Aurelia Rose Everhart lo tenía todo: sangre imperial, belleza y un futuro prometedor. Sin embargo, detrás de las paredes del palacio se escondían conspiraciones, traiciones y personas que deseaban verla desaparecer.
A los diecinueve años, Aurelia es acusada de traición y condenada a muerte. Pero cuando abre los ojos después de morir, descubre que ha regresado al pasado, al momento en que tenía apenas ocho años.
Con todos los recuerdos de su primera vida intactos, Aurelia decide que esta vez no será una princesa manipulada por los demás.
Esta vez cambiará su destino.
Aprenderá magia, construirá alianzas, descubrirá los secretos de su familia y se enfrentará a aquellos que algún día la traicionarán.
Porque Aurelia ya no quiere simplemente sobrevivir.
Quiere convertirse en la mujer que gobierne el Imperio de Elarion.
Pero cambiar el destino tiene un precio...
Y quizá, entre conspiraciones, magia y una peligrosa historia de amor, Aurelia descubra que su primera vida escondía secretos mucho
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Capítulo 20 — La batalla de Astria
Las campanas de Astria comenzaron a sonar.
Una tras otra.
Los habitantes corrían por las calles mientras los guardianes levantaban barreras mágicas alrededor de la ciudad.
Desde las montañas, cientos de miembros de la Orden del Eclipse descendían hacia las murallas.
Aurelia observaba desde el balcón.
Seraphine estaba al frente.
A su lado se encontraba Lucan.
—No entiendo —dijo Adrian—. ¿Cómo encontraron esta ciudad?
Elisara respondió:
—Porque alguien dentro de Astria los ayudó.
Aurelia se giró.
—¿Quién?
Elisara negó.
—Todavía no lo sé.
Kael desenvainó su espada.
—Entonces tenemos un traidor entre nosotros.
Aurelia miró a los guardianes.
No podía saber quién era.
—Primero debemos defender la ciudad.
Lyra entró en la sala.
—Los enemigos están entrando por la puerta oeste.
Aurelia tomó la Corona del Equilibrio.
—Entonces iremos allí.
Elisara la sujetó del brazo.
—No.
—¿Por qué?
—Porque Seraphine no vino para conquistar Astria.
Aurelia frunció el ceño.
—¿Entonces?
—Vino por ti.
Aurelia comprendió inmediatamente.
Seraphine no necesitaba destruir la ciudad.
Solo necesitaba capturarla.
—Entonces iré a enfrentarla.
Adrian negó.
—Es demasiado peligroso.
—Precisamente por eso.
Kael se acercó.
—No irás sola.
Aurelia sonrió.
—Nunca lo hago.
Los tres salieron del palacio.
La batalla ya había comenzado.
Los guardianes lanzaban flechas mágicas desde las murallas.
Los soldados de la Orden respondían con hechizos oscuros.
Aurelia levantó una mano.
La Corona brilló.
Miles de estrellas aparecieron sobre el campo de batalla.
—¡Magia Astral!
Una lluvia de luz cayó sobre los enemigos.
Los soldados retrocedieron.
Kael utilizó su oscuridad para bloquear los ataques.
Adrian creó una enorme barrera.
—¡Aurelia, ahora!
Ella corrió hacia la puerta principal.
Seraphine estaba allí.
—Por fin.
Aurelia se detuvo.
—¿Por qué haces esto?
Seraphine sonrió.
—Porque tú tienes algo que me pertenece.
—No soy una posesión.
—Eres mi llave.
Aurelia frunció el ceño.
—¿Para qué?
Seraphine levantó la mano.
Una marca negra apareció en su palma.
—Para abrir la puerta hacia el Trono Celestial.
Aurelia sintió un escalofrío.
—¿Qué es eso?
Lucan respondió:
—El lugar donde los primeros emperadores recibieron su poder.
—Mentira.
Elisara apareció detrás de Aurelia.
—Ese lugar nunca otorgó poder.
Seraphine la miró.
—Sigues viva.
—Y tú sigues siendo una usurpadora.
Seraphine lanzó un ataque.
Elisara creó una barrera.
La explosión hizo temblar la calle.
Aurelia miró a su verdadera madre.
—¿Puedes vencerla?
Elisara negó.
—No sola.
Aurelia sonrió.
—Entonces no estarás sola.
Adrian y Kael se colocaron junto a ella.
Seraphine observó a los tres.
—Los tres herederos...
Lucan sonrió.
—Exactamente como decía la profecía.
Aurelia levantó la Corona.
—No somos tus herramientas.
—Eso está por verse.
Seraphine liberó toda su magia.
Una enorme sombra cubrió Astria.
Kael cayó de rodillas.
—Es demasiado fuerte.
Aurelia corrió hacia él.
—¡Kael!
—Estoy bien.
—No lo estás.
La marca de su brazo comenzó a extenderse.
Kael respiró con dificultad.
—La oscuridad está intentando controlarme.
Aurelia tomó su mano.
—Mírame.
Kael levantó la cabeza.
—No eres la oscuridad.
—Aurelia...
—Eres Kael.
La sombra disminuyó.
Kael sonrió.
—Gracias.
Adrian apareció junto a ellos.
—Tengo una idea.
—¿Qué?
—Si combinamos nuestras magias...
Aurelia comprendió.
—Podemos crear una barrera.
Kael levantó su espada.
—No.
Aurelia lo miró.
—¿Qué?
—No una barrera.
Kael miró a Seraphine.
—Un ataque.
Adrian sonrió.
—Eso me gusta más.
Los tres unieron sus poderes.
Luz.
Oscuridad.
Estrellas.
La energía comenzó a crecer.
Seraphine abrió los ojos.
—¡No!
Lucan retrocedió.
—¡Deténganlos!
Los soldados de la Orden intentaron acercarse.
Pero Lumen apareció detrás de Aurelia.
El dragón rugió.
Una onda de energía los lanzó hacia atrás.
Aurelia levantó la mano.
—Esta vez...
Adrian agregó:
—No.
Kael terminó:
—...nosotros decidimos nuestro destino.
Los tres liberaron el ataque.
Una enorme explosión iluminó toda Astria.
Seraphine y Lucan fueron lanzados contra las murallas.
Cuando el polvo desapareció, ambos seguían vivos.
Pero Seraphine estaba herida.
Lucan se levantó lentamente.
—Esto no ha terminado.
Aurelia caminó hacia ellos.
—Para ti sí.
Lucan sonrió.
—¿Estás segura?
Señaló el cielo.
Aurelia levantó la mirada.
Una enorme grieta se había abierto sobre Astria.
Elias llegó corriendo.
—¡Aurelia!
—¿Qué ocurre?
—La batalla activó el corazón de Elara.
Aurelia sintió que la Corona comenzaba a vibrar.
El corazón dentro del palacio respondió.
Una voz llenó la ciudad.
«La última etapa ha comenzado.»
Seraphine sonrió.
—Exactamente lo que necesitábamos.
Aurelia la miró.
—¿Qué significa?
Seraphine respondió:
—Que ahora podremos abrir el Trono Celestial.
El cielo se partió.
Una enorme escalera de luz apareció sobre Astria.
Y en lo alto había un trono vacío.
Aurelia sintió que la Corona intentaba elevarse.
Elisara se acercó.
—No subas.
—¿Por qué?
—Porque quien se siente en ese trono ya no será completamente humano.
Aurelia miró hacia arriba.
El trono parecía llamarla.
Pero antes de que pudiera decidir, una figura apareció sentada sobre él.
Aurelia abrió los ojos.
—No...
Era Raven.
El heredero de la oscuridad la observaba desde lo alto.
—Bienvenida, Aurelia.
Sonrió.
—Te estaba esperando.
La Corona brilló.
Y una nueva voz susurró en la mente de Aurelia:
«Elige.»
«Ser emperatriz...»
«...o salvar a quienes amas.»