Luciana Sandoval dio sus ojos para que Kael no perdiera el trono el reino y este prometió amarla. Pero, con la llegada de Eloisa al palacio, la vida de Luciana cambia y Kael siempre esta de lado de Eloisa.
Y lo peor de todo, es cuando Luciana, es abandonada en el bosque por Kael despues de ser inculpada por Eloisa y encuentra su final al caer por un acantilado, pero, no todo acaba ahí, porque, otra alma posee el cuerpo de Luciana y aunque no pueda ver, logra salir del bosque, siendo salvada por una bruja quien la lleva a la mansión del rey Vampiro, Ceres Valentine, el cual, siente una curiosidad por Luciana, al notar que su ceguera, no la vuelve una mujer débil, y justo por esto, le propone casarse con él, así, su abuela no lo seguirá presionando y él, la ayudará a obtener la venganza que ella busca en nombre de la verdadera Luciana.
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Capitulo 20- mi reina...
La investigación no llegó a nada, ya que no encontraron el veneno en ningún lado, o al menos eso se dijo. Ceres, solo pidió que se difundiera que no hubo avances, para bajar la guardia de aquella mujer. Y por otro lado, el marqués Duval había llegado al ala de la abuela reina, reclamando la cancelación del compromiso que habían pactado.
—es una falta de respeto, ¿donde queda el honor de mi familia?, mi hija ha sido humillada.— grita molesto.
—el rey actuó de manera impulsiva, y se ha unido a su esposa por medio de un pacto de sangre. Usted sabe que no se puede romper.— responde la anciana.
—¿que?, esto es inaceptable...¿como quedo yo ante todos?, me han humillado.—
El hombre estaba furioso, porque ya la mayoría sabía que la noche de la fiesta se anunciaría el compromiso de su hija con el rey, y ahora, el rey ha llegado con una mujer desconocida con quien ha hecho un pacto de sangre.
—encontraré un nuevo compromiso. Su hija podría casarse en una alianza política, tengo buena amistad con la reina madre de Jhillen, el príncipe heredero aun no tiene pareja.— se defiende la abuela reina.
—¿casarse con un elfo?, jamás...mi familia por generaciones hemos mantenido nuestro linaje vampirico, mi hija no se mezclara con otra especie.— niega el marques.
—entonces con el heredero de una familia ligada a la realeza aquí en Rose, hay jóvenes herederos solteros.— insiste la anciana.
—es humillante su majestad...además escuche cosas sobre esa mujer...es ciega y ya había tenido un compromiso antes...— reclama de nuevo el marqués.
—entienda marqués...no puedo hacer nada...el pacto de sangre no se puede romper...y la esposa de Ceres, es, la hija del duque Sandoval.— menciona la abuela reina.
El marqués se sobresalta, no esperaba que esa misteriosa esposa resultará tener un estatus mas alto que el suyo y que además su padre fuera alguien con influencias en varios reinos. Al ya no poder nada, tuvo que retirarse furioso.
Mientras camina a su carruaje, es alcanzado por Eloisa, quien se cubre con una capucha.
—mi lord, escuche lo de su hija...ha sido humillada por culpa de esa mujer sucia.— murmura Eloisa.
—¿y tú quien eres?, que le importa a una plebeya lo de mi hija...— responde el marqués.
Eloisa aprieta las manos en su vestido al escuchar al hombre llamarla plebeya. Pero, intenta calmarse.
—el pacto de sangre...si uno muere se rompe...aunque la pareja sufriría dolor, no importa, mientras se rompa...— le informa.
—¿esta sugiriendo que mate a la esposa del rey?— pregunta molesto.
—los accidentes pasan, mi lord, y su hija...tendrá su oportunidad.— sonríe con malicia.
Eloisa hace una reverencia y se marcha. Mientras que el marqués se queda pensativo.
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En la alcoba de Ceres, este acaba de llegar y se encontró con Kael, el licantropo le advirtió que Luciana lo amaba a él, que debería dejarla ir, para que volviera con él a Holwin. Kael se negaba a creer que Luciana no lo haya amado, esta seguro que solo lo dijo por despecho. Ceres, al entrar a la alcoba, vio a Luciana en el balcón, bajo la lluvia, ya que, esa noche, había empezado una tormenta.
—el ambiente en Rose es frío, si sigues bajo la lluvia enfermeras.— le advierte Ceres.
Luciana se da la vuelta y camina dentro de la habitación. Ceres se acerca y la envuelve con una toalla grande.
—estas helada, ven, debes bañarte con agua caliente.— la sostiene de los hombros.
—su majestad esta preocupado por mi salud...— menciona en tono burlón.
—por supuesto, no quiero quedar viudo...apenas llevamos un par de semanas casados.— se queja el albino.
—entonces...será mejor que me ayude con la ducha...— sonríe ladina.
Ceres gustoso carga a la pelirroja hacía el baño...
En cuestión de segundos, las ropas quedaron en el piso del baño, mientras que, detrás de las cortinas, Luciana apoya las manos contra la pared, mientras el albino le sostiene la cadera, moviéndose contra ella, disfrutando de su interior cálido y húmedo que lo hace estremecer en cada estocada. Luciana no se guarda sus jadeos, demostrando que disfrutaba aquel momento con el rey vampiro penetrando su cuerpo con rudeza. Apenas podía mantenerse de pie, en cada estocada, ya que, el estremecer le hacía temblar las piernas.
Ceres desliza sus manos hasta los sen*s de la joven y los aprieta amasando cada unos, y sus labios besan el hombro y nuca de su esposa, hasta alcanzar su oreja dejando una suave mordida en el lóbulo.
—manzanita...¿que me has hecho?, desde la primera noche me he vuelto adicto a ti...no puedo soportar una noche sin hacerme mía...— habla entre jadeos.
Y es que, desde la noche de bodas, no hay noche que no hagan, Ceres era demasiado intenso, y Luciana disfrutaba que lo fuese. Luciana no responde a sus palabras, aunque si frunció el ceño tras las vendas al escuchar el apodo que le ha puesto el vampiro.
Ceres no dejaba de moverse, apretando sus sen*s con cierta desesperación, mientras ella mantiene las manos contra la pared. Ceres sigue besando su nuca, y desliza sus labios a su hombro donde, da una mordida lo suficientemente fuerte como para que sus comillos se claven en su piel, sintiendo el sabor de la sangre en su boca. Luciana se estremece ante esto, aunque había dolor, el placer también había aumentado, sintió un calor recorrer su hombro cuando Ceres dejo de beber y su leng*a paso sobre la herida.
Tras esto, Ceres continua con lo suyo, hundiéndose en la pelirroja una y otra vez, deleitándose con los jadeos de su esposa, hasta que, alcanzan el primer clím*x de la noche.
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Por otro lado, el marqués Duval, se había quedado pensando en lo que aquella mujer le dijo. Y es que deshacerse de la esposa del rey le podría dar de nuevo la ventaja de entrar a la familia real por medio del matrimonio de su hija, pero, matar a la esposa de Ceres sería arriesgado, y no es que antes no haya hecho asesinar a alguien, el problema era qué, si Ceres realmente le tiene apreció a esa mujer, entonces este moverá a sus mejores guardias para investigar quien es el culpable.
—padre...has vuelto, ¿que paso?, van a sacar a esa mujer del palacio?— pregunta Celia.
—no...hay un pacto de sangre en ese matrimonio y la reina teme ofenderla porque esa ciega es hija del duque Sandoval.— responde el marqués.
–¿que?, ¿como puede esa maldita zorra hija de un hombre importante?, ¿no te habrán mentido?— insiste Celia.
—tendré que investigarlo. Por ahora, mantente al margen, voy a solucionar esto.— le advierte.
—si padre...— respondió Celia, pero, aun así no se sentía segura de poder aguantar. Quería deshacerse de inmediato de la supuesta esposa de Ceres.
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La noche del evento finalmente había llegado, y la abuela reina seguía molesta, aunque Luciana sea la hija del Duque Sandoval, siente que no es la adecuada para ser la esposa de su nieto, en especial por su condición. Pero, con el pacto de sangre, es imposible separarlos, o casi imposible, pero, recurrir a un asesinato, es algo que la anciana no haría.
La abuela reina estaba sentada en su asiento asignado cerca del trono, donde Ceres ya ocupaba su lugar como el rey. Los invitados se acercaban a saludarlo conforme iban llegando, y después saludaban a la anciana. El marqués Duval también llegó, acompañado de su esposa e hija, y las miradas se fueron a ellos, debido a que, hasta hace poco, la marquesa presumía que se anunciaría el compromiso de su hija con el rey esa noche.
Y ahora, los tres tenían que aguantarse los murmullos en su contra. Aun así pasaron ante al rey para saludar, y Celia, al levantar la mirada, le sonrió con coquetería a Ceres, pero este solo desvío la mirada.
Con la mayoría de invitados presentes, Kael y Eloisan también habían llegado, y desde donde estaban, no pudo evitar quedarse encantada con el rey vampiro, era mucho más atractivo que Kael, y con una posición más estable. Sería perfecto si logra seducirlo, solo necesita esperar a que el marqués Duval actúe y quite del camino a Luciana.
Kael por su parte, buscaba a Luciana, y esta no tardo en llegar, entrando por la puerta principal. Todos los presentes fijaron su atención en ella, y es que, aunque se supiera que estaba ciega, eso no evitaba que la pelirroja luciera hermosa e imponente mientras caminaba con pasos firmes hacía el trono.
Ceres se puso de pie y bajo los escalones al verla llegar y se acerco tomando su mano.
—estimados invitados, primero, agradezco que me acompañen esta noche para celebrar mi cumpleaños.— lleva su mano al pecho y hace una leve inclinación con la cabeza.— segundo...les presento formalmente a Luciana Sandoval, mi esposa, mi reina...
Y aunque algunos ya habían escuchado de la mujer que trajo el rey, que este la presentará, solo hacía mas real el hecho de que ya la estaba nombrando reina. Guardián del templo vampirico, entro por la puerta, siendo seguido por varios de sus asistentes, quienes cargaban en una almohada elegante la corona de la reina.
La abuela reina se sorprendió al ver traer la corona, nunca imaginó que su nieto le daría la corona en plena fiesta. El guardián subió hacía el trono y tomo la corona, Luciana se inclina y la corona fue colocada en su cabeza.
—saludos a su majestad la reina.— hizo una reverencia el guardián.
Y todos los presentes tuvieron que hacer lo mismo, saludando a Luciana en unísono. Eloisa y Kael, eran los únicos que estaban pasmados ante esto. Kael reaccionó y estaba por dirigirse hacía Luciana, pero Elias le detuvo.
—si arruina esto, arruina la buena relación entre Rose y Holwin.— le advierte.
Eloisa le sostiene el brazo a Kael.
—Kael...ella ya eligió...nunca te amo de verdad...debes aceptarlo...ella no es una buena mujer...— le advierte Eloisa.
Elias rodo los ojos con fastidio, solo ese estúpido rey licantropo no se daba cuenta de los desagradable que era Eloisa.
—hágale caso a su amante...¿con que cara va y reclama?, mirese, con esa amante suya colgada de su brazo.— se burla Elias.
—no soy una amante...no sabes nada...Kael solo me cuida...— se defiende Eloisa.
—si claro, y yo soy un tritón.— responde Elias.
Kael quería en verdad ir a reclamar, pero, Elias tenía razón, porque si causa problemas, su madre también estará furiosa.
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