
Fernanda respiró aliviada.
Pero entonces Andrés añadió:
—Aunque tengas pareja, aunque estés comprometida con otra persona, yo quiero estar contigo.
Fernanda lo miró.
—Andrés...
—No quiero obligarte a nada.
—Pero tampoco voy a mentirte.
—Lo que siento por ti no va a desaparecer solamente porque la situación sea complicada.
Fernanda permaneció callada.
Andrés continuó:
—Haré lo posible por estar cerca de ti.
—Incluso si eso significa aprender a llevarme mejor con Pedro.
—Si tengo que acercarme más a él por mi trabajo, lo haré.
—Si tengo que ser su amigo, lo intentaré.
Fernanda negó lentamente con la cabeza.
—No quiero que hagas cosas solamente para estar cerca de mí.
—No voy a hacer nada que te perjudique.
Andrés le tomó nuevamente la mano.
—Pero tampoco voy a rendirme fácilmente.
Fernanda sonrió con tristeza.
—No sabes cuánto me asusta todo esto.
—Lo sé.
—Tengo demasiadas cosas en la cabeza.
—Entonces piensa.
—No quiero que tomes una decisión hoy.
Fernanda respiró profundamente.
Miró el reloj.
Se sorprendió al ver la hora.
—Es tarde.
Andrés la miró.
—¿Ya?
—Sí. Tengo que ir a recoger a mi hijo a casa de mi mamá.
Después recordó todo lo que tenía que hacer.
—Y tengo que regresar a la casa, preparar la comida y dejar todo listo antes de que Pedro llegue.
Andrés asintió.
La tristeza apareció en sus ojos.
Sabía que aquel momento tenía que terminar.
Pero aquel beso le había confirmado algo que llevaba mucho tiempo intentando descubrir.
Fernanda también sentía algo por él.
No había sido solamente una ilusión.
No había sido solamente una consecuencia de sus problemas con Pedro.
Ella lo había deseado.
Ella había querido besarlo.
Y había respondido a aquel beso con la misma intensidad.
Sin embargo, Andrés también había comprendido algo más.
Fernanda todavía estaba confundida.
Todavía tenía miedo.
Todavía tenía una vida construida alrededor de Pedro y de su hijo.
Y no podía exigirle que cambiara todo de un día para otro.
Por eso, aunque una parte de él quería pedirle que se quedara, decidió dejarla marchar.
—Ve —le dijo suavemente—. Tu hijo te está esperando.
Fernanda se levantó.
Tomó su bolso.
Antes de salir, se quedó frente a Andrés.
Durante unos segundos se miraron.
Ninguno sabía qué decir.
Finalmente, Fernanda se acercó y le dio un pequeño abrazo.
Andrés la abrazó con fuerza.
—Cuídate.
—Tú también.
Ella se separó lentamente.
Andrés la acompañó hasta la puerta.
Antes de salir, Fernanda volvió a mirarlo.
—Necesito pensar.
—Piensa todo lo que necesites.
—Y después...
—Después hablaremos.
Fernanda asintió.
Salió del departamento.
Andrés cerró la puerta y permaneció unos segundos apoyado contra ella.
Estaba feliz porque finalmente había podido besar a la mujer que tanto había deseado.
Pero también estaba triste.
Sabía que aquel beso no significaba que Fernanda fuera a elegirlo.
Solo significaba que entre ellos existía algo real.
Mientras tanto, Fernanda caminaba hacia la camioneta con el corazón acelerado.
Se llevó los dedos a los labios.
Todavía podía sentir el beso.
Y entonces comprendió que el verdadero problema no era haber besado a Andrés.
El verdadero problema era que había descubierto cuánto deseaba volver a hacerlo.
Y ahora tendría que decidir qué quería realmente para su vida.