🎄 El esposo que apareció en invierno
Una joven de 18 años es abandonada por el amor de su vida justo cuando descubre que está embarazada de cuatrillizos. Sin familia, sin apoyo y completamente rota, termina viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida… hasta que el destino interviene.
Una noche fría de invierno, es encontrada desmayada en la calle con fuertes dolores por un hombre desconocido que decide ayudarla y llevarla al hospital. Allí, un malentendido con los medios los obliga a fingir ser esposos para evitar el escándalo. Lo que comienza como una mentira por necesidad, se convierte en un matrimonio real.
Él, un hombre que siempre soñó con ser padre pero que fue herido por una relación pasada, decide aceptar a la joven y a sus cuatrillizos como su familia. Les da su apellido, los protege y los presenta ante su propia familia en plena Navidad, como su esposa y sus hijos.
Entre momentos de dolor, protecció.
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Capitulo 22: La amenaza en la oscuridad
La llamada terminó.
Pero Adrián permaneció inmóvil durante varios segundos.
Las palabras del investigador seguían resonando en su mente.
"Dejen de buscar el medallón."
Aquello ya no era un simple misterio familiar.
Alguien estaba observándolos.
Alguien sabía exactamente lo que estaban investigando.
Y estaba dispuesto a actuar para detenerlos.
—¿Qué ocurre?
Preguntó Lucía al verlo tan serio.
Adrián guardó silencio unos segundos.
No quería preocuparla.
Pero tampoco podía mentirle.
—Entraron a la finca.
Confesó.
Lucía abrió los ojos.
—¿Qué?
—Robaron documentos.
Y dejaron una advertencia.
El rostro de Lucía perdió el color.
—¿Una advertencia?
Adrián asintió.
—Alguien quiere que abandonemos la búsqueda.
A la mañana siguiente toda la familia se reunió nuevamente.
Ricardo escuchó cada detalle.
Sin interrumpir.
Sin mover un músculo.
Cuando Adrián terminó de hablar, el anciano golpeó suavemente la mesa con los dedos.
Un gesto que todos conocían.
Significaba que estaba pensando.
Y eso rara vez era una buena señal.
—Esto confirma algo.
Dijo finalmente.
—¿Qué?
Preguntó Alejandro.
—El medallón existe.
El silencio llenó el comedor.
—¿Por qué estás tan seguro?
Preguntó Victoria.
Ricardo sostuvo la mirada de todos.
—Porque nadie roba documentos por algo que no existe.
Nadie pudo discutir aquella lógica.
Esteban también parecía preocupado.
—Mi abuelo siempre decía que algún día alguien intentaría impedir que la verdad saliera a la luz.
—¿Quién?
Preguntó Isabella.
—Nunca lo supo.
Respondió Esteban.
—Pero estaba convencido de que la persona que robó la fortuna también dejó descendientes.
Aquellas palabras hicieron que todos intercambiaran miradas.
Porque significaban algo aterrador.
La disputa podía llevar más de cien años activa.
Mientras los adultos hablaban, los cuatrillizos dormían tranquilamente.
Ajenos a todo.
Mateo bostezaba.
Gabriel abrazaba una manta.
Sofía sonreía dormida.
Y Valentina parecía completamente cómoda ocupando más espacio del necesario.
Lucía los observó.
Y sintió miedo.
No por ella.
Por ellos.
Más tarde, cuando estuvieron solos en el jardín, Lucía habló con Adrián.
—Prométeme algo.
Dijo.
—¿Qué?
—Que no vas a ponerte en peligro.
Adrián sonrió suavemente.
—Intentaré no hacerlo.
—Adrián.
—Lo prometo.
Ella parecía poco convencida.
Pero decidió creerle.
Aquella misma tarde llegó una nueva noticia.
Los investigadores habían encontrado algo oculto dentro de uno de los libros antiguos.
Un mapa.
Pequeño.
Envejecido.
Y lleno de símbolos extraños.
Adrián lo observó atentamente.
—¿Qué significa?
Preguntó.
—Todavía no lo sabemos.
Respondió el investigador.
—Pero creemos que señala una ubicación.
Ricardo observó el mapa.
Y algo llamó su atención.
Un símbolo.
Una marca grabada en una esquina.
Muy parecida a otra que había visto antes.
Hace muchos años.
—No puede ser.
Murmuró.
Todos lo miraron.
—¿Qué ocurre?
Preguntó Alejandro.
Ricardo levantó la vista lentamente.
—Creo que sé dónde está ese lugar.
El silencio fue absoluto.
—¿Lo sabes?
Preguntó Adrián.
—Sí.
Respondió Ricardo.
—Cuando era niño, mi abuelo me habló de una vieja propiedad familiar en las montañas.
Un lugar abandonado.
Olvidado por todos.
O al menos eso creíamos.
La emoción comenzó a crecer.
Porque si Ricardo tenía razón...
aquella ubicación podía estar relacionada con el medallón.
Y con la fortuna desaparecida.
Esa noche comenzaron a organizar el viaje.
Adrián iría.
Alejandro también.
Y para sorpresa de todos...
Esteban insistió en acompañarlos.
—Esta historia también es parte de mi familia.
Dijo.
Ricardo terminó aceptándolo.
Sin embargo, nadie notó algo importante.
Desde el exterior de la mansión.
Un automóvil oscuro permanecía estacionado.
Oculto entre los árboles.
Observando.
Esperando.
Dentro del vehículo había un hombre.
Y una fotografía.
La fotografía de Adrián.
La fotografía de Lucía.
Y otra de los cuatrillizos.
El hombre guardó las imágenes.
Y sonrió.
—Ya encontraron el mapa.
Murmuró.
—Justo como esperaba.
Mientras tanto, dentro de la mansión, Lucía acomodaba a los bebés para dormir.
Les dio un beso a cada uno.
Como hacía todas las noches.
Y después observó por la ventana.
Sin saber por qué.
Una sensación extraña recorría su cuerpo.
Como un presentimiento.
Como si algo importante estuviera a punto de suceder.
Y tenía razón.
Porque el viaje a las montañas no solo revelaría un secreto.
También despertaría un peligro que llevaba décadas oculto.