Verónica se casó enamorada. No imaginaba la pesadilla qué sería ese matrimonio. Después de años de maltratos toma una decisión qué cambiará su destino.
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Capítulo 11
No doy crédito a lo que mis ojos ven: Rodrigo cruzando la puerta del hospital.
- ¿Cómo diablos se enteró?- mascullo entre dientes.
- Seguro alguno de los vecinos le informó- asegura Pamela.
El infeliz camina directamente hacia nosotras y la furia dentro de mí va en aumento.
- ¿Qué le sucedió a mi mujer y por qué no me informaste, Sofía?
- ¡Eres un maldito, Rodrigo! ¿Todavía tienes el descaro de preguntar qué le sucedió? ¡La golpeaste, infeliz! ¡ESO SUCEDIÓ!
- Sofía, cálmate- me dice Pamela- Pueden llamar a seguridad y Verónica nos necesita.
- No sé de qué demonios hablas, Sofía. Lo qué le haya sucedido a Verónica no es mi responsabilidad.
De pronto, el doctor Ocampo está frente a nosotros.
- Su esposa llegó aquí en muy malas condiciones. Mi obligación es dar parte a las autoridades y le tomarán declaración en cuánto salga de cirugía y se recupere de la anestesia. Mientras tanto, le pido qué se retire.
- ¡Usted no es nadie para exigirme qué me marche! ¡Verónica es mi esposa! Y mucho menos puede acusarme de algo qué no hice.
- Las lesiones qué presenta la señora Verónica coinciden con violencia doméstica y será ella quien corrobore el hecho.
- No me voy y hágale cómo quiera.
- Ya di indicaciones para qué no pueda ingresar a la habitación que le será asignada. No podrá acercarse a ella hasta qué se aclare lo sucedido.
Rodrigo lanza improperios al aire, se da media vuelta y camina a la salida.
- ¿Cómo está mi amiga, doctor?
- Entró a cirugía hace media hora. Había qué atender la fractura de nariz y de la cueca orbital. Las lesiones en sus muñecas ya fueron atendidas.
- Gracias, doctor.
- Le pido qué en cuanto su amiga despierte, se cerciore de qué va a dar continuidad a la denuncia por violencia doméstica. Temo qué sí no lo hace, la próxima vez no podamos hacer nada.
- Estoy consciente de ello, doctor y haré hasta lo imposible para qué le dé seguimiento y ese infeliz reciba su castigo.
El médico se limita a asentir antes de dar media vuelta y volver a Urgencias. Me ha dado la impresión de genuina preocupación, algo más allá de su labor cómo médico. O quizá estoy imaginando cosas.
Un par de horas transcurren y por fin, Verónica ha salido de cirugía. El doctor Ocampo nos dice qué ha salido bien y se recupera favorablemente de la anestesia.
Soy la primera en entrar a verla y me impresiona de sobre manera el estado en el que se encuentra.
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La desesperación se apodera de mí, ya no le encuentro sentido a seguir viviendo. Es claro que Rodrigo no piensa volver, seguramente a esta hora ya está muy lejos de aquí y mis hijas están con él.
Camino hasta el cuarto de baño, abro las llaves para llenar la tina con agua caliente. Una vez llena, cierro las llaves, me miro al espejo por última vez
No reconozco a la mujer del reflejo, esa no puedo ser yo. ¿En qué momento me convertí en esto? Soy un despojo humano. Un motivo para más para ponerle fin a este sufrimiento.
Me siento furiosa conmigo misma por haber permitido ser tratada de la manera en qué lo he sido los últimos años. Tomo mi cepillo del cabello y lo lanzo contra el espejo.
Este se rompe en mil pedazos, tomo uno de ellos, y me meto en la tina. Una vez ahí, no lo pienso dos veces, corto mis muñecas.
La sangre comienza a brotar y a teñir el agua de rojo, poco a poco comienzo a sentirme somnolienta. Me recuesto y cierro los ojos. Pasan por mi mente las imágenes de mis hijas.
Desde el día de su nacimiento, hasta hoy. No soy un buen ejemplo para ellas, estarán mejor sin mí. Lágrimas corren por mis mejillas y en cuestión de minutos pierdo la consciencia.
Decido dejar de luchar, mi trabajo está hecho, solo resta esperar. Dejo de sentir, mi respiración es cada vez más lenta, al igual qué el latido de mi corazón.
Escucho una voz lejana pronunciar mi nombre, alguien toca mi mano. No comprendo, los muertos no sienten. Intento abrir los ojos, pero me es difícil. Lo consigo, me cuesta adaptarme a la luz.
- Vero, amiga.
Es la voz de Sofía, la miro sorprendida. No debería de seguir en este mundo. Levanto mis manos y veo mis muñecas vendadas. No puedo hacer nada bien. ¡Sigo viva! ¡Soy una inútil!
- ¿Por qué me trajeron aquí? ¡Debieron dejarme morir!- grito y me arranco el suero, también intento quitarme las vendas
- ¡Detente, Verónica! ¡Ayuda, por favor!
De inmediato ingresan dos enfermeras, me inmovilizan y me administran un medicamento para sedarme.
No sé cuanto tiempo pasa, hasta qué vuelvo a despertar. Descubro qué estoy atada a la cama y Sofía sigue aquí.
- Vero, por favor, no te alteres. Todo va a estar bien, lo prometo.
- Nada va a estar bien. Rodrigo se llevó a las niñas lejos- digo sollozando.
- Rodrigo sigue en la ciudad y seguramente, las niñas también.
- ¿De verdad? ¿Cómo lo sabes?
- El muy cínico se presentó aquí hace unas horas. Necesitas levantar la denuncia en su contra. Pamela va a ayudarte con el divorcio y tú te vas a recuperar.
Comienzo a llorar, mi llanto es desgarrador, mi amiga me reconforta, me asegura qué van a ayudarme. El doctor Ocampo entra en la habitación, me cuesta mirarlo a los ojos.
- Señora Verónica, ¿se siente mejor? Me gustaría quitarle esas correas, pero no quiero arriesgarme a qué intente hacerse daño otra vez.
- Le prometo qué no lo haré, doctor. Sé qué necesito ayuda y estoy dispuesta a recibirla.
- Me alegra escuchar eso. Como parte del protocolo en estos casos, será usted canalizada con un psiquiatra. Le aseguro qué va a ser de mucha ayuda. También debe ratificar la denuncia.
- Lo haré, doctor, pierda cuidado.
- Pasaré más tarde a revisarla, intente descansar.
Me quedo en silencio, sé qué será difícil luchar legalmente contra Rodrigo, pero he tocado fondo y no pienso rendirme.
Ella dice q no sabe hacer nada, claro q sabe, llevar una casa, calarse las malcriadeces, los desplantes de un enfermo, claro q sabes y puedes