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Dos Mundos, Un Destino

Dos Mundos, Un Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Aventura / Completas
Popularitas:507
Nilai: 5
nombre de autor: anónimo 2710

En los pasillos del Instituto Amanecer, Alexandra es una estudiante dulce, amable con todos y que prefiere la tranquilidad de un buen libro y pasar desapercibida. Por su parte, Santiago es el carismático capitán del equipo de natación, el chico popular de hombros anchos y sonrisa fácil que siempre está rodeado de ruido y amigos. En la vida real, apenas cruzan miradas y sus mundos parecen completamente opuestos.
​Pero al caer la noche, todo cambia.
​Cuando las pantallas se encienden y se sumergen en el vasto universo de fantasía de su MMORPG favorito, se transforman por completo: ella es Lady Sol, una guerrera feroz, terca e implacable que defiende el frente de batalla con armadura brillante; y él es Sombra22, un mercenario cínico, astuto y bromista que prefiere las sombras y disfruta al máximo sacarla de quicio. Sin saberlo, son el dúo más explosivo y divertido del servidor, compartiendo horas de risas, peleas virtuales y una química innegable a través del chat de voz.
​Mientras la ten

NovelToon tiene autorización de anónimo 2710 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: Rumbo a la playa, asientos compartidos y un hombro donde descansar

Después de aquel extraño descubrimiento en la sala de cine, con el corazón latiéndome a mil por hora y las dudas rondando en mi cabeza, aproveché un momento a solas para contarle a Vanessa mis sospechas. Por supuesto, ella reaccionó como loca —en su estado normal de drama y emoción—, agitando las manos en el aire y diciendo:

​—¡¿El chico guapo del equipo de natación?! ¡No puede ser, amiga, estás viviendo en una película romántica y ni cuenta te habías dado!

​Sin embargo, a pesar de la euforia de mi amiga, yo preferí mantener los pies en la tierra. Solo eran sospechas mías; todavía no tenía una prueba contundente para confirmarlo al ciento por ciento, así que decidí disimular y esperar a ver cómo se desenvolvían las cosas en el día a día.

​Después de eso, la rutina escolar siguió su curso normal entre clases pesadas, algunas tardes de juegos virtuales donde la tensión entre Sombra22 y yo era evidente, y las salidas con mis compañeras para avanzar con la famosa lista de deseos del último año. Incluso logramos organizar el esperado picnic, aunque esta vez lo hicimos en un ambiente mucho más íntimo y personal en los jardines del campus, compartiendo risas y secretos de chicas.

​Así pasaron las semanas hasta que por fin llegó el evento más esperado por todos: el viaje de fin de curso del último año.

​Los profesores habían decidido que la excursión duraría dos días completos y el destino elegido era la costa. A la hora de la salida, todos los grupos de los tres salones estábamos reunidos afuera del instituto formando un escándalo monumental entre risas, maletas y gritos de emoción mientras esperábamos la llegada de los transportes. Al poco rato, se estacionaron frente a la entrada unos imponentes autobuses de dos pisos, lo que desató aún más la algarabía de mis compañeros por conseguir los mejores asientos de la planta alta.

​Cuando por fin nos dejaron subir, la profesora encargada se paró en el pasillo con su portapapeles para pasar lista y asegurarse de que nadie se quedara atrás. Mientras tanto, yo caminé hacia el segundo piso y me senté en un asiento individual al lado de la ventana, esperando tranquilamente a que subiera Vanessa para que nos sentáramos juntas como siempre hacíamos.

​Pero mis planes se desmoronaron en cuestión de segundos. Cuando vi aparecer a Vanessa por las escaleras del autobús, me hizo gestos extraños desde lejos y me señaló que se sentaría en otra parte. No entendí absolutamente nada al principio, hasta que la vi caminar decidida hacia la parte trasera, donde estaban Oswaldo y Santiago. Vi cómo Vanessa se detuvo a hablar con Santiago, le pidió algo señalando hacia mi dirección, y él, después de pensarlo un momento con una expresión de sorpresa, terminó aceptando.

​«Ay, no... esto va a ser sumamente incómodo», pensé de inmediato, sintiendo que el pulso se me aceleraba.

​Unos segundos después, vi una sombra detenerse junto a mi asiento. Al levantar la vista, era el propio Santiago quien estaba de pie en el pasillo, cargando su mochila.

​—Hola... Alexandra, ¿cierto? —me preguntó con una media sonrisa un poco tímida.

​—Hola, Santiago... sí —le respondí intentando mantener la calma y disimular los nervios.

​—Tu amiga me pidió si podíamos cambiar de puesto —explicó él con naturalidad, señalando el asiento vacío a mi lado.

​Justo en ese preciso instante, la profesora subió las escaleras del segundo piso para terminar de revisar el área y anunció con voz firme a todo el pasillo:

​—¡Atención, chicos! El compañero que tienen sentados a su lado será su pareja asignada para las actividades y con la que tienen que volver en el autobús para que nadie se pierda. De todas maneras, yo estaré tomando lista en cada parada.

​Ambos nos quedamos en silencio tras el aviso de la profesora. Me puse a pensar que el viaje iba a ser un completo suplicio lleno de incomodidad, pero para mi sorpresa, el hielo se rompió rápido. Empezamos a hablar de cualquier tontería, de las clases, de lo pesados que se ponían los profesores, y entre charla y charla, el cansancio acumulado de la semana me pasó factura. Poco a poco, el parpadeo de mis ojos se hizo más pesado hasta que me quedé profundamente dormida.

​La perspectiva de Santiago

​Mientras el autobús avanzaba por la carretera rumbo a la playa, miré de reojo hacia el lado y me di cuenta de cómo a Alexandra se le iban cerrando los ojitos poco a poco. Su cabeza comenzó a dar pequeños tirones de un lado a otro debido al movimiento del vehículo, buscando un lugar cómodo donde recostarse.

​Sin pensarlo mucho para no despertarla, con extrema suavidad extendí el brazo y acomodé su cabeza para que se recostara directamente sobre mi hombro. Al sentirla ahí, tan tranquila, una sensación cálida me recorrió el pecho y decidí quedarme completamente quieto todo el trayecto para no incomodarla, disfrutando del sonido del camino y de su compañía.

​Llegada a la playa y competencias

​Horas más tarde, el autobús por fin llegó a la soleada costa. El ambiente era vibrante, con el sonido de las olas de fondo y la brisa marina golpeándonos el rostro. Tras instalarnos rápidamente en el hotel asignado por los profesores, todos bajamos a la arena para dar inicio a las actividades recreativas y competencias deportivas organizadas para el grupo.

​Como era de esperarse, Vanessa y Oswaldo hicieron de las suyas otra vez. Entre risas cómplices y susurros de estrategia, se encargaron de manipular los sorteos de los equipos para que Alexandra y Santiago terminaran exactamente en el mismo bando en las dinámicas de playa.

​Las pruebas comenzaron entre gritos de ánimo y caídas graciosas en la arena. Hubo carreras de relevos, juegos de fuerza y competencias de resistencia física bajo el sol del mediodía. Y es ahí donde Santiago, fiel a su costumbre y aprovechando que era una de las estrellas del equipo de natación del instituto, demostró unas habilidades impresionantes en el agua cuando tocó el turno de los juegos en la orilla del mar.

​Alexandra, que estaba en su equipo, no pudo evitar quedarse viéndolo con admiración mientras él se movía con total soltura entre las olas, guiando a nuestro grupo hacia la victoria en cada prueba acuática. Entre salpicaduras, bromas pesadas de Oswaldo y momentos de complicidad inesperados bajo el sol, la tensión y los malentendidos del pasado empezaron a disiparse, dejando paso a una química innegable que ninguno de los dos se atrevía a admitir en voz alta todavía

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