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BUSCA MI FELICIDAD

BUSCA MI FELICIDAD

Status: En proceso
Genre:ABO
Popularitas:616
Nilai: 5
nombre de autor: Tumiult

Paulo Withmore aprendió muy joven que el amor hay que ganárselo con silencio, con trabajo, con nunca pedir de más.
Siendo muy joven se casó con su mejor amigo de toda la vida, convencido de que por fin había encontrado un hogar propio.
Pero algunas promesas se rompen en silencio y duelen tanto que sientes morir.
Esta es la historia de todo lo que alguien tuvo que perder para finalmente encontrarse a sí mismo y su felicidad.

NovelToon tiene autorización de Tumiult para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

13

Lucas cumplió cinco años sabiendo leer casi tan bien como un niño de siete, algo que Paulo atribuía en secreto a las noches enteras que pasaban juntos con un libro abierto entre los dos, señalando palabras hasta que el niño empezó a reconocerlas por su cuenta, orgulloso cada vez que lograba leer una frase completa sin ayuda.

—"El... perro... corre" —leyó una noche, con el dedo siguiendo cada palabra despacio, y levantó la vista hacia Paulo con una sonrisa que le ocupaba toda la cara—. ¡Lo leí solo!

—Lo leíste solo. —Paulo le revolvió el cabello, sintiendo ese orgullo que todavía, después de cinco años, lo tomaba por sorpresa cada vez—. Muy pronto vas a leer libros enteros sin que nadie te ayude.

—¿Como los tuyos?

—Como los míos.

Lucas se acurrucó contra su costado, ya con los párpados pesados de sueño, y Paulo siguió leyendo el resto del cuento en voz baja, sintiendo la respiración del niño hacerse más lenta contra su brazo hasta quedarse completamente dormido antes de llegar al final de la historia.

...***************...

Henry viajaba más ahora, algo que Paulo había dejado de contar con precisión en algún momento del último año, sin que la ausencia le pesara de forma consciente todavía, más bien acomodándose a ella como quien se acostumbra al ritmo de cualquier vida ajetreada. Cuando Henry estaba en casa, lo estaba por completo, las tardes de fin de semana en el parque, las cenas donde escuchaba con atención genuina cada anécdota del día, esa forma suya de acostarse en el piso con Lucas para armar rompecabezas que terminaban desparramados por toda la sala.

—Papá viaja mucho —comentó Lucas una noche, sin ninguna acusación real en la voz, más como una observación simple hecha en voz alta.

—Es su trabajo, cariño, ayuda a empresas grandes.

—¿Y cuándo vuelve esta vez?

—El jueves. Ya casi.

Lucas asintió, conforme con la respuesta, y volvió a concentrarse en el dibujo que estaba haciendo, sin que la ausencia de Henry le pesara demasiado más allá de esa pregunta casual. Paulo, en cambio, se quedó un momento más con la frase dándole vueltas por dentro, sin saber bien por qué le costaba tanto sacudírsela.

Cuando Henry volvía de esos viajes, siempre llegaba con algo pequeño para Lucas; un imán con la forma de algún monumento, una postal, alguna golosina que no se conseguía en la ciudad. Y con esa energía particular de quien extrañó de verdad, abrazaba a los dos con una fuerza que dejaba claro cuánto había pesado la distancia también para él.

Durante los viajes, llamaba casi todas las noches, aunque la diferencia de horario a veces complicaba encontrar el momento justo. Una de esas noches, con Lucas ya dormido y Paulo sentado solo en la cama con el teléfono pegado a la oreja, la conversación se estiró más de lo habitual, ninguno de los dos con ganas real de colgar primero.

—¿Cómo estuvo el día? —preguntó Henry, con el cansancio audible en la voz a pesar de la diferencia horaria que probablemente lo tenía despierto mucho más tarde de lo que le convenía.

—Tranquilo. Lucas terminó otro libro solo, está insufrible de orgulloso.

—Insufrible como su padre, entonces.

—Insufrible como los dos padres, en realidad.

Henry se rió, ese sonido cansado pero genuino que a Paulo siempre lograba sacarle una sonrisa incluso a través del teléfono. —Te extraño. La cama se siente enorme sin ti.

—Faltan solo tres días más.

—Se sienten como treinta.

Paulo se quedó callado un momento, con esa sensación conocida de cariño mezclado con un cansancio que no terminaba de nombrar del todo, escuchando la respiración de Henry al otro lado de la línea, hasta que finalmente se despidieron con la promesa de hablar al día siguiente, dejando el teléfono a un lado con esa quietud particular de las noches donde falta alguien en la cama.

—Te extrañé muchísimo —le decía a Paulo, ya de noche, con Lucas dormido en su cuarto—. Cada vez que estoy allá, pienso todo el tiempo en ustedes dos.

—Nosotros también te extrañamos.

—¿Estás bien con esto? Con que viaje tanto, digo. —Henry se sentó frente a él en la cama, con una preocupación genuina asomándose por primera vez en mucho tiempo—. Puedo hablar con la firma, pedir menos viajes, si esto se está volviendo mucho.

Paulo lo pensó un momento, buscando la respuesta honesta entre la ligera incomodidad que llevaba semanas sin nombrar del todo. —No sé. A veces sí pesa. Pero también sé que esto es importante para ti, y no quiero pedirte que renuncies a algo que te hace feliz solo porque yo extraño tenerte cerca.

—Podemos encontrar un mejor balance.

—Podemos intentarlo, sí.

Se quedaron un momento en silencio, con Henry tomándole la mano sin decir nada más, y Paulo, aunque la incomodidad no desaparecía del todo, decidió, como tantas otras veces, confiar en que las cosas se iban a acomodar solas con el tiempo.

...***************...

Fue un domingo cualquiera, con Henry todavía de viaje y Lucas jugando en la alfombra de la sala con un montón de bloques de madera, cuando Paulo se sorprendió a sí mismo pensando, por primera vez de forma consciente, en la posibilidad de diseñar un a temporada completa algún día. La idea le llegó sin ningún aviso, mientras observaba distraído los bocetos que había estado dibujando esa mañana solo por gusto, sin ningún encargo específico de Octavio detrás.

—Papá, mira lo que construí. —Lucas le mostró una torre desigual de bloques que amenazaba con caerse con cualquier movimiento brusco—. Es un castillo.

—Es un castillo hermoso.

—¿Puedo poner uno más arriba?

—Inténtalo, pero con cuidado.

Lucas colocó el bloque con una lengua asomada entre los labios de puro esfuerzo concentrado, y la torre se sostuvo, apenas, arrancándole un grito de victoria que resonó por todo el departamento.

—¡Papá, mira, no se cayó!

—Te felicito, arquitecto. —Paulo se acercó a examinar la construcción con toda la seriedad que el momento merecía—. Es una obra de ingeniería impresionante.

Lucas se infló de orgullo, ya buscando el siguiente bloque para seguir subiendo la torre cada vez más precaria, y Paulo, observándolo trabajar con esa concentración absoluta, se preguntó, sin ninguna prisa por responderse todavía, si algún día él también construiría algo propio desde cero, con su nombre puesto encima, en vez de seguir siempre construyendo dentro de los cimientos que otro había levantado primero. Dejó la idea guardada por ahora, en algún rincón tranquilo de la cabeza, para pensarla con más calma después, cuando Lucas no necesitara toda su atención puesta en la construcción precaria de un castillo de madera que ya empezaba, otra vez, a tambalearse peligrosamente.

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