A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están
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Capítulo 12: Primer acercamiento
Valentina respiró hondo antes de tocar la puerta.
—Adelante.
Empujó la puerta con cuidado y entró a la amplia oficina.
Alessandro levantó la vista de unos documentos y, al verla, se puso de pie.
—Buenos días, Valentina.
—Buenos días, señor de luca
Él señaló la silla frente a su escritorio.
—Por favor, toma asiento.
Ella obedeció sin decir una palabra.
Por unos segundos, el silencio llenó la oficina.
Alessandro cerró la carpeta que tenía abierta y la miró con tranquilidad.
—Antes de hablar del contrato, quiero pedirte disculpas.
Valentina levantó ligeramente las cejas.
No esperaba escuchar eso.
—Creo que nuestro primer encuentro no fue el mejor. Ambos estuvimos a la defensiva y las cosas terminaron de una manera incómoda.
Ella permaneció en silencio.
—Reconozco que fui un poco arrogante contigo.
Valentina sonrió apenas.
—¿Un poco?
Alessandro soltó una pequeña risa.
—Está bien... bastante arrogante.
Ella no pudo evitar sonreír.
Era la primera vez que lo veía reír de esa forma.
—Yo tampoco reaccioné de la mejor manera.
—Entonces podríamos decir que empezamos con el pie izquierdo.
—Supongo que sí.
Alessandro extendió la mano sobre el escritorio.
—¿Empezamos de nuevo?
Valentina observó su mano durante unos segundos.
Finalmente la estrechó.
—Empecemos de nuevo.
Apenas sus manos se tocaron, Alessandro sintió algo extraño.
No era deseo.
Era curiosidad.
Una sensación que hacía mucho tiempo no experimentaba.
Ella retiró la mano rápidamente.
—Ahora sí... ¿de qué quería hablarme?
Alessandro tomó una carpeta.
—Marco me comentó que ya terminaste las pruebas y revisé personalmente tus fotografías.
Abrió la carpeta y la giró hacia ella.
—Tengo que admitir que superaste mis expectativas.
Valentina bajó la mirada hacia las imágenes.
—Gracias.
—La campaña de verano como bien ya lo sabes será muy importante para la empresa y como ya lo sabes que tú seas la imagen principal.
Si señor ya estaba al tanto.
—¿si felicitaciones
—gracias .
—No pensé que todo pasara tan rápido.
—Cuando alguien tiene talento, no vale la pena hacerlo esperar.
Ella sonrió con emoción.
—Muchas gracias por confiar en mí.
—Ahora viene la parte seria.
Alessandro sacó varios documentos.
—Aquí está tu contrato. Tendrás un salario fijo, además de bonificaciones por campañas, sesiones fotográficas y eventos. También contarás con capacitación constante.
Valentina comenzó a leer cada hoja con atención.
No firmó de inmediato.
Revisó cada cláusula con calma.
Ese detalle llamó la atención de Alessandro.
La mayoría de las modelos apenas hojeaban los documentos antes de firmar.
Ella, en cambio, analizaba todo.
—¿Hay algún problema? —preguntó él.
—No. Solo me gusta leer antes de firmar cualquier cosa.
Alessandro sonrió.
—Eso habla muy bien de ti.
Después de unos minutos, Valentina tomó el bolígrafo.
Firmó cada página.
Cuando terminó, Alessandro hizo lo mismo.
—Bienvenida oficialmente a la agencia.
Ella sonrió con ilusión.
—Gracias.
Se puso de pie para marcharse.
Pero antes de llegar a la puerta, Alessandro volvió a hablar.
—Valentina.
Ella se giró.
—¿Sí?
—Quería invitarte a almorzar uno de estos días.
Como bienvenida.
Valentina lo miró fijamente.
—¿Una invitación del jefe?
—Digamos que sí.
Ella sonrió con educación.
—Le agradezco mucho la invitación, pero prefiero mantener las cosas profesionales.
El rechazo tomó por sorpresa a Alessandro.
nunca una mujer rechazaba una invitación suya con tanta naturalidad.
—Entiendo.
—Espero que no se lo tome a mal.
—No, para nada.
Ella sonrió una última vez.
—Con permiso.
—Que tengas una buena tarde.
Cuando la puerta se cerró, Alessandro permaneció inmóvil.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—Interesante...
En ese momento, Marco entró sin tocar.
—¿Y bien?
Alessandro levantó la vista.
—Firmó el contrato.
—Eso ya lo sabía. Quiero saber lo otro.
—La invité a almorzar.
Marco sonrió.
—¿Y?
—Me dijo que no.
Marco soltó una carcajada tan fuerte que tuvo que apoyarse en la pared.
—¡No puedo creerlo!
Alessandro negó con la cabeza, divertido.
—Ni yo.
—Creo que acabas de encontrar a la primera mujer que no cae rendida a tus pies.
Alessandro cruzó los brazos.
—Esto apenas comienza.
Marco sonrió con picardía.
—Eso mismo dijiste cuando hicimos la apuesta.
no respondí en el fondo tenia miedo de no lograrlo .
Alessandro seguía de pie junto a la ventana, observando el estudio de fotografía a través del cristal. Desde allí podía verla conversar con el equipo de maquillaje mientras revisaban el vestuario de la campaña de verano.
Sin darse cuenta, volvió a sonreír.
No entendía por qué aquella joven despertaba tanta curiosidad en él.
No era solo su belleza.
Había algo en su carácter que la hacía diferente.
No intentaba llamar su atención.
No buscaba impresionarlo.
Y, sobre todo, era la primera mujer que rechazaba una invitación suya con total naturalidad.
Aquello era nuevo para él.
—Entre más difícil sea... más interesante se vuelve —murmuró para sí mismo.
Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos.
—Adelante.
La puerta se abrió y apareció Laura con una gran sonrisa.
Llevaba un elegante vestido ajustado, el cabello perfectamente peinado y un perfume que inundó la oficina apenas entró.
—Hola, bello.
Alessandro levantó la vista.
—Hola, Laura.
Ella cerró la puerta detrás de sí y caminó con seguridad hasta quedar frente al escritorio.
Laura apoyó ambas manos sobre el escritorio y lo miró fijamente.
—¿Qué te parece si hoy salimos a cenar?
Alessandro negó con una pequeña sonrisa.
—Hoy no puedo. Tengo demasiado trabajo.
Laura hizo un pequeño puchero.
—Entonces mañana.
—No puedo prometer nada.
—¿Y pasado mañana?
Alessandro soltó una risa.
—Te aviso cuando tenga un espacio libre.
Laura resopló con fingida molestia antes de sentarse sin pedir permiso.
—Sigues siendo imposible.
—Y tú sigues siendo igual de insistente.
Ella sonrió con picardía.
—Si no insistiera, nunca habría salido contigo.
Alessandro negó con la cabeza divertido.
—Eso también es cierto.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
Laura cruzó las piernas con elegancia y comenzó a jugar distraídamente con un mechón de cabello.
Después lo observó con atención.
—¿Todavía sigues con aquella novia tan... intensa que tenías?
Alessandro frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué preguntas eso?
Laura dejó escapar una pequeña risa irónica.
—Porque tiempo atrás después que te fuiste de viaje recibí una llamada bastante desagradable.
Él arqueó una ceja.
—¿De quién?
—De Bianca.
El rostro de Alessandro cambió por completo.
—¿Estás hablando en serio?
—Completamente.
Él permaneció inmóvil.
—¿Cómo consiguió tu número?
Laura se encogió de hombros.
—No tengo idea.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Lo único que sé es que me llamó para insultarme.
Alessandro seguía escuchándola con atención.
—Me dijo que me alejara de ti.
Laura soltó una risa sin humor.
—Según ella, eras de su propiedad.
Alessandro negó lentamente con la cabeza.
No podía creer lo que estaba escuchando.
—También dijo que, si volvía a acercarme a ti, haría todo lo posible por destruir mi carrera.
La oficina quedó completamente en silencio.
Alessandro pasó una mano por su rostro.
—¿Por qué nunca me dijiste nada?
Laura suspiró.
—Porque tú estabas fuera del país.
—Aun así...
—No quería molestarte.
Lo miró directamente a los ojos.
—y aller que nos vimos se me pasó contarte, hoy me acordé porque ya salieron en unas páginas unas fotos nuestras de anoche y hay me acordé de esa llamada aquella vez
Alessandro seguía sorprendido.
Conocía el carácter fuerte de Bianca.
Sabía que era una mujer celosa.
Pero jamás imaginó que llegaría al punto de llamar a otra mujer para amenazarla.
—Lo siento, Laura.
Ella sonrió con tranquilidad.
—No tienes por qué disculparte. Al final no pasó de unas cuantas palabras.
Alessandro bajó la mirada unos segundos.
—Aun así debí enterarme.
Laura observó el enorme anillo que brillaba en la mano izquierda de Alessandro.
Después sonrió con cierta nostalgia.
—Entonces... ¿sigues con ella?
Él levantó nuevamente la vista.
—Sí.
—¿De verdad piensas casarte?
—Sí.
—¿Cuándo?
—Dentro de cuatro meses.
Laura guardó silencio.
No esperaba aquella respuesta tan directa.
Aunque hacía tiempo sabía que Alessandro era un hombre difícil de atrapar, una parte de ella siempre había pensado que tarde o temprano él terminaría cansándose de Bianca.
Pero eso no había ocurrido.
Al contrario.
La boda estaba cada vez más cerca.
—Vaya...
Alessandro sonrió con tranquilidad.
—Así es.
Laura negó lentamente con la cabeza.
—Qué lástima.
Él levantó una ceja.
—¿Lástima?
—Sí.
Sonrió con picardía.
—Milán y Colombia perderá al soltero más cotizado de la ciudad.
Alessandro soltó una carcajada.
—Eso dicen.
Laura lo observó unos segundos.
—¿Y estás completamente seguro de lo que vas a hacer?
Él respondió sin dudar.
—Sí.
—¿No tienes miedo?
Alessandro respiró hondo.
—Todos tienen miedo antes de casarse.
—No me refiero a eso.
Laura apoyó los codos sobre el escritorio.
—Me refiero a Bianca.
Alessandro permaneció unos segundos en silencio.
Sabía perfectamente a qué se refería.
Bianca podía ser cariñosa y apasionada.
Pero también era impulsiva, posesiva y extremadamente celosa.
Había escenas que prefería olvidar.
Discusiones sin sentido.
Llamadas constantes.
Reclamos por cualquier mujer que simplemente se acercara a saludarlo.
Aun así...
Ya había tomado una decisión.
O al menos eso intentaba convencerse.
—Todo matrimonio tiene dificultades —respondió finalmente.
Laura lo miró con una mezcla de duda y resignación.
—Espero que tengas razón.
Alessandro sonrió.
—La tengo.
Ella se levantó del asiento.
—Bueno... ya no te quito más tiempo.
Caminó hacia la puerta, pero antes de salir volvió a girarse.
—Solo quiero darte un consejo.
—Te escucho.
—No ignores las señales cuando aparecen.
Alessandro sostuvo su mirada.
—Lo pensaré.
Laura sonrió con amabilidad.
—Cuídate, Alessandro.
—Tú también.
Cuando la puerta volvió a cerrarse, el silencio regresó a la oficina.
Alessandro permaneció varios minutos inmóvil.
Las palabras de Laura seguían dando vueltas en su cabeza.
Bianca jamás le había mencionado aquella llamada.
¿Por qué la ocultó?
¿Realmente había amenazado a Laura?
No quería creerlo.
Sin embargo, conocía demasiado bien el temperamento de su prometida.
Se acercó nuevamente a la ventana.
en el estudio principal, el equipo preparaba la siguiente sesión fotográfica.
Valentina reía junto a las maquilladoras mientras el fotógrafo organizaba las luces.
Se veía relajada.
Natural.
Sin fingir.
Alessandro sonrió apenas.
Era extraño.
En cuestión de horas aquella joven había logrado despertar emociones que llevaba mucho tiempo sin sentir.
Curiosidad.
Intriga.
Y unas inexplicables ganas de conocerla mejor.
Sacudió la cabeza intentando apartar aquellos pensamientos.
No podía permitirse distraerse.
a demás solo se quería acercar para ganar la apuesta, a el nada le quedaba grande y Valentina no iba a ser la excepción
Sin embargo, una pequeña voz en su interior le repetía que aquella historia apenas estaba comenzando.
Y, por primera vez en muchos años, Alessandro no tenía idea de cómo terminaría.