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Cuestiones Del Corazón

Cuestiones Del Corazón

Status: Terminada
Genre:Venganza / Amor-odio / CEO / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Ester Villaseñor es una joven soñadora, llena de ilusiones y protegida por el poder de su familia. Pero su mundo perfecto se desmorona cuando se cruza en el camino de Vincent Vane, un hombre enigmático consumido por el dolor y la sed de venganza. Diez años atrás, un trágico accidente le arrebató al amor de su vida... y el culpable lleva el mismo apellido que Ester. Decidido a hacer pagar a la familia del responsable, Vincent utilizará a Ester como la pieza clave de su cobro. Lo que ninguno anticipó es que, en medio del odio y el engaño, nacerá una atracción prohibida que amenazará con destruirlos a ambos.

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Capítulo XII Sacrificio

La lluvia que había comenzado durante el entierro de Ester no cedió en todo el día. El agua golpeaba con furia las ventanas de la diminuta habitación de Samanta, el único refugio que quedaba en pie en medio de la tormenta que había arrasado con la familia Villaseñor.

En la pequeña sala, la penumbra solo era interrumpida por la luz de una lámpara de pie.

Samanta regresó de la cocina sosteniendo dos tazas de té caliente. Tenía los ojos hinchados por el llanto incesante y el cuerpo rendido por el agotamiento emocional de los últimos días.

Al ver a Ismael de pie junto a la ventana, contemplando la calle con la mirada perdida y la mandíbula apretada, sintió una punzada de compasión. A pesar de la ruina y la muerte de Ester, ella estaba dispuesta a sostenerlo, a ser su columna vertebral y reconstruir una vida juntos desde la nada.

—Ismael... tómate esto, por favor —murmuró Samanta con suavidad, acercándose a él y extendiéndole la taza—. Necesitas descansar. No has probado bocado desde ayer.

Ismael no tomó la taza. Se giró despacio, revelando una expresión dura, distante y extrañamente fría. La vulnerabilidad y el llanto desgarrador que había mostrado horas atrás en el cementerio habían desaparecido, reemplazados por una máscara de ambición desesperada.

—Tenemos que hablar, Samanta —dijo él con la voz seca, sin un solo matiz de calidez.

Samanta frunció el ceño, dejando la taza sobre la mesa auxiliar. Un mal presagio le oprimió el pecho.

—¿Hablar de qué? Si es por la empresa o la casa, podemos resolverlo juntos. Sé que las cosas están difíciles, pero yo tengo mis ahorros y...

—Esto no se trata de tus ahorros —la interrumpió Ismael con brusquedad, levantando una mano para silenciarla—. Se trata de mi apellido y del futuro de esta familia. No voy a quedarme en la miseria, Samanta. No voy a permitir que Vincet Vane se ría de mí viendo cómo me hundo en la pobreza mientras él se queda con todo.

—¿Y qué pretendes hacer, Ismael? —preguntó ella, sintiendo que el aire comenzaba a faltarle—. Tu familia perdió las acciones, la mansión está embargada...

—Tengo una vía de escape —soltó Ismael, clavando sus ojos en los de ella sin un solo atisbo de duda—. La familia De la Vega. Hablé con Don Roberto esta tarde, justo después del funeral. Están dispuestos a inyectar el capital necesario para salvar lo que queda de nuestras firmas y limpiar nuestro nombre en la alta sociedad.

Samanta parpadeó, confundida por la rapidez con la que Ismael coordinaba negocios en medio del luto de su hermana.

—¿A cambio de qué? —susurró ella, intuyendo la respuesta.

—A cambio de una alianza matrimonial —sentenció Ismael con una frialdad matemática—. Me voy a casar con Valeria De la Vega. Todo está pactado. Los abogados ya están redactando los acuerdos y el compromiso se anunciará la próxima semana.

El silencio que siguió a sus palabras fue como un golpe seco en el estómago de Samanta. Retrocedió un paso, mirando a Ismael como si fuera un desconocido.

—¿Qué estás diciendo...? —su voz se quebró en un hilo imperceptible—. ¿Te vas a casar con otra mujer por dinero? ¿Por estatus?

—No es solo dinero, Samanta, ¡es mi vida! ¡Es la dignidad de mi padre y el honor de mi apellido! —rugió Ismael, justificándose con vehemencia mientras avanzaba hacia ella—. No puedo permitirme el lujo de estar con alguien que no tenga una posición social o financiera que aportarle a mi apellido en este momento. Por eso... lo nuestro se acabó. Tenemos que terminar aquí.

Las lágrimas, que Samanta creyó haber agotado en la tumba de Ester, volvieron a brotar de golpe, abrasándole las mejillas. El dolor de la traición la atravesó con la misma crueldad que había presenciado en su amiga días atrás.

—¿Poco importa todo lo que vivimos? —preguntó Samanta con el pecho agitado por la indignación y el desconsuelo—. ¿No te importa que estuve a tu lado cuando nadie más estaba? ¡Tu hermana acaba de morir, Ismael! ¡Apenas la enterramos hoy! ¿Y tu única preocupación es venderte al mejor postor para seguir aparentando una riqueza que ya no tienes?

—¡No lo entiendes! —escupió Ismael, cerrando los puños con rabia—. ¡Ester murió por culpa de la debilidad! ¡Por dejarse llevar por cuentos de amor absurdos con el enemigo! Yo no voy a cometer el mismo error. Yo voy a recuperar lo que es mío, cueste lo que cueste.

—Eres un miserable... —susurró Samanta, sintiendo un profundo asco ante la frialdad del hombre que alguna vez amo—. Eres exactamente igual de hueco y podrido que la alta sociedad de la que tanto te jactas. Ester no murió por debilidad, murió rodeada de monstruos como Vincet Vane... y como tú.

—Mide tus palabras, Samanta —advirtió Ismael con la mirada oscurecida por la soberbia.

—No tengo nada más que decirte —dijo ella, secándose las lágrimas con la manga de su suéter y erguiendose con una dignidad inquebrantable—. Vete de mi casa. Ahora mismo.

Ismael la observó por un segundo, esperando verla suplicar o ceder, pero solo encontró en la mirada de Samanta un desprecio absoluto. Sin añadir una sola palabra, tomó su abrigo, caminó hacia la salida y cerró la puerta de un portazo que retumbó en la soledad del apartamento.

Al quedarse sola, Samanta se dejó caer de rodillas sobre la alfombra, abrazándose a sí misma mientras el llanto la ahogaba. Había perdido a su mejor amiga y, ahora, el hombre al que amaba le había destrozado el corazón por pura ambición.

Miró a su alrededor. La ciudad se parecía un lugar hostil, un foso de serpientes donde la lealtad y el amor verdadero eran pisoteados sin piedad. Comprendió que no le quedaba nada por qué luchar en ese lugar. Con las manos temblorosas pero impulsada por una determinación firme, Samanta se puso de pie, sacó una maleta del armario y comenzó a guardar sus pertenencias.

Esa misma noche, bajo el manto de la lluvia y con el corazón hecho pedazos, Samanta abandonó la ciudad para no volver jamás, dejando atrás las ruinas de los Villaseñor y el eco de una tragedia que jamás podría olvidar.

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Maria Mongelos
Ester debe sanar su corazón y darse otra oportunidad con Vincent
Maria Mongelos
Miranda, elegiste el bando equivocado y te va a costar muy caro
valeska garay campos
🤬🤬🤬🤬
ANALIA ✨🌹🍀
woww que capitulo tan intenso 👏👏👏 felicidades escritora !!!!
Maria Mongelos
Gracias querida escritora 💕
Maria Mongelos
Sigue soñando Mirando, Vincet no se va a dejar tan fácil más ahora que apareció Iker
Maria Mongelos
Vincent, deberías de ser más pillo, Iker no estas euro con los cuervos que tienes como tío y primo
Maria Mongelos
Griten, lloren, saquen todo lo que tienen adentro pero Iker ya decidió por ustedes, él quiere a su papá
Maria Mongelos
Vincent, no tienes derecho a reclamarle nada. tu sólito la destruiste, ahora a ver como resuelves esto
Maria Mongelos
Vincent, no tienes derecho a reclamarle nada. tu sólito la destruiste, ahora a ver como resuelves esto
Maria Mongelos
Vas a llegar tarde Ester porque Iker ya estación su papá. Me encanta😍
Maria Mongelos
Iker es mi idolo💕
Maria Mongelos
Seguramente fué el tío o el primo y el6culpando a los Villaseñor
Maria Mongelos
Te dije Vincent que ibas a sufrir, bien merecido lo tienes
Maria Mongelos
Ojalá Vincent e Ismael se enteren pronto qué son padres
Maria Mongelos
Samantha con la hija de Ismael y Ester con un hijo de Vincent, esto está buenísimo
Maria Mongelos
Me encanta, ya quiero saber co.o termina esta guerra
Maria Mongelos
Como que el padre la ayudó? Fué todo un teatro? El viejo siempre supo que estaba viva
Maria Mongelos
Siii!!! Eso, Ester, volviste para darle su merecido.
Dale con todo por idiota
Maria Mongelos
Quien será esta mujer? No quiero hacerme ilusiones
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